Babylonia Forum • Ver Tema - Erase una vez
Esta es la historia resumida de un país imaginario, de otra dimensión, cualquier semejanza con algún país, personas o acontecimientos conocidos es mera coincidencia
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lunes 5 de marzo de 2012
GRAN ANGULAR / El Coqueto y El Guapo
El Coqueto y El Guapo


El gobernador del estado de México, Eruviel Ávila, y su procurador, Alfredo Castillo, estuvieron sometidos la semana pasada a una muy intensa e inusual presión. De un lado, la de los medios de comunicación que hicieron eco de un gran enojo social. De otro, la del priísmo y su candidato Enrique Peña Nieto, que buscaban blindarse de efectos indeseables para sus aspiraciones electorales. Clamor social y presión política que les exigían la recaptura de un violador y asesino serial de mujeres confeso, que se les escapó en sus narices.
César Armando Librado Legorreta, El Coqueto —acaso por su perversa proclividad a las mujeres, porque llamarlo así no puede tener que ver con su horrible y vulgar apariencia—fue detenido el jueves 23 de febrero pero como la legislación mexiquense no contempla el arraigo, fue puesto en custodia de tres ministeriales en el tercer piso de la Subprocuraduría mexiquense de Tlalnepantla, de donde se fugó la madrugada del lunes 27.
Este individuo había confesado la violación de ocho mujeres y el asesinato de siete de ellas. Su fuga enfureció a la sociedad toda. La indignación creció cuando se supo que el asesino confeso desapareció con tres de los policías ministeriales que lo vigilaban y que sólo uno de ellos había sido capturado. La indignación explotó cuando se supo la poca respuesta y muchos malos tratos que familiares de las víctimas sufrieron al denunciar estos delitos ante la Procuraduría mexiquense.
El problema y sus efectos políticos negativos crecieron y, por momentos, parecía convertirse en un episodio tan lamentable y grotesco como el de la niña Paulette Gebara, reportada como desaparecida el 25 de marzo de 2010 y encontrada muerta, al pie de su cama, cinco días después, explicación inverosímil que costó el puesto al entonces procurador Alberto Bazbaz Sacal (a quien sucedió el entonces subprocurador Castillo) y afectó la credibilidad de quien en ese momento era el gobernador y hoy es candidato presidencial: Enrique Peña Nieto.
En medio de tales presiones y temores de efectos electorales negativos, fue que se intensificó la búsqueda de Librado Legorreta hasta que el sábado 3 de marzo, poco después de las seis de la tarde, el hoy gobernador Eruviel Ávila informó en su cuenta de twitter la recaptura del asesino serial. En la noche, Castillo confirmó la información y explicó que las malas condiciones físicas en que estaba el acusado impedía su presentación, aunque mostró algunas fotos del multihomicida tendido en el suelo y con collarín.
Castillo explicó —ayer— que la fuga ocurrió entre las dos y las tres de la madrugada del lunes 27, que los guardias se quedaron dormidos, que el detenido intentó deslizarse por una ventana, pero que el improvisado cable no lo resistió y cayó casi desde arriba fracturándose un pie, la cadera y la región lumbar de la columna vertebral; que un transeúnte lo llevó con familiares y que éstos lo ocultaron en casa de una tía en Contreras, hasta que, tirado en el piso, fue recapturado.
En una poco frecuente reacción entre políticos, el procurador Castillo ofreció disculpas por la escapatoria y dijo que no era su intención hacer ruido mediático o celebración con algo que es su función sustantiva.
No fue igual, por cierto, el tono asumido por el gobernador Ávila, que no sólo difundió por twitter datos de la captura, sino que subió un video, también en esa red social, en el que recuerda que su gobierno promovió en noviembre pasado una reforma al Código Penal del Estado para castigar a los feminicidas con prisión vitalicia, por lo que pediría esa pena para Librado.
Sonó bien, pero quizás el gobernador sobrerreacionó. Es comprensible que quiera cacarear la solución de un asunto que lo tenía sometido a severas presiones sociales y políticas. Pero empecemos por preguntar: ¿realmente existe el castigo de la prisión vitalicia?
Parece que no. La reforma mexiquense ni siquiera la llama así. Es cierto que la reforma tipifica el feminicidio, igual que en Guerrero, Guanajuato, Morelos, Tamaulipas y DF. El código mexiquense pide para ese delito hasta 70 años de prisión que implica, también es cierto, prisión de por vida pero, insistimos, no se le llama prisión vitalicia. Y en la técnica legal no podría llamársele así, tampoco cadena perpetua, porque nuestras leyes exigen que todos los castigos tengan una definición en tiempo.
De manera que el gobernador Ávila dejó ver por ahí cierta intención de sacarle raja político-electoral a la detención de El Coqueto acaso para favorecer a El Guapo, como algunos llaman a Peña Nieto. Y esto es tan inaceptable como que hayan tenido que pasar ocho violaciones y siete asesinatos de mujeres para que la autoridad haga justicia y aplique el castigo que merece a este violador multihomicida.
Raúl Rodríguez Cortés
Gran Angular
El Gráfico
viernes 2 de marzo de 2012
GRAN ANGULAR / Esta película ya la vi
Esta película ya la vi


Ayer se conocieron resultados de encuestas de intención del voto que muestran datos contradictorios de las preferencias ciudadanas sobre los aspirantes a la Presidencia de la República. La de GEA-ISA, difundida por Milenio, indica que la distancia entre Enrique Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota se cerró a siete puntos. En contraste, la de Parametría, publicada por la Organización Editorial Mexicana, marca una diferencia de 19 puntos y la de IPSOS-BIMSA, transmitida por Radio Fórmula, de 12 puntos. Los resultados de estos dos últimos sondeos son más o menos congruentes con las diferencias de 19 y 21 puntos, respectivamente, que registraron los de Mitofsky y el promedio de los de Excélsior, Reforma y EL UNIVERSAL, publicados en febrero.
La encuesta de GEA-ISA fue, por supuesto, la que más ruido hizo: Peña Nieto 36%, Vázquez Mota 29% y López Obrador 17%. Una disminución tal de la brecha entre punteros vino a apuntalar la lámina con la que Felipe Calderón dijo a banqueros que su candidata ya estaba a sólo cuatro puntos del aspirante priísta y absolutamente consolidada en un segundo lugar, muy adelante del candidato de la izquierda.
¿Cómo entender estas contradicciones en los resultados de las diversas encuestadoras?
Un significado, el más elemental, podría ser que la encuesta refleja la decisión que en ese momento tomaría el votante y que sus opiniones van cambiando a partir del conocimiento de los candidatos, su desempeño y lo que se dice de ellos.
Pero eso da lugar a otro significado: que la gente es sensible a lo que bien o mal intencionadamente se dice de los aspirantes y sus propuestas, y que en función de eso se consiguen variaciones de opinión. Al final del día así es la búsqueda del voto y para eso sirven las campañas y las guerras sucias o de contraste, como eufemísticamente le llaman los estrategas electorales panistas.
Es cierto que al definirse el 5 de febrero pasado la candidatura presidencial panista, Josefina Vázquez Mota tenía que aumentar, como lo hizo, las preferencias electorales que tenía como aspirante de su partido ante candidatos ya definidos por el PRI y la izquierda. Pero si estamos en “veda electoral” y las campañas empiezan hasta finales de este mes, ¿cómo es posible que la panista haya cerrado la brecha en 25 días de más de 20 puntos a cuatro —según la lámina de Calderón— y a siete según la encuesta difundida ayer por GEA-ISA?
Un ajuste igual de sorprendente ocurrió hace seis años de acuerdo con otra encuesta de GEA-ISA, empresa cuyos propietarios y directivos son Jesús Reyes Heroles, ex director de Pemex en el gobierno de Vicente Fox; y Guillermo Valdés Castellanos, ex director del Cisen en este gobierno y actualmente asesor de Calderón.
De manera que en marzo de 2006, GEA-ISA informaba que el entonces candidato presidencial del PAN, Felipe Calderón, remontaba la abismal diferencia que durante meses le llevó AMLO y faltando tres meses para la elección; aquellos números eran: Calderón 36%, López Obrador 34% y Roberto Madrazo 28%.
Por eso le digo que esa película ya la vi. Y por eso comparto con usted, con mucha cautela, lo que me dejan estas contradicciones demoscópicas: que desde ya se trabaja en manipular la percepción del votante sin que ello oculte que Peña baja, Josefina sube y AMLO está quedando lejos en un tercer lugar. Al señalar esto no me sumo a la estrategia promovida por el PAN y el gobierno de que la verdadera disputa electoral será nada más entre el blanquiazul y el PRI. Simplemente, refiero un dato en el que coinciden todas las encuestadoras, prácticamente en los mismos rangos, lo que debe ser un motivo de reflexión y de ajuste para El Peje y sus estrategas.
Instantáneas
1. CONVALECIENTE. El diputado Porfirio Muñoz Ledo fue finalmente operado de una hernia inguinal que le hizo crisis hace un par de semanas en Nuevo León durante un evento de Andrés Manuel López Obrador. El legislador ya está de regreso en su casa de la ciudad de México, donde convalece.
2. NOMBRAMIENTO. El secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, designó a Jaime Alcudia como nuevo coordinador general de Comunicación Social de la dependencia, en donde despacha desde ayer. Alcudia fue un eficiente colaborador en la SEP del maestro Alonso Lujambio.
3. INVITACIÓN. A que me acompañe el domingo a las 10, 13 y 15 horas en las noticias de Foro TV y el lunes a las 6:30 de la mañana en Opus 94 del IMER en el programa Todo se aclara. Ahí nos vemos y nos escuchamos.
Raúl Rodríguez Cortés
Gran Angular
El Gráfico
Objeciones de la Memoria / Celebrar a las mujeres
Celebrar a las mujeres


Desde hace nueve décadas, el 8 de marzo de cada año se celebra en el mundo el Día Internacional de la Mujer para conmemorar, entre otros, los esfuerzos que féminas, hombres y gobiernos han emprendido para alcanzar mayor equidad, igualdad y justicia social entre todos.
Ante la cercanía de la fecha no está de más señalar cómo, pese a todo, las sociedades han ido superando viejos conceptos, como el de la llamada familia nuclear (papá, mamá e hijos) o aquello de que un hogar lo encabeza un jefe de familia proveedor y la esposa que “sólo cuida a los hijos y se encarga de las tareas de la casa”.
Afortunadamente así ha ocurrido en la mayoría de los casos. Hoy muchas mujeres tienen una vida laboral plena, pueden dejar a sus hijos en guarderías, comparten los gastos con su pareja —si la tienen— o asumen solas la responsabilidad de sacar adelante a sus hijos y las exigencias económicas que ello conlleva. De hecho, 25% de los hogares que hoy existen en el DF es encabezado por aquéllas.
Por supuesto que aún quedan “costumbres” de otros tiempos, contrarias a la equidad e igualdad que debe prevalecer en este sentido. Por ello, antes que nada, son las autoridades —federales y locales— las que deben reconocer y aceptar los cambios ocurridos en la relación entre los individuos, especialmente en las familias los últimos 25 años. En caso contrario, difícilmente se podrán construir eficaces políticas en favor de la equidad.
Resultado de muchos esfuerzos compartidos —sociedad y gobiernos—, las mujeres hoy tienen más derechos. Hay mejor equidad aunque ésta no es plena. Las jóvenes gozan de más fuerza, de más libertades, incluso las que son parte de minorías oprimidas, como las sexuales, étnicas o con discapacidad.
Para no perder lo andado, requerimos educación para la democracia al interior de la familia; seguir impulsando políticas que fortalezcan el ingreso familiar por la vía del mercado laboral y por la vía del salario indirecto —el que se desprende de las políticas sociales—, de tal forma que las mujeres y sus familias todas, cuenten con lo necesario para el desarrollo y bienestar armónico e integral de sus integrantes.
No está de más insistir en la necesidad de cambiar viejas concepciones y valores que han dominado nuestra sociedad. Hoy las decisiones en familia deben tomarse entre todos, no sólo por el padre; el trabajo doméstico es de todos, y todos tienen que contribuir en ello; la educación —en la escuela y en casa— tiene que ser sin violencia, entre muchos otros.
Martí Batres Guadarrama
Objeciones de la Memoria
jueves 1 de marzo de 2012
Manual para canallas / Tu antología de adioses
Tu antología de adioses


Aquella mujer sí que sabía ser dramática: una foto hecha trizas en el sillón, los perfumes en el bote de basura. Y sobre la mesa un trozo de papel que sólo decía “por eso canción llévame lejos, dónde nadie de acuerde de mí”. Para redondear la escena, en el estéreo sonaba la misma canción de Babasónicos.
Vale madres, pensé, ya sólo falta que en la pared de la recámara esté grafiteada una frase lapidaria, algo así como “odio tu catálogo de sonrisas”. Bueno, es que alguna vez eso me dijo Ana Luisa: “odio tu catálogo de sonrisas, porque sólo tienes dos en el muestrario. Tu sonrisa de siempre, la de las fotos, y la que te sale natural cuando estás feliz. A mí la única que me gusta es la segunda”. Desde luego, a mí tampoco me agrada mi sonrisa posada porque es tan falsa como las encuestas del partido oficial. Será porque no soy nada fotogénico. Será porque hay pocos motivos para sonreír. Bueno, el caso es que entré a la recámara y no había ninguna posdata pintada con carmín. Ya sé, reflexioné, seguramente me dejó un recado en el baño. Y no me equivoqué: en el espejo sobre el lavabo había una carita triste :-) marcada con lápiz labial. Carajo, esta mujer sí que veía demasiadas telenovelas. Y vaya que le encantaba dejar sus huellas dactilares por todos lados. Meses después de no saber nada de ella, buscando un poema en uno de mis libros encontré una nota: “Recuerdas cuando me leías a Jaime Sabines, mientras me acurrucaba en tu pecho. Sí, en ese mismo sofá donde tantas veces hicimos el amor. Lo extraño tanto. P.D. Si estás leyendo esto es porque ya no estamos juntos”. No cabe duda que hay mujeres que tardan demasiado en despedirse de manera definitiva. No sé qué chingados ganan con esos adioses por episodios. Me cai que sí es herencia de los teledramas. Seguro que de niña leía el Libro Sentimental. Pero yo ya andaba en otra frecuencia, habituado a estar solo. Yo me sentía bastante relajado, sin adecuar mis horarios a las necesidades de una mujer, porque dormía sin sobresaltos y sin la alarma de Joaquín Sabina: “Anoche quiso matarme la mujer de mi vida, apretaba el gatillo... cuando se despertó”. Así que mi tranquilidad no era perturbada por sus posdatas entre los libros, ni por el arete perdido bajo el librero, mucho menos por los cabellos exiliados entre mi guardarropa, como tampoco por los eventuales mensajes en mi Facebook con la “única intención de saludarte, después de tanto tiempo sin saber de ti”. Como si no supiera yo que ella checaba mi Facebook con la frecuencia y ansiedad de una adolescente. Así que dejé de responderle a la tercera o cuarta vez que me bromeó con lo mismo de “tu catálogo de sonrisas no se ha actualizado”. Ah y también odiaba sus despedidas con frases como “espero que ya hayas encontrado a la mujer que te haga sonreír siempre”. Como si esperara que yo le dijera: “Tú eres la única que me hacía sonreír”. Esas son Patrañas. “En eso ando”, respondía, “pero me conformo con un cuerpo que acariciar. Ya sabes cómo soy”. Y sí, efectivamente, remataba con su clásico “eres de lo peor”. Así que preferí ser de lo peor y dejar atrás el pasado, no rascar en el traspatio en busca de huesos para perros necios, así como olvidarme de sus insinuaciones de “cuando tengas ganas de echar chela y platicar, me llamas”. Primero: ella sabe perfectamente que no me gusta la cerveza. Segundo: si quisiera platicar llamaría a mi loquero.
-O-
Ana Luisa parecía una mujer normal, bueno como suelen parecerlo casi todas. Yo me conformaba con que no fuera celosa. Y me gustaba que coincidíamos en la música aunque por ahí tenía uno que otro gusto culpable, como algunas canciones de Camilo Sesto “porque a mi madre le encantaban”, pretextaba. Pero sólo las escuchaba cuando le daba por beber de más y llorar un poco. En eso era muy típica: se emborrachaba y se ponía melancólica. Siempre hablaba de lo mal que su padre trató a su jefa “por pendeja, porque nunca se atrevió a dejarlo”. La clásica historia del padre mujeriego y borracho. “No sabes cuánto sufrió mi jefa cuando él murió. Decía que era el amor de su vida”, me platicaba. Ambos sabíamos que aquello no había sido amor, sino una codependencia extrema. Y también intuíamos que Ana Luisa seguía patrones muy marcados desde su infancia. Por eso bebía tanto, por eso era posesiva, por eso siempre buscaba compensar el afecto que le fue negado desde niña. Y yo tenía la certeza de que guardaba algún secreto que nunca quiso contarme. Tal vez, como en infinidad de hogares, ella fue víctima de abuso infantil. Siempre lo sospeché por la manera tan desesperada en que bebía. “Es que no sabes, en verdad no sabes lo que traigo adentro”, se justificaba cuando yo le decía que no se extralimitara con el alcohol. Siempre estaba buscando fiesta, queriendo sofocar algún infierno, apagar el fuego de un pasado en llamas, pero sucedía lo contrario: terminaba llorando, pidiendo que la abrazara. Y al otro día las excusas frecuentes: “perdóname por los malos ratos. No sé que me pasa”. Era una alma fragmentada. Un alma con resaca. Y con un miedo terrible a estar sola. Siempre me pedía, de distintas maneras, que “no me vayas a dejar, tú no, por favor”. Pero como todas las historias que están construidas como castillos de palillos, terminó por derrumbarse. Lo nuestro era pasajero. Lo sabía ella, lo sabía yo. Y ambos éramos responsables en la misma medida. Yo que tanto rehuyo al compromiso y a las mujeres celosas. Ella que se aferraba a lo imposible y a sus celos estúpidos. Yo que me involucro con mujeres alcohólicas. Ella que necesita un alcohólico a su lado. Yo que soy tan egoísta y con escasas sonrisas. Ella que hablaba hasta por los codos y reía por cualquier tontería. Yo tan marcado por una infancia huérfana de cariño. Ella tan destrozada por la ausencia de un padre afectivo. Yo tan proclive a las mujeres insanas. Ella tan necia de aferrarse a un hombre con escasas sonrisas y demasiados adioses en su antología. Ambos lo sabíamos de antemano: no teníamos futuro y nos quedaríamos con un catálogo de rencores. Tal vez el de ella un poco más variado que el mío. Por eso es que su despedida fue un tanto dramática, propia de una mujer que fue educada por las telenovelas. Y aún sigo encontrando huellas dactilares de su adiós por episodios, entre los libros de poesía, en el guardarropa, entre mis archivos muertos. Pero yo soy un hombre delgado que no flaqueará jamás, como suele decir Enrique Bunbury: “mis deseos no serán sino nidos abandonados/ y son insuficientes las explicaciones que nos han dado... Soy el hombre delgado que no flaqueara jamás.../ siento una simpatía natural y espontánea/ hacia las cosas extraordinarias/ y he debido de estar en este lugar sin darme cuenta”.
Roberto G. Castañeda
Manual para canallas
El Gráfico
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