jueves 4 de febrero de 2010

Rutas que conducen al olvido / Manual para canallas

Rutas que conducen al olvido



Norma Angélica tenía dos nombres, al igual que todos sus hermanos. Maldita tendencia de los padres a caer en cursilerías del tipo “le ponemos el nombre de tu mamá y el de la mía”. Del estúpido orgullo del “que se llame como el abuelo” ya ni hablamos, porque luego el chamaco acaba odiando al mundo por llamarse Artemio o Procopio



Lo peor es cuando los “cosmopolitas” progenitores han visto demasiada televisión y usan “los de moda”, como Brandon Raúl Pérez o Marlon David López y hasta Melanie Shecid García y barbaridades que suenan “bien acá, rifados”. Shiales. Lo bueno es que Thalía es un nombre que ya está fuera de las preferencias, aunque ahora sobran las Belindas. Bueno, pero el caso es que Norma Angélica tenía un nombre que sonaba a telenovela y a mí eso me importaba un bledo. Entonces yo iba en tercero de secundaria y babeaba por la chavita. Yo no sé qué carajos le vi, pero me encantaba. Ni era la más lista, como tampoco la más guapa. En una tardeada, como suelen suceder las “grandes” historias de amor a esa edad, bailamos, nos miramos a los ojos y podría mentir diciendo que un halo de luz se posó sobre nosotros o que sus ojos destellaron estrellas mientras me besaba. Ni madres, a esa edad te mueve la calentura. Acabamos escondidos atrás de un salón, fajando mientras sus amigas nos espiaban. A esa edad, Norma ya tenía las curvas necesarias para llamar la atención, pero a mí lo que más me encantaba era su aroma, porque siempre olía riquísimo, como recién salida del baño. Aún recuerdo el aroma fresco de su abundante cabellera. Ella fue mi primer-gran-amor, que luego se convertiría en la primera-gran-decepción. Siempre pasa. Andaba conmigo, la rolábamos en palomilla y acabó enamorándose de uno de mis amigos, el que tocaba la guitarra y sacaba prestado el coche de su padre. Unos meses después me cortó con el argumento de que su mamá le prohibió andar conmigo porque la distraía de la escuela y tenía que prepararse para el examen de la prepa. Por una amiga, de esas intrigosas que siempre sobran, me enteré que Norma ya era novia de Héctor. Y los odié a ambos. Y en cuanto pude me agarré a madrazos con el traidor. Luego tiré a la basura los regalitos que ella me había dado. Bueno, pero me quedé con los discos de Los Cadillacs, tampoco soy tan estúpido. Y supongo que ella también tiró todas mis cartas y los tontos muñecos de peluche que los cursis siempre obsequiábamos. La última carta me la devolvió y aún la conservo. Eran unas cuantas líneas llenas de amargura y lugares comunes, porque a esa edad uno es demasiado ingenuo o muy pendejo. Obvio, había frases como “nadie sabrá amarte como yo” o jaladas del tipo “ojalá valores los mejores momentos a mi lado”. Cuando no entendió de razones para seguir, sentí que mi vida no tenía sentido, luego siguió el coraje y le dije lo típico. “¡Eres una furcia!”. En realidad le dije otra palabra, pero si la pongo capaz que otra vez me la censuran. Yo no sé por qué recuerdo esas cosas. Bueno, sí lo sé. Siempre que terminas una relación, vuelve a tu mente, como si abrieras un archivo muerto, esa interminable lista de amores fallidos, ese recuento de rutas hacia el olvido.


-O-


Astrid sólo tiene un nombre. Nunca he sabido qué significa. Ni siquiera me preocupa el significado del mío. Mi madre me puso Roberto porque así se llamaba el abuelo. Y uno de mis tíos también heredó el mismo nombre. Así que yo soy algo así como Roberto tercero. Con lo que me importa. Mi tío tiene un trabajo en el que maneja algunos presupuestos y es medio transa, así que es un secreto a grandes voces que le dicen “Robarto”. Qué cagado. “Roberto” también se usa para definir cuando te ofrecen algo a precio de ganga, como los celulares en un tianguis: “Se me hace que es ‘Roberto’”, lo que significa que es robado. Pero me estoy escapando por la tangente. Será que me siento de la chingada porque Astrid ya no está conmigo. O tal vez estoy delirando y escribo pura pendejada. Y es que yo no me las curo con tequila, ni oyendo a José Alfredo ni a Sabina. Yo me las curo escribiendo, maldiciendo todo el tiempo, encerrado en mis silencios tratando de armar poesías. O deletreando la palabra olvido y martirizando a mis bestias internas, mientras me decido a mandar por Hotmail la despedida. “Y ahora te lo digo, es una declaración de principios: Cuando te canses del olvido, cuando comprendas que no puedes vivir sin mis suspiros, busca entre tus fotos y encontrarás la sonrisa de un tipo que supo amarte hasta el delirio. Y si no lo valoraste, si te cupieron dudas que conducen al hastío, entonces trágate hasta mi orgullo. Si te quise tanto y me refugié en tus besos, era para que supieras que nunca en tu vida volverás a sentirte a resguardo. Que mis caricias lejanas sean tu páramo, que mis besos extraviados te sepan a quebranto, que mis manos sabias hurguen en otros sexos mientras tú añoras mis dedos largos. Y la profundidad de mis deseos será proporcional a la vacuidad de tus recuerdos. Muérete de melancolía, que yo me ahogaré entre los senos de una chica que me hará sentir que estoy en armonía. Y si el espejo te devuelve una sonrisa amarga, de esas que se vuelven eternas compañeras, yo estaré esperando el tren que me llevará a otra quimera. Para ese entonces, solicitaré un pasaporte para ese sitio que me hace creer que soy un viajero que siempre pierde el equipaje en la frontera. Y el paisaje será una selva oscura e impostergable en la que conviven mis fuegos y otros incendios”. Posdata: “Eres una furcia”. Hay cosas que no han cambiado. Si pudiera cambiar algo, me pondría otro nombre. Max, creo que me gustaría llamarme Maximiliano.

Roberto G. Castañeda
Manual para canallas


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lunes 1 de febrero de 2010

Lecciones de vida, El Circo de la Mariposa

El Circo de la Mariposa



A veces nos sentimos frustrados, incapaces de lograr salir adelante en las adversidades y renegamos de nuestra mala suerte,del infortunio, renegamos de la vida, el destino, el creador.Pero si nos detenemos un instante y dejamos de quejarnos y empezamos a luchar y a pensar positivo lograremos otra perspectiva de las circunstancias. Podemos hacer dos cosas ver el lado negativo de

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jueves 28 de enero de 2010

Ángeles sin Valium / Manual para canallas

Ángeles sin Valium





Mi maestra de español nunca me puso un diez pero a mí el ocho o el nueve que me daba de calificación me bastaban, porque yo estaba enamorado de su sonrisa, de sus labios de carmín. En cambio, siempre fui malo para las matemáticas, para la física y la química



Nunca se me han dado los números, ni las fórmulas exactas. De hecho, en mi vida no cuadran las cuentas. Fui regular en la escuela, pero las mejores cosas las he aprendido en la vida. Me he graduado con honores en eso de disfrutar cada momento como si fuera el último de mi existencia. He conocido el desamor, he sabido sufrir, me he doctorado en desengaños, pero aún así soy un hombre de fe. He sido bendecido por los dioses, pese a que no les he rendido tributo, ni les he ofrecido un corazón en sacrificio. Simplemente me han iluminado, me han guiado sin reparos. Sin mayor explicación me han dado señales de su existencia. Un buen día amanezco con el destino a mi favor, pierdo el tiempo y entro a una tienda departamental, curioseo un poco. Todo me parece carísimo y qué bueno que olvidé mi tarjeta de crédito. Llego al departamento de vinos y licores mientras una voz amable suena en los altavoces anunciando la promoción de 12 meses sin intereses en el área de electrónica. Vaya, no estaría mal comprar una pantalla de plasma y regalar mi televisor, pienso mientras busco mi ron favorito. Justo estoy recordando el sabor del Appleton State cuando una ligera descarga eléctrica me recorre la espina dorsal y un aroma delicioso entra por mi nariz. Giro la cabeza a la derecha y observo a la mujer más hermosa que mis ojos hayan visto: alta, con las curvas ideales y una cabellera oscura como las noches de delirio. Antes de dar la vuelta en el pasillo, ella voltea a mirarme. El destello de su mirada es promesa de alegrías. Wooow, me quedo inmóvil, tratando de descifrar lo que acaba de suceder. Debo estar loco, reflexiono. Dudo en seguir a esa chica y cuando lo hago es demasiado tarde. Voy al fondo del pasillo y la busco con la mirada, pero no la encuentro. Vaya, ni hablar, sigo en lo mío, pero no puedo quitar esa sonrisa estúpida de mi rostro. Entonces me dirijo a la salida, ya nada me importa, sólo llevo en mi mente aquellos ojos que me miraron como si ya me hubieran acariciado antes. Qué lejos estaba de imaginar que no sería la ultima vez que disfrutaría de esa placer que está reservado para esos locos que aún creen que la pasión es como los perfumes caros: mientras más deliciosa, la prefieres a cuentagotas.

-O-


"Hola, ¿cómo estás?", escribí en el messenger. Eréndira respondió que bien, como casi siempre. Y luego me hizo una pregunta que no esperaba: "¿Qué hiciste hoy a mediodía?". Contesté que había ido de compras, pero que no compré nada. "¿Ah, si, y a dónde?", siguió con el interrogatorio. "Al Palacio de Hierro", fue mi contestación. "¡No manches!, ¿estabas en el área
de vinos?", se sorprendió. Mi afirmación acentuó su sorpresa. "Y percibí una sensación extraña", agregué. "¡Eras tú!", exclamó, "¡yo sentí algo parecido!". Ahora el sorprendido era yo. Eso se llama química, reflexioné. Eren y yo nos conocíamos por internet, yo sabía que trabajaba en una agencia de edecanes para marcas de vino, pero nunca nos habíamos visto. No hasta esa mañana. Y de inmediato supe que de pronto los astros se alinean a tu favor. Fue cuando acordamos que teníamos que conocernos, así que quedamos en almorzar juntos. Eren es hermosa como un poema de Mario Benedetti: encierra sencillez, emociones y un cierto toque de espontaneidad que acaba robándote el corazón. Aunque es dueña de un cuerpo contundente, a mí lo que me encantaba era su esencia. "A mí me volvió loco su forma de ser", como cantan Auténticos Decadentes. Bueno, pero a quién engaño. También me fascinaba su 1.80 de estatura y sus piernas largas y esos labios expertos en tatuar caricias tibias sobre la piel. Acostumbrado a las relaciones tormentosas, siempre creí que ya ninguna mujer me dejaría un recuerdo sano. Y, sin embargo, Eren me regaló lo mejor que me ha pasado en años: una relación sin anclas, pero también sin reclamos. Y ninguno acabó hundido en un océano de dudas o rencores. Duramos poco, nunca formalizamos nada, pero fue igual de intenso que una rola de Babasónicos, aunque sin dramas de por medio.

-O-

La primera vez que hicimos el amor me besó de una forma que aún atesoro. Su boca sabía a deseo y también a esa ansiedad que suele encender las hogueras más intensas. Yo me consumí por completo, acaricié su espalda buscando memorizar cada centímetro, besé sus mejillas y sus hombros, me perdí en sus caderas y enloquecí con la aureola de sus senos. Pero lo que más añoro son dos cosas: esa manera tan natural en que se reía con las películas divertidas; y, segundo, aquella descarga eléctrica que me recorría cada que la veía caminar hacia mí. Un buen día dejamos de frecuentarnos, pero seguimos tan amigos como siempre. Ella conoció otros labios, se refugió en otros brazos y me tocó darle ánimos cuando su corazón era lastimado. A mí me hubiera encantado que se enamorara de mí, pero somos tan iguales que siempre fue mejor dejar el corazón a un lado y conformarnos con la pasión. Esa pasión que a veces envenena, que te hace desfallecer, pero que a fin de cuentas nunca te hará daño. Y sí, Eren es un monumento a la pasión. Y sí, siempre la extraño, aunque he entendido que las cosas más excitantes de la vida siempre son las que duran menos. Por eso le escribí estas sencillas líneas que aún no le he dado: "Imagínate, imagíname. Somos tan iguales y tan distantes. Somos imperfectos, volubles, como ángeles sin Valium, cual demonios erizos o muñecos de peluche tuertos de su ojo de botón. Somos tan distantes. Ya no te imagino, pero te percibo: esa rabia, esa fragilidad que se esconde tras tu mirada más estudiada, esas ganas de sexo sin descaro, esos labios que no temen ensuciarse con las palabras, esa sombra que latiguea tus ojos. Te percibo, no te imagino. Te percibo más viva que mucha de la gente que conozco. Y me gusta lo que intuyo: una mujer con ganas de ser mujer de verdad y no una chica que no tiene opinión ni esas cosas que no valen la pena. Te percibo y me gusta. Ya no necesito imaginarte".


Roberto G.Castañeda
Manual para canallas

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domingo 24 de enero de 2010

De títere a bufón


Para morirse de risa si no fuera penoso observar el nivel político que existe en México, ha llenado espacio en los medios el singular y folclórico personaje llamado Rafael Acosta alias "Juanito".

Se podría decir que en efecto fue un títere de López Obrador para enfrentar imposiciones de las autoridades federales, llamase IFE o TRIFE, sorprende la falta de astucia de AMLO ya que a este personaje se le observan a simple vista los graves problemas que tiene, la incongruencia de sus manifestaciones verbales, cualquiera que lo observe puede notar a la típica persona que ha sido mermada en sus capacidades por el exceso en el consumo de bebidas etílicas o drogas, fue un error grave para AMLO recurrir a alguien como Rafael Acosta alias "Juanito" para demostrar la fuerza que tiene en algunos sectores de la población.

En la mente del personaje en cuestión algo ocurrió que le hizo dejar de ser títere y trocar su papel a bufón, si, ahora pasó de ser el títere de una persona como lo señalan algunos medios para convertirse en el bufón de un grupo encabezado por Televisa y el Partido de Acción Nacional (PAN) principalmente, el PAN velada o abiertamente a apoyado a Rafael Acosta alias "Juanito" y Televisa ha dado espacio en noticieros y programas de variedad a esta persona utilizándolo como bufón (aparte de los que ya tiene la propia empresa televisora) para diversión de sus conductores y parte del público que encuentra divertida ver a esta clase de "políticos". Pobre nivel político de México, ¿los pueblos tienen los gobiernos (políticos) que se merecen?.

Un títere puede provocar risa, llanto o reflexión según el titiritero que lo maneje, un bufon solo sirve como diversión para los amos que lo poseen y Rafael Acosta alias "Juanito" opto por dejar de ser títere para convertirse en bufón.


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