jueves 5 de noviembre de 2009

La tristeza no es negocio / Manual para canallas

La tristeza no es negocio






Pura mierda en MTV. La tristeza no es, nunca ha sido, un buen negocio. Caminamos sin avanzar, sin mapa y sin saber navegar. Otra mañana fría, otro día mezquino que se niega a regalar sonrisas, otro jueves cobarde diría Iván Noble
Más impuestos en el costal y tú apenas completas para la renta. En la tevé, un presidente sin autoridad anuncia nuevas medidas para enfrentar la crisis y el gordo de Hacienda luce tan sano que es difícil pensar que se vienen tiempos flacos. En la cocina escasean los víveres, se amontonan los trastes sucios y se amotinan los nervios de una madre estresada por otra semana que luce raquítica. En la sala descansa la rutina, convertida en huésped incómodo desde hace años y no tiene para cuando irse. En el baño, la cortina acumula humedad y una gotera en la regadera anuncia tormentas que no calmarán ningún fuego. Y el padre, el hijo y el espíritu santo sólo son un cuadro de poliéster que nunca oye nuestros ruegos. Y tu madre reza, no, más bien suplica para que se vaya esa sensación de angustia, la maldita migraña, todos sus miedos. Tu pobre madre, antes guapa y hoy convertida en esa señora que usa pants hasta para ir a las juntas de la escuela. Y tú con tanta confusión, queriendo vivir otra vida, soñando que un buen día la fortuna te hará un guiño y te olvidarás de la miseria. Pero no, con sólo mirar tus pies volverás a las realidad: los tenis están tan desteñidos como tus ilusiones. Que alguien te compre una guía para sobrevivir a los tiempos de incertidumbre, a los jueves cobardes, a los domingos cretinos, a los lunes de weba, a los sábados sin besos.
-O-
Cómo quisieras encontrar ese mapa que te guíe en tus noches de dudas, que te saque adelante en esos malos ratos en que sólo quieres saltar desde la azotea y cerrar los ojos luego de maldecir a los dioses por esta confusión que siempre duerme contigo. No, la tristeza no es buen negocio. El pesimismo tampoco. En caso contrario, en este país no habría vagabundos. Vienen malos tiempos, anuncia el preciso, y sus amigos empresarios se frotan las manos porque un país empobrecido es ignorante y la ignorancia genera mano de obra barata. Y para colmo, tu padre está considerando seriamente que dejes la escuela para que le ayudes en el taller. O tu madre te mira con esa mirada que parece de rencor aunque sólo es frustración. Pinche vida que te tocó vivir. Será mejor que te apliques, que te inventes un plan de fuga a largo plazo para un buen día pintarle un dedo a la miseria. Habría que mandar al presidente y a su gabinete a Siberia un buen rato, mientras le devolvemos un poco de dignidad al pueblo. Vale madres, ya estoy desvariando. Pinches jueves cretinos, malditos miércoles en vela que me generan ideas estúpidas que sólo atienden los locos, los más insanos que yo. Dónde está el subcomandante, qué fue de aquel intento de revolución, a qué olvido exiliamos a los que murieron en el intento. Pinches jueves de resaca, jodidos viernes de quincena, malditos sábados de futbol, podridos martes de TV Notas, miserables miércoles de tianguis. Malditas semanas que se acumulan en este inventario de crisis.
-O-
La desesperación se sienta a la mesa a comer huevos revueltos cuatro veces a la semana. Tu celular no tiene crédito, en la tele no dejan de contar chistes patéticos y las noticias dan miedo. En la esquina conviven violencia y una juventud sin aliento. Pesan tanto las alas, ya no alcanza con soñar para lograr volar. Siempre sientes que te quedan grandes los guantes de box y también la camiseta de campeón. Más valdría tomar un libro, luego otro, en busca de la sabiduría que te impulse a nuevos mundos. Valdría la pena hurgar en el coraje que te salve de acabar atado a un barrio lleno de madres solteras y adolescentes reggaetoñeros y sicarios en potencia. Y no, no es un videojuego como Grand Theft Auto, en el que eres invencible. Tú si eres vulnerable. Más valdría aferrarse a la escuela, buscar la beca, aplicar la inteligencia para armar esa bomba de tiempo que borre del mapa tus miedos, tus inseguridades. Este país se está yendo a la mierda y no habrá revolución ni redentores. Este país es un desierto que arde y, como dicta un poeta libertario, “los pobres ya se cansaron de ser pobres,/ los ricos juegan a las cartas y apuestan nuestro futuro,/ mientras un policía acribilla a un niño en el crucero./ Un día llegará en que un Dios implacable/ los señalará con su dedo de fuego./ Y celebraremos en las calles, codo a codo/ danzando alrededor del incendio/ con sonrisas como promesas y el decálogo para un mundo nuevo”.
Roberto G.Castañeda
Manual para canallas
El Gráfico

jueves 29 de octubre de 2009

Sutura para sueños rotos / Manual para canallas

Sutura para sueños rotos




Aquella vecindad apestaba. Literalmente, apestaba: vivíamos junto a un río inmundo y lleno de deshechos industriales. Y encima de todo, las ratas eran habituales visitantes. No tengo fobias, ni temores, pero las ratas siempre me han provocado náuseas


Aún así, nunca tuve problemas en eliminarlas a resorterazos o arrinconarlas con una escoba en la esquina. Bueno, el asunto es que mi jefa se esforzaba por sacarnos adelante en la medida de sus alcances. Sola y con cuatro hijos, que además eran tremendos, Alicia tenía que lidiar con caseros que nos corrían a la menor provocación, ya porque “sus hijos dejaron escapar a los conejos”, ya debido a que sus “escuincles le pegan al mío” y demás etcéteras. Éramos miserables y además lo parecíamos: pantalones remendados, tenis rotos y camisas regaladas por los primos más favorecidos. En el límite de la desesperación, mi madre aceptó un trabajo como afanadora o auxiliar de intendencia como le llamaban decentemente. Y desde entonces, mi jefa se partió el lomo barriendo salones y lavando baños inmundos. Ella siempre fue una mujer que no tuvo escapatoria. De pronto mi padre la abandonó y fue enviada a un puto purgatorio que nunca había imaginado, pero en lugar de darse por vencida o envenenarnos con raticida, optó por demostrarse que si se había metido en ese laberinto al menos tendría el coraje para conducirnos hacia la salida. Yo tendría unos nueve años cuando nos mudamos a una vecindad más decente, en el centro de un pueblo con pretensiones de ciudad llamado Atizapán. Para completar la renta, Alicia vendía quesadillas y sopes en la entrada del vecindario, junto a una pulquería. Sí, Alicia en el país de las quesadillas. Chale, eso qué. Pinche chiste local y mamerto. Mi madre recuerda que nos iba bien, que gracias a ello no tuvimos que dejar la escuela. Pero también mi jefa dejó media vida en el intento por darnos al menos una existencia llevadera. Yo iba por el carbón y los refrescos, mi hermano cortaba el papel estraza en cuadritos, mi carnalita se comía la masa cruda, mi otra hermana aprendía a guisar junto a mi madre. Y todos empezamos, sin saberlo, una empresa familiar que nos sacaría a flote. Alicia era tan buena para cocinar que eso le abrió muchas puertas. Lo mismo hacía 200 tamales para la señora de la tienda, que preparaba 150 chiles en nogada para la directora de la escuela. Un buen día llegó con dos noticias: la buena, que hay que hacer 400 tortas diarias; la mala, que les toca a ustedes hacerlas. Y así dio un giro nuestra vida. En las mañanas teníamos que hacer 200 tortas para venderlas a la hora del recreo en la secundaria 8. Y en la tarde una cantidad similar. No era gran ciencia, pero sí muy laborioso. Había que cocinar los frijoles desde una noche antes, teníamos que ir por las teleras a las 6 de la mañana y picar la lechuga y elegir los jitomates en su punto. Cómo hacíamos para estudiar y atender el negocio, eso es algo que aún no alcanzó a entender. Sólo sé que mi madre se las ingeniaba para que todo funcionara a la perfección.


-O-

Luego entré a la secundaria y, debo confesarlo, me avergonzaba que mis compañeros me vieran cargando mis costales de pan mientras iba de regreso a casa. A la hora del receso me tocaba vender las tortas en la cooperativa. Y pasé de ser el chico listo de mi clase a llamarme Señor Turtle. Así me puso el más “ocurrente” de mi clase, aunque tuvo que explicar el chiste: “Mister Turtle, el Señor Tortuga, lo entienden, porque es el que hace las tortugas, las tortas pues” y se reía como un tonto. Sentí ganas de lanzarme sobre él y estrellarle la cara, con todo y gafas, sobre la pared. Pero yo era un chamaco muy decente o muy puto. Así que no me quedó más que amortiguar el peso de mi nuevo apodo. Y durante tres años fui Mister Turtle. Claro que también fui bueno para el futbol y malo para sociabilizar. Tenía poco tiempo para hacer lo que hacían todos los chavos de mi edad. En lugar de ir a pedir calaverita, con mi calabaza iluminada con velas, tenía que encender el anafre. En vez de coleccionar estampitas de luchadores, debía ir a comprar la masa para los sopes. De chicas ya ni hablamos, porque más tardaba en invitar un helado a mi vecina que en escuchar los gritos de mi madre para que fuera a ayudarle a mi hermana a hacer la tarea. Por ser el mayor, me tocaron los peores regaños, los golpes más fuertes, las responsabilidades para las que no parecía preparado. Yo hubiera querido ser portero profesional y tenía el talento. Eso me decía mi entrenador, tal vez porque le simpatizaba o quizá porque en verdad era bueno. Pero el día de la final, cuando se elegiría a los seleccionados del estado de México, no pude ir a porterear porque mi madre se cayó de las escaleras, se desmayó y se rompió la pierna. Me bajaron del camión para explicarme que había sucedido un accidente. Mi madre fue llevada de emergencia a un hospital y tardó unas dos horas en cirugía. Se recuperó pronto de la herida, pero le quedó una ligera, apenas perceptible, cojera. A mí siempre me atacó la duda sobre si aquel partido de futbol pudo haberme cambiado el rumbo. El destino suele ser un bufón, que se ríe a nuestras costillas. Y la pierna de mi madre acortó sus pasos. Y yo tuve que suturar mis sueños de ser futbolista profesional. Siempre que lo platicamos, mi jefa me recuerda que está más orgullosa de mí por haber terminado la universidad. “No me hubiera gustado ser como la mamá de Cuauhtémoc Blanco, que se la pasa peleando con las nueras”, bromea Alicia y se ríe con esa risa franca que siempre me ha iluminado. Chales, jefa, me cai que me hubieras heredado tu alegría. Y no estaría todo el tiempo sintiéndome un miserable, como ese chavito que fui algún día y que no recorrió el barrio pidiendo para su calaverita. En verdad que mi madre es todo un caso, una mujer hecha de otra madera, que escondía sus lágrimas para no entristecernos. Sí, mi madre es esa señora que remendó mis alas rotas, que nunca me dio un abrazo pero que me miraba con ternura mientras yo dormía. Sí, mi madre es un monumento a la dignidad, como la tuya, como la señora que lava ajeno, igual que aquella vecina que vende pambazos en la esquina. Lo único malo, sin reclamos, es que me heredó esta mirada furtiva, llena de tristezas y que inunda en época de lluvias.


Roberto G. Castañeda
Manual para canallas


El Gráfico


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jueves 22 de octubre de 2009

Manual para canallas / La silueta inconclusa de tu sombra

La silueta inconclusa de tu sombra






El espejo le devolvió la seguridad. Aún así, Sofía me preguntó si la encontraba atractiva. “Sí, eres guapa y lo sabes”, a mí me encantaba, aunque esa costumbre de mostrar el hilo de la tanga sobresaliendo de los jeans me parecía un tanto vulgar
“Oye, ¿no te dije que la hija de mi jefe intentó suicidarse?, giró para mirarme. Sólo alcé los hombros en señal de me-da-lo-mismo. “Siiiii, ¿tú crees? La chavita se dio un balazo en la panza”, siguió mirándose al espejo. “¿Por qué me cuentas eso?”, exhalé, “yo ni conozco a tu jefe y mucho menos a su hija”. Eso llamó su atención y se acercó hacia mí. “Es que, mmm, es que me parece algo, mmmm, terrible”, parecía sorprendida con mi reacción. “A mí lo que me parece terrible es que alguien quiera suicidarse de un balazo en el estómago y no en la cabeza”, expliqué. “No lo sé, pero la chava es anoréxica”, soltó como si eso explicara todo. “Ella sólo quería llamar la atención”, expliqué con desgano. Yo me pregunté mentalmente cómo es que Sofía sabía todo eso. Seguramente se acostaba con su patrón, aunque ella me había dicho que “no es feo, pero está muy grande para mí”. Entre Sofía y yo no había compromisos, ni presiones, ni nada parecido. Lo nuestro era más como una necesidad. Si pasaba por un mal momento me llamaba con el argumento de “invítame a salir, aunque sea al cine”. Y si yo andaba de humor la buscaba para “echar un par de tragos y bailar un poco”. Al final siempre acabábamos en mi departamento y nunca me dijo que me amaba ni yo solté un “te quiero”. Nuestras conversaciones eran básicamente lo que ella contaba: “Mi auto hace un ruido extraño. Creo que es el motor”. Me limitaba a sugerir lo obvio, “yo creo que es hora de llevarlo al mecánico”. Para ella era fácil, como quien dice me cambiaré de ropa, manifestar que “mejor le voy a decir a mi papá que me compre otro”. Y yo odiaba cuando hablaba de la bolsa tan padre que se compró quién sabe en dónde su amiga y que sentía envidia-de-la-buena. “Querida, no existe envidia de la buena. Sólo es envidia y ya”, yo acariciaba su entrepierna. “Ay, me chocas, tú siempre tan así”. Éramos polos opuestos, sólo había deseo y ganas de no estar tan solos por momentos. Ella ya no creía en eso del amor y algún día se casaría con un tipo que fuera del agrado de sus padres, no alguien como yo que, se burlaba Sofía, “todavía sueña con que un día gobierne la izquierda”. Ella me conocía menos de lo que suponía y le intrigaba que yo perdiera el tiempo escribiendo “puras historias tristes y poemas que no entiendo”. ¡Mi vida! Por eso dejamos de vernos, porque ya estábamos distanciados desde el momento en que nos conocimos, en un concierto de James, cantando “Say Something”. Creo que me hace falta volver a dar clases o armar un taller de redacción o algo que me haga olvidar tanto pinche vacío en mi existencia. Cada que escucho a Diego Vasallo, recuerdo las caricias de Sofía, a veces tibias, en ocasiones tan frías; la silueta de su sombra, deslizándose desnuda hasta mi cama: “La música en la calle murió,/ en la ciudad sin ley, en la ciudad del temor./ Los besos ya no son de verdad,/ en la ciudad del crimen ya no existe el amor./ Miénteme con labios de miel,/ miente con cariño a mi piel,/ al entrar, en el negocio de amar”. Sí, en definitiva, volveré a dar clases o impartiré un taller de literatura, con tal de olvidar lo que ya no quiero recordar.
Roberto G. Castañeda
Manual para canallas
El Gráfico
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miércoles 21 de octubre de 2009

El PRIAN y su presidente Felipe Calderón aumentaron impuesto

Mas impuestos para los mexicanos


Tal y como adelantamos en este sitio, a la propuesta del paquete económico de Felipe Calderón los diputados del PAN reflexionaron con su voto emitido por reflejo condicionado, lo aprobaron sin pensar, sin analizar y como en los viejos tiempos del PRI el reflejo condicionado fue su respuesta a la propuesta de Calderón, surgido de ese mismo partido a la presidencia de México “haiga sido como haiga sido”, solo un diputado panista tuvo la decencia al menos de abstenerse a convalidar ese atraco contra los ciudadanos mexicanos, Manuel Clouthier, hijo de aquel celebre panista, viejo opositor al PRI, muerto en extrañas circunstancias, Manuel J. Clouthier.

Nos quisimos ver optimistas a sabiendas de la realidad cuando dijimos que esperaríamos a ver cual era el sentido del voto de los diputados del PRI, el sentido fue el que esperábamos…a favor de la propuesta de Calderón, solo unos cuantos mantuvieron la responsabilidad de votar en concordancia al sentir de las mayorías entre ellos figuran Felipe Solís Acero, Sami David David, Rubén Moreira, Carlos Flores Rico, Miguel Pompa, Esther Scherman entre otros.

PRD, PT y Convergencia votaron en contra de los aumentos.

El paquete de impuestos fue aprobado por 337 votos a favor, 113 en contra y 19 abstenciones.

Aún cuesta entender, ya que comprender sería imposible como los mexicanos carecen de memoria, o de…carácter, en 1995 el PRI con el apoyo del PAN aumentó de el antiguo 10% al 15% reciente el Impuesto al Valor Agregado (IVA), ahora fue la misma gata solo que revolcada de azul…el PAN con el apoyo del PRI sube el IVA del 15% al 16%, aparte 3% a telecomunicaciones esto es telefonía fija, telefonia movil, servicios de Internet, y televisión de pago, aumento a cerveza, cigarros y alcohol, aumento a gasolinas, todo esto para llenar un hueco presupuestal provocado por la crisis económica mundial si, pero agravado por la incompetencia del gobierno mexicano para hacerle frente, principalmente Felipe Calderón y Agustín “catarrito” Carstens, los impuestos y la cascada que generarán golpeará los bolsillos de los mexicanos, principalmente a las clases medias y pobres del país, a los grandes capitales y a los políticos que aprobaron dichos aumentos no les afectara, sus bolsillos no resentirán este ataque a la economía de los mexicanos comunes y corrientes.

Algunas voces de expertos, no de gente de la oposición han opinado al respecto: Robert Engle, premio Nobel de economíaSantiago Levy, vicepresidente de sectores y conocimiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El director de la maestría de Finanzas del Instituto Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México, Juan Luis Sherwell,Pero por supuesto los políticos, los gobernantes del PRIAN nunca escucharan a nadie.

Los políticos del PAN y del PRI confían en la pésima memoria de los mexicanos y en la fuerza de convencimiento de las televisoras para que de aquí a las elecciones del 2012 este agravio quede en el olvido y las muchachitas clasemedieras den su voto al PRI “por que Peña Nieto esta guapo” la gente más humilde cambien su voto por algunos obsequios y los dueños del dinero evadan el pago de impuestos reales desviando ganancias a través de Fundaciones o teletones.

No podemos llamarnos engañados, los que si tenemos un poco de memoria recordaremos que PRI y PAN o PAN y PRI o PRIAN responden a un modelo económico que data de Miguel de la Madrid, que tuvo en Carlos Salinas a su máximo líder y que Zedillo el último priista y Fox y Calderón, panistas, solo han continuado y que finalmente los priistas y sobre todo Salinas pretenden continuar por medio de Enrique Peña Nieto.

La doctrina, el sistema neoliberal está por encima de colores o siglas de partidos, es un proyecto económico pensado en proteger a los grandes capitales y a los políticos financiados por los mismos, es un proyecto que va más allá de colores siglas de partidos e incluso naciones, su inoperancia, su fracaso ya está demostrado a nivel mundial, sus principales promotores ahora reniegan de el, pero la dupla PAN - PRI o PRIAN comandados por Carlos Salinas y la mayoría de los medios de comunicación, principalmente las televisoras sigue en su defensa, por que este modelo, este sistema los ha enriquecido y los mexicanos olvidan y vuelven a votar por ellos.

Se puede tener hambre, perder la vida, la libertad, la fortuna, lo único que un ser humano no puede darse el lujo de perder es la dignidad.

¿Hasta cuando se pensara en la dignidad, hasta cuando se poseerá memoria, hasta cuando mexicanos?