jueves 4 de junio de 2009

Sueños en blanco y negro / Manual para canallas

Sueños en blanco y negro





Soñé que era calvo. Y me paseaba con normalidad frente a los aparadores y saludaba como si nada a los maniquíes. Uno de ellos me miraba con familiaridad y yo encontraba más bondad en su mirada que en la mía. Soñé que me persignaba frente a la catedral y mi reloj se detenía en la nadaAntes de cruzar la avenida miraba el semáforo en verde y una mujer con paraguas me esperaba en la otra acera. Vestida de rojo me advertía que mi nariz sangraba. La angustia se apoderaba de mí, mientras mi mano se teñía de púrpura. “Te falta cabello y te sobran culpas”, se reía de mi calvicie lustrosa. Entonces busqué en mi bolsillo y saqué una fotografía en la que mi cabello era abundante. “Nunca seré lo que fui antes”, yo decía y me carcajeaba. “Un payaso siempre será menos divertido en una fiesta de disfraces”. No sé qué diablos significaba eso, pero yo seguía riendo. Busqué entonces un espejo y la imagen que observé no me gustó nada. Me puse una peluca divertida y me maquillé esa sonrisa graciosa, pero una lágrima negra estaba tatuada en mi pómulo, Quizá ya he enloquecido por completo. Soñé un funeral callejero y las carrozas fúnebres estaban pintadas con anuncios de sopa instantánea. La vida es un comercial de tarjetas de crédito. La muerte es una obra de teatro macabra. El paraíso es letrero de neón en la madrugada. Un hotel de paso es la frontera en la que tus deseos no pasarán la inspección de rutina. El amor es un exiliado de tu cama. Y no hay caricias que valgan. Y tus manos moldearán el fuego que te habrá de consumir en soledad, mientras extrañas las caricias sabias. Anoche soñé que te extrañaba. Y también soñé que era calvo. Y que mis dedos hurgaban en tu sexo por la madrugada. Anoche soñé tantas cosas que ya no sé si alguna vez he cerrado los ojos para imaginarte desnuda o sólo es que estoy tan solo que lo que hago no es más que una medida desesperada para no pensarte mientras vuelo o para no volar mientras te pienso.


-O-


Soñé que cerraba los ojos para pensarte. ¿O cerré los ojos para pensar que te soñaba? Te estás yendo poco a poco. Y olvidarte será tan fácil como borrar mis huellas dactilares de la escena del crimen. Un sospechoso nunca dejará de parecer nervioso. Mi mayor crimen fue robarte la calma. Y mi penitencia será que nunca podré olvidarte. Eres como un cadáver en la cajuela de un Chevy: podré lavar la alfombra, pero siempre recordaré esa última mirada. Quise creer que no me hacías falta y acabé por comprobar que sin ti mis silencios son igual de incómodos que el sofá de mi sicólogo. “El tiempo se ha terminado, seguiremos la próxima semana”, dicta mi imagen en el espejo. Tengo una cita con mis remordimientos. Y hace mucho que me hace falta un corte de cabello. De la barba de tres días mejor no hablamos. “Sólo por hoy”, es la frase escrita en un libro que no he consultado. Soy alcohólico y no tengo ganas de remediarlo. Mi padre es un infierno. Mi madre es un remanso. Mis hermanos son mi conciencia. Y mis hijos lo que me reconcilia con mi lado bueno. Traigo una careta que no me gusta. Nunca he desfilado en carnavales y me sobra maquillaje y me falta el disfraz que disimule esta farsa. Soy demasiado convencional para interpretar al bufón de este vodevil. Y soy tremendamente cínico para llevar el papel del chico bueno. Ahora estoy desvariando. Será esta pinche fiebre que provoca la infección en la garganta. Será que busco pretextos para escribir pendejadas y luego justificarlas. Anoche soñé que te extrañaba. No era yo, sino el tipo con 39 grados de fiebre que sudaba mientras se revolvía en la cama. Anoche soñé que me hacías falta. No era yo, no, era el pobre diablo que se rehúsa a deletrear “m-e-h-a-c-e-s-f-a-l-t-a”.


-O-


Soñé que era un vampiro. Sí, claro que suena ridículo, lo sé. Pero qué le voy a hacer si es lo que soñé. Anoche volé más alto. Anoche tuve una revelación. Una vez más, anoche dormí más solo que nunca y volé mucho más alto. La ciudad era hermosa, con sus edificios inmensos y el asfalto mojado y aquellos callejones oscuros como tu mirada. Anoche tenía colmillos y eran tan peligrosos como una mujer que se sabe deseada o como un hombre seguro de sí mismo. Anoche me transformé en viento y llegué hasta tu ventana, luego me acerqué a tu cama y me regocijé en tu aliento. La tranquilidad de tu sueño me conmovió un poco, sólo un poco, porque después busqué tu cuello y me excitó la calma de tu respiración. Puedo ser tu pesadilla o tu lujuria convocada, pensé mientras hundía mis colmillos en tu garganta. Un leve quejido alentó mi osadía. Te dejaste hacer. Me dejé llevar. La humedad de tu entrepierna me indicó que te gustaba. Intentaste oponer resistencia y tus ojos se clavaron en los míos. Un murmullo llegó a mi oído. “Soy tuya”, musitaste extasiada. No, reflexioné, no eres mía. Tu voluntad ahora es mía, aunque me olvides mañana. El deseo es una droga. Y lo demás no es como una película mala. Ni tú eres Bella ni yo soy el galán de moda. Sólo soñé que te poseía. Y no hacía falta un guión, ni un director, ni la sangre de utilería. Sólo soñé que eras mía y nunca nos salían alas. Sólo soñé con tus ojos negros, negros, y tu piel pálida. Sólo soñé tonterías y quiero volver a soñarlas. Soñé que mis colmillos profanaban tu garganta. Y lo que más me gustó es que musitabas, con voz entrecortada, que eras mía en la madrugada. Y como en las viejas películas, todo era en blanco y negro. Prometo soñarte cada noche y observar mientras te desnudas.


Roberto G. Castañeda
Manual para canallas

El Gráfico
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