jueves, 24 de septiembre de 2009

Caminar en círculos viciosos / Manual para canallas

Caminar en círculos viciosos




Llegas a un punto de quiebre y te preguntas si todo el dolor habrá valido la pena. ¿Dónde quedó aquella pasión por la vida? ¿A dónde se fueron las sonrisas que ya no habitan más en tu rostro? ¿Qué fue del adolescente que soñaba con tocar en una banda de rock?

Te quedaste estacionado en un sitio que parece desolado, en un pueblo fantasma que sólo recorren algunos perros hambrientos. Y tu panorama es una postal inanimada. Trabajas más de ocho horas por un sueldo miserable. Y te aferras a los silencios en busca de respuestas. Eres la imagen viva de la neurosis y la ansiedad se come tus uñas. Jubilaste tu entusiasmo, guardaste la guitarra, y tu madre se congratula de que al fin seas un hombre de bien. Tan guapo que te ves de corbata, tu abuela te señala en una foto. Tan estúpido que te sientes ordenando archivos, archivando tus aspiraciones. Fuiste educado para lo más absurdo: estudiar, conseguir un trabajo “decente”, casarte, tener hijos y suspirar por un auto con sonido envolvente. Y manejas hacia el desfiladero. La chica que te gusta no te pela, así que te conformas con besar a mujeres fáciles en las fiestas de tus cuates. Y te emborrachas como desesperado. Es entonces que desinhibes y te propones que a partir del lunes tu vida dará un giro estupendo y mandarás todo a la chingada. Sólo que el gusto te dura poco, porque la resaca del domingo y la derrota de los Pumas te devuelven a la mediocridad: vale madres, para qué luchar, para qué soñar, si a fin de cuentas terminarás igual que papá. No irás de mochilazo a Inglaterra, tampoco verás a Metallica en Alemania, no jugarás en el Azteca, ni tocarás la guitarra en las calles de Madrid y mucho menos te ligarás a una sueca en Ibiza. Un buen día conocerás a una mujer que te hará sentir el tipo más afortunado, caerás rendido a sus pies, ella se declarará en tus manos y acabarás entregándole tus quincenas. Y pasarán los años y la rutina dormirá en la misma cama y ella dejará de arreglarse y subirá de peso. Tú, tú, creerás que la vida te ha estafado, aunque tu hija te abrace como en un comercial de papas fritas. Mirarás el televisor, maldecirás el pinche futbol y abrirás otra lata de cerveza que salpicará tu playera de la Selección mexicana. Y entonces te preguntarás qué fue de la rabia que te impulsaba cuando eras joven. Tú dirás si aún estás a tiempo de elegir otro camino. O si estás condenado a votar por el menos malo, a merced de tu indiferencia, en manos de la desidia. ¿Desde cuándo dejas todo a medias?, ¿a qué te saben las canciones de Arjona?, ¿qué se siente ser empleado de un idiota?, ¿cuánto gana un lavaplatos en Nueva York?, ¿cómo serán las noches en Londres?, ¿qué significa ese “don’t walk” en los cruceros?, ¿es verdad que en Canadá hay déficit de jóvenes?, ¿sabes siquiera qué quiere decir “déficit”?


-O-

Melissa no terminó la carrera de odontología porque se enamoró de Christopher, que iba en su salón y también truncó los estudios. La madre se puso histérica, el padre intentó parecer duro. La chica salió con la clásica babosada: “Ay, mamá, no seré la última ni soy la primera”. Se casaron por la Iglesia y armaron una fiesta para que todo pareciera decente, como si a los gorrones eso les importara un bledo. Mario trabaja como cajero en un banco y su sueldo es pésimo. Melissa es recepcionista en un consultorio. Tuvieron un hijo al que bautizaron como Brandon. Menos mal que no le pusieron Nigga, que está tan de moda entre los reggaetoñeros. Y Brandon Gómez es un niño que crecerá educado por la tele, mientras los padres trabajan y la abuela le echa un ojo. Y ese niño un día se convertirá en hombre y estará atado a un círculo vicioso que no han caminado su abuelo y su padre. Y cuando gane su primer sueldo invitará la borrachera a sus compañeros de oficina. Y en una fiesta conocerá a la dueña de sus quincenas. Y el amor le hará creer que la vida le sonríe. Y seguro tendrá un hijo al que bautizará como Brandon, sí Brandon segundo. Y a la niña le pondrá Marlene, el mismo nombre de su madre. Y el destino nos demostrará que el hombre es un animal de instintos básicos, que cree comerse el mundo a mordidas y acabará ladrándole a su sombra, contagiado de ese virus llamada rutina. ¿Y cómo es que sé todo eso? Lo veo todos los días, en el Metro, en mi vecindario, en el súper, en aquella muchacha desaliñada que jalonea a su hijo, en aquel joven-viejo con panza de chelero, en ese muchacho que le mira el trasero a otras mujeres mientras su esposa camina con desgano. Lo observo a cada rato en el trayecto a mi trabajo. Lo escucho mientras mis vecinos discuten a gritos. Lo miro en los ojos de una juventud que carece de sueños, que esconde la mirada tras unas gafas Dolce & Gabbana piratas. Joaquín Sabina siempre será un sabio: “Y cómo huir cuando no quedan islas para naufragar”.

Roberto G.Castañeda
Manual para canallas

El Gráfico

Reflexiones, Cuentos, Poesía y las Historias de Manual para canallas encuentralas AQUÏ

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Felipe Calderón y su paquete económico 2010

Felipe Calderón y su paquete económico 2010


Una vez más el gobierno de Felipe Calderón atenta contra las clases medias y pobres de México con sus propuestas de aumento de impuestos en su paquete económico para 2010.

Fundamentalmente los impuestos en la propuesta de Calderón afectarán una vez más a los sectores cautivos de la base de contribuyentes y a los grupos de menores ingresos en el país, una vez más Felipe Calderón demuestra para quien gobierna ya que los privilegiados que gozan de exenciones tributarias seguirán sin que sus intereses sean tocados, los capitales especulativos de la bolsa que aparte de grandes ganancias solo son capitales especulatorios seguirán gozando de un paraíso fiscal que el mexicano común y corriente no disfruta, nuevamente trabajadores, profesionistas, comerciantes y pequeños y medianos empresarios deberán soportar según la propuesta, la carga de la crisis que si bien es mundial y no tuvo su origen en México, si ha provocado por un pésimo manejo de la misma que México sea de los países más castigados por efectos de una crisis que demuestra que el sistema neoliberal tan defendido por los últimos cinco gobiernos del país ,los tres últimos de la época del PRI y los dos que van de gobiernos del PAN.

Veamos dos casos:

La propuesta de un Impuesto al Consumo de 2%, lo cual en opinión de especialistas no es más que un IVA disfrazado que gravará alimentos y medicinas afectando a toda la población si, pero golpeando severamente a los pobres que el sistema neoliberal ha provocado sea el 60% de los mexicanos.

Las telecomunicaciones serán gravadas con un 4% más aparte del IVA actual, a eso hay que agregar el 2% de impuesto al consumo lo que hará inaccesible para la mayoría de los mexicanos servicios como el teléfono o el Internet, ya no digamos la televisión de pago.
El gobierno de Felipe Calderón también propone aumento al Impuesto Sobre la Renta (ISR) lo que afectará a profesionistas independientes, comerciantes y pequeños y medianos empresarios, las clases más afortunadas una vez más y demostrando para quién se gobierna en el sistema neoliberal se verán poco o nada afectadas.
Si el problema es la falta de recursos ¿por que no adelgazar el aparato burocrático aumentado de manera desmedida con Vicente Fox y más aún con los tres años de Calderón?, en lugar de pensar en más impuestos para el pueblo ¿por que no reducir salarios y eliminar prestaciones millonarias de que disfrutan funcionarios del Gobierno Federal y de los Gobiernos Estatales, legisladores del Congreso, funcionarios del IFE, Ministros de la Suprema Corte, Partidos Políticos y demás sanguijuelas que medran con el dinero del pueblo al que poco o nada sirven?
Si se ampliara la base de contribuyentes, si los comerciantes informales pagaran impuestos, si se eliminaran exensiones tributarias, si eliminaran los dispendios de que disfruta la burocracia mexicana, si redujeran los salarios de servidores públicos y si las prestaciones onerosas como viáticos, gastos médicos mayores, gastos de representación, pago de celulares, gastos de automóviles y salarios de ex presidentes por ejemplo, y si aún, que lo dudo, hiciera alta más ingreso a las arcas del país, entonces si, más impuestos a todos los mexicanos.

Inicialmente los partidos PRI, PRD, PVEM, Convergencia; PT y Nueva Alianza se pronunciaron en contra de más impuestos, el PAN respalda la propuesta de Calderón, pero hay señales de que el PRI, o al menos la mayoría de sus legisladores reculará y seguramente le seguirá su aliado el PVEM, Nueva Alianza creo que al recibir órdenes de la dueña del partido votará con su aliado original el PAN, veremos que ocurre estos días.



La gran estafa, Mentiras y chantaje de Felipe Calderón


Si leemos con atención el proyecto económico del Gobierno Federal podemos darnos cuenta sin ser economistas que algunos datos no cuadran, por otra parte Calderón en cuanto tiene un micrófono enfrente y a los medios de comunicación escuchándolo no pierde oportunidad para defender un proyecto que grava que atenta irremediablemente contra la mayoría de la población u cuando no es el sus jilgueros se encargan de explicar las "bondades" de un proyecto destinado a hundir más a los mexicanos.

Decía yo que sin ser economista puedo observar lo negativo de sus propuestas, pero por ejemplo Robert F. Engle, economista norteamericano Premio Nobel de Economía en 2003 que supongo sabe de lo que habla, dice que en momentos recesivos por los que atraviesa la economía de México, sería una equivocación del Gobierno pretender incrementar los impuestos. "Yo no recomiendo en momentos recesivos aumentar impuestos, creo que sería una solución equivocada" por parte de las autoridades, precisó. La intención del gobierno federal de incrementar los impuestos a la población es una “posición equivocada”, cuando la economía continúa en un periodo de recesión y otros países que han enfrentado una inestabilidad financiera similar han reaccionado de manera contraria, al conservar sus gastos altos, pero con gravámenes bajos, afirmó el premio Nobel de Economía.

Pero el gobierno de Calderón ha demostrado sobradamente su incapacidad, recordemos que el secretario de Hacienda cuando el mundo se preocupaba el año pasado por la crisis que se veía venir, el sonreía minimizando los efectos que resentiría el país, ahora vemos que México es de los países mas golpeados por la crisis y ahora proponen medidas contrarias al criterio de expertos en la materia, seguramente alguna ganancia política y económica pretenden obtener. Calderón da cifras que no cuadran con la realidad, hay cantidades que no queda claro, en caso de aprobar en el congreso su propuesta, cual sería el destino, el secretario de Gobernación señala que "una inmensa mayoría acepta los impuestos" que pretenden implantar, ¿acaso para el señor Fernando Gómez la "inmensa mayoría" es la gente del PAN, el gabinete de Calderón y los que se benefician del empobrecimiento de los mexicanos?, señores mienten y al que miente se le llama mentiroso, por tanto Calderón y su gabinete son mentirosos.

Calderón también pretende chantajear a los ciudadanos cargándoles la responsabilidad de que no se cuente con recursos para ayudar a los pobres, sin aceptar que los únicos culpables son el sistema neoliberal que el representa y defiende y la pésima administración que encabeza.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Antología de sinsentidos / Manual para canallas

Antología de sinsentidos




Otro día con resaca, odiando las tardes grises, las calles inundadas, la gente que celebra cualquier cosa mientras el país se desmorona. Otro día maldiciendo las multitudes en el Metro, las noticias en los diarios, la imposición de nuevos impuestos. Se acaba el jodido año y todo pinta peor que antes

Los políticos salen en la tele con sus trajes caros y sus miradas cínicas para advertir que defenderán los intereses del pueblo. Y los millonarios siguen especulando con el dólar. Y los banqueros nos cobran comisiones por cualquier pendejada. En el súper, las amas de casa lamentan que los vales de despensa ya no alcanzan para nada. En la escuela, los maestros piden libros cada vez más caros. Y en tu casa escasea el buen humor, tu padre se queja del pinche gobierno, y tu madre remienda los pantalones que ya no te quedan. Y el Presidente suelta discursos cada vez menos creíbles, sobre la manera en que afrontaremos la crisis o de la lucha contra el narcotráfico. Tenemos un líder que no encuentra el rumbo, que nos ha decepcionado. Y encima sonríe cuando grita desde Palacio Nacional que vivan los héroes que nos dieron patria, “¡viva Hidalgo, viva Morelos!”, que viva nuestra Independencia. ¿Cuál pinche Independencia? Si somos esclavos de una crisis que nos hunde cada día más en la pobreza, que castiga nuestro optimismo. ¿Hay algo qué celebrar? No tiene sentido, no, aplaudir el pan y circo, cantar las canciones rancheras de todos los años. No tiene sentido, es inútil, pintarse la cara con los colores patrios, ponerse el sombrero ridículo o rociarse con espuma, mientras nadie parece preocuparse de que los poderosos saquean las arcas e invierten el presupuesto en proyectos de sus familiares. Y para acabarla de joder los estudiantes están en manos de profesores malpagados y peor preparados. Somos un ejército inconforme, un ejército desesperado, pero igualmente inmóvil y resignado.

-O-
La educación nacional es botín de una bruja que viste Chanel y se hojalatea la cara con un carnicero. Los maestros tienen sueldos que no envidiaría un chofer de microbús. Y la profa Elba Esther vacaciona en su mansión de San Diego. Los alumnos son educados para engrosar las filas del desempleo. Tu hermano tiene un título que sólo sirve para cubrir una mancha de humedad en la pared de la sala. Tu prima es vendedora de seguros porque no sabe hablar inglés y apenas puede encender una computadora. En las solicitudes de empleo siempre hay huecos que nadie podrá llenar. Y las escuelas tienen laboratorios de computación que sólo sirvieron para que el presidente municipal se tomara la foto con su sonrisa de “la modernidad nos ha alcanzado”. Los niños son expertos en chatear y coleccionar amigos por internet, pero desconocen cuál es la capital de China o el año en que asesinaron a Francisco I. Madero. Este país es un catálogo de sinsentidos, una antología de cosas inútiles que nos llevarán al abismo. Los libros son demasiado caros para quien colecciona el TV Notas, para los que prefieren jugar con el celular en el pesero. Las chicas gastan su saldo en mensajes indescifrables y caritas felices :) para el novio. Los adolescentes se van de pinta para embriagarse. Los candidatos se pelean el voto de los que no saben defender en las urnas su derecho a una vida digna. Tendremos otro presidente que velará por los intereses de los más ricos, de los inversionistas extranjeros, mientras nuestros niños memorizan los nombres de Naruto y sus amigos. Y seguiremos condenados a festejar la “Independencia” en el Zócalo, mientras nuestro destino es rehén del secretario de Hacienda, de los recaudadores de impuestos, de los licenciados, de los corruptos, de las “maestras” que se llevan de a cuartos con Felipillo. Maldita sea, creo que me estoy volviendo un tipo amargado. Otro día con resaca y estoy insoportable. No hay lugar para las canciones, no me uno a los carnavales, y sólo soy una voz que maldice la indiferencia de una sociedad que se está acostumbrando al cinismo de los que nos gobiernan. Y esto, esto que escribo sólo es una antología de sinsentidos en un país que se desmorona. Y la miseria es homenaje a los locos, a los soñadores, según dicta Ernesto Cardenal: “Aquí pasaba a pie por estas calles,/ sin empleo ni puesto y sin un peso./ Sólo poetas, putas y picados/ conocieron sus versos./ Nunca estuvo en el extranjero./ Estuvo preso./ Ahora está muerto./ No tiene ningún monumento”.
Roberto G. Castañeda
Manual para canallas
El Gráfico
Reflexiones, Historias, Manual para canallas y mas AQUI

viernes, 11 de septiembre de 2009

Los Amigos Invisibles / Manual para canallas

Los Amigos Invisibles



El ojo triste de Tom Yorke me miró interrogante desde un póster gigante en Mix Up. Radiohead es la neta, pensé mientras me sumergía en el estante de rock en español. Entonces se me acercó un chaval sonriente en su uniforme negroazul: “¿Te puedo ayudar en algo?”, soltó la frase elemental de su curso de inducción.
“Mmm, no lo creo. Estoy buscando algo de Antonio Vega”, intenté deshacerme de él. Dudó y pretendió hacerse el chistoso: “¿Y ése qué canta?, ¿música cristiana?”. Lo miré como haría el Dr. House en una convención de acupunturistas. “Claro que no, porque si así fuera lo conocerías”, y añadí: “Aunque quién sabe, porque tú tienes cara de hipócrita, así que no eres cristiano sino testigo de Jehová”. Se rió forzadamente ante el reto. “A ver, ¿quién es el tal Antonio?”, preguntó. “Sólo te diré que es el autor de ‘Lucha de gigantes’ y también de ‘Chica de ayer’, de las mejores rolas del rock español”, seguí buscando. “Ahhh”, no supo qué agregar y aproveché su confusión, “pero seguro a ti no te importa porque te late Panda y te empedas con K-Paz de la Sierra”. Tardó en captar el mensaje. “Pinche mamón”, farfulló. Saqué mi sonrisa cínica: “Muchas gracias por tu ayuda”. Se alejó contrariado. Yo tarareé el estribillo: “Me asomo a la ventana, eres la chica de ayer./ Demasiado tarde para comprender./ Mi cabeza da vueltas persiguiéndote./ Mi cabeza da vueltas persiguiéndote”. Obvio, no encontré nada de Antonio Vega, así que mejor opté por buscar a Los Amigos Invisibles. Y sí, había un par de discos. “Esa banda es la onda”, escuché una voz a mi espalda. La chica me sonrió de una forma que me desarmó. “Sí, para ser venezolana, es muy buena banda”, creo que dije. “¿Vas a ir a verlos al Bulldog?”, cuestionó para seguir la plática. “Por supuesto, no me los puedo perder”, asentí. “Ay, yo me muero de ganas por ir”, plan con maña. “Te invitaría, pero no te conozco”, no suelo ser tan obvio. “Ah, pues yo soy Andrea y me encantan Los Amigos Invisibles”, me tendió la mano. “Bueno, yo no soy invisible, pero encantado de ser tu amigo”, comenté. Ella se carcajeó. Zooom, la cámara haría un acercamiento a su rostro. Pero no, aquello no era una película, así que no tomé su mano para llevarla a mis labios. Y yo no podría protagonizar un guión romántico. Al final no compré nada, ni ella, pero fuimos a tomar un café a unas cuadras. De pronto el destino va y se pone de tu parte. O quizá sea el diablo extendiéndote una tarjeta para que visites un antro que ya no has frecuentado. Una semana después fuimos juntos ver a Los Amigos Invisibles y Andrea me bailó “Si estuvieras aquí,/ me podrías hacer/ sentir tanto placer” de una manera muy sugestiva y me besó salvajemente cuando sonaba “Playa azul”.
-O-
Andrea no era alta, ni siquiera era mi tipo, pero hacía el amor de una manera memorable. Tenía otras cualidades, como el hecho de no ser prejuiciosa. Le encantaba sentirse deseaba y al momento de quitarse la ropa lo hacía consciente de que sus senos eran perfectos. “Me gusta que me observes cuando me desnudo”, me dijo una vez antes de hundir su lengua en mi oído. Esa mujer sabía enloquecerte. Y cuando ella enloquecía no tenía reparos en expresarlo. Allí no cabía la poesía, sólo se trataba de lujuria. Follábamos en la mañana, en la noche, en los lugares más inesperados, como en la azotea de mi departamento o en el último vagón del Metro a medianoche. No había amor, no dejábamos margen para ello, pero nos buscábamos como dos desesperados. Intuíamos que lo nuestro era pasajero, así que decidimos llevarlo a los extremos. “Hueles riquísimo, me prende tu aroma”, solía decir mientras me desabotonaba la camisa. Y a mí me encendía cuando ella hurgaba con su lengua en mi sexo. “¿Te gusta?, dime que te gusta”, hacía una pausa y me miraba a los ojos. Ella se volvía loquita cuando le respondía “tú puedes hacerlo mejor” y ponía todo su empeño en demostrar que sus labios estaban forjados en fuego. “¡Ahora hazme volar!”, sugería de una forma sugestiva. Y volábamos bañados en sudor. Andrea gemía y no podía dejar de decir obscenidades. “Dime cosas sucias, papito, anda, dímelas”, suplicaba. Hasta que un día se acabó. Lo nuestro duró lo que tenía que durar, no más.
-O-
Un buen día la rutina se instaló en medio de los dos. Cada cual se adentró en diferentes caminos. Ella encontró refugio en otro cuerpo. Yo me enamoré de una chica más alta. De vez en cuando nos llamábamos nada más para saber uno del otro, pero no volvimos a encontrarnos. Me acabo de enterar que se va a casar con su novio perfecto, con el yerno ideal para sus padres que, por cierto, nunca me vieron con buenos ojos. No suelo ser lo que se dice la pareja correcta, ni pretendo serlo, así que no me costó trabajo ganarme la antipatía de su familia. “Ay, hija, ese muchacho no parece serio”, su madre veía muchas telenovelas. Pero Andrea estaba acostumbrada a llevarle la contra. “Deberías darme mi despedida de soltera”, bromeó Andrea la última vez que me llamó por teléfono. Y la imaginé desnuda, moviendo las caderas a un ritmo pausado, sin urgencia pero con la ansiedad de esas mujeres que gritan sin reparos sus orgasmos. “No suena mal, pero yo sí estoy enamorado”, respondí. “Uy, que pena, porque no sabes de lo que te pierdes”, se burló, “se me olvidaba que eres fiel cuando te gobierna el corazón”. Por supuesto que sabía de lo que me perdía, pero creo en el karma y que la vida o el destino se encargan siempre de pasarte la factura. Y no quiero perder lo poco valioso que tengo nada más por bailar en un carnaval de deseos. Así que preferí el “Chau número tres” de Mario Benedetti: “Te dejo con tu vida,/ tu trabajo,/ tu gente,/ con tus puestas de sol/ y tus amaneceres./ Te dejo sin mis dudas,/ pobres y malheridas,/ sin mis inmadureces,/ sin mi veteranía”.
Manual para canallas
Roberto G. Castañeda
El Gráfico
Las Historias de Manual para canallas, Reflexiones. Poesía y mas AQUÏ

jueves, 3 de septiembre de 2009

Manual para canallas / El polvo bajo mis viejos Converse

El polvo bajo mis viejos Converse



Aquella señora se paró frente al mostrador y no atinaba a elegir su menú. El tipo ñoño de la gorrita sonreía forzadamente, pero en sus ojos se adivinaban las ganas de ahorcarla. No era el único impaciente
Respiré profundo, después de diez minutos que me parecieron una eternidad por fin la doña se decidió. Yo pedí dos McTríos sin cebolla. Pagué, esperé lo que ordené y me entregaron dos hamburguesas tibias. Vale madres. Y encima con cebolla. Fui a reclamarle al dependiente y rematé con “lo único que me reconforta es que nunca serás el empleado del mes”. Lorena intuyó que no fui precisamente a felicitarlo. “¡Pinche Roberto, te pasas”, me acarició la mejilla, “pero me encanta tu ironía”. Quité la cebolla y miré con desgano la miserable hamburguesa que duraba tres bocados. “Ya quita esa cara”, sugirió Lorena. “No sé cómo te encanta venir a este pinche lugar”, reclamé aunque con tono relajado. “Cálmate, no todo en la vida son pizzas a la leña, chico exquisito”, se burló. Me dio risa. Ambos reímos. Esa mujer me encantaba de un tiempo a la fecha, aunque adorara la comida rápida y las papas en todas sus presentaciones. Cuando la conocí era una niña de 23 años y yo me resistía a sus encantos con el argumento de “vengo saliendo de una relación muy conflictiva y no creo estar preparado para enamorarme”. A Lorena no le importó: “me conformo con lo que me quieras dar” y soltó una frase que sonaba a telenovela chafísima, “si un día te enamoras de mí seré la mujer más feliz del mundo”. Con ella recuperé al niño que nunca fui. Pasábamos horas jugando “Resident Evil 4” y gozábamos tocando nuestras rolas favoritas en “Guitar Hero”. Me reveló la magia de Los Cafres y me dedicó al oído nuestras dos canciones favoritas: Aire y Velas y sahumerios. También me hizo revalorar a Los Decadentes y bailamos todo el tiempo con Celso Piña y su “Cumbia sobre el río”. Aún conservo dos regalos excepcionales que me hizo: el libro Sinuhé, el egipcio y una postal del malecón de Mazatlán con la premisa de que “hace años compré dos, una para mí y la otra para el hombre de mi vida, porque sabía que un día llegaría. Así que es tuya, te la doy con todo mi amor y con la promesa de que nunca dejaré de adorarte”. En eso último se equivocó. Un buen día se hartó de, como dirían Los Decadentes, mis malos ratos en que las estrofas me ajustaban: “De repente no puedo respirar,/ necesito un poco de libertad,/ que te alejes por un tiempo de mi lado,/ que me dejes en paz.../ Siempre fue mi manera de ser,/ no me trates de comprender,/ no hay nada que se pueda hacer,/ soy un poco paranoico, lo siento”. Acabó refugiándose en los brazos de uno de sus amigos. Y me selló la visa hacia un sitio llamado olvido, donde habitan la amargura y el desencato.
-O-
Lorena insistió en que continuáramos como amigos. Yo tenía mis reservas y hubiera preferido no verla más, pero me intrigaba su juego. Todavía nos acostamos un par de veces, hasta que me enteré que ya era novia del panzón de su mejor amigo. “No mames, Lorena, esas son chingaderas”, no me anduve con rodeos, “ahora tendré que irme a hacer exámenes porque ese wey es el clásico gordo acomplejado que paga por sexo y le encantan los teibols”. Ella negó lo que era más que evidente. “Sólo es mi amigo y lo quiero mucho, pero nada más”, mintió. Yo estaba que me cargaba el payaso. “¿Sabes cuál es tu problema? Que tú no sabes querer, sólo necesitas que le saquen brillo a tu autoestima. Y para ese cabrón sólo eres una nalga”. Cuando la conocí acababa de morir su padre e incluso pensaba en el suicidio. Se dedicó a rescatar perritos de la calle y a colocarlos entre sus amistades. De volada se aferró a mí con desesperación. Y confundió la necesidad con eso que para ella era amor. “Tu gran pedo es que no sabes amar, solamente te das en adopción”, remarqué. “¡¿Me estás diciendo que soy una perra?!”, se ofendió. “Aguanta, eso qué, yo no estoy sugiriendo nada”, intenté explicarle. “Te odio, Roberto, de qué pinche congal me sacaste para tratarme como a una puta”, estaba fuera de sí. Pude haberle dicho que para ser una zorra no hay que trabajar en un tugurio, que sólo basta con que te encante follar sin medida, pero mi cinismo no da para tanto. “Sabes qué, cuando te pones en ese pinche plan no escuchas, mejor ahí muere”, me di la media vuelta. Ella me sujetó del brazo: “ahora te esperas y me escuchas. Yo te amé como nadie, te di lo mejor de mí, pero tu miedo a vivir conmigo pudo más, así que no iba a pasarme la vida esperando a que te cansaras y me mandaras a la chingada”. Encendí un cigarrillo. “Me esforcé por acostumbrarte a lo bueno, pero siempre te gustó lo corriente. Así que ojalá se casen, porque están hechos el uno para el otro. Y si tienen un hijo hasta podrían bautizarlo como Electro…”, la bofetada me sorprendió. Me la merecía. Me alejé sin decir nada. Ella sollozaba. Fue la última vez que la vi. Mis viejos Converse han acumulado el polvo de otros caminos. Y no hay poesía en mis recorridos. Y mis amigos aún son los mismos. Y mis rutinas se han aburrido del escaso brillo en mis ojos. El entusiasmo no es propiamente lo mío. Y los Babasónicos aún me reservan algunas verdades: “Empieza por aceptar tu maldad,/ un poco de autocrítica no te vendría mal./ Me agarraste desatento,/ es que anduve por ahí,/ desprolijo porque sí./ En el arte de fingir me ganas,/ aunque yo me esmero mucho./ Si te entrego mi confianza abusas./ Me devolviste el corazón pertrechado”. Graffitearé “olvido” en la horca reservada para mí y maldeciré al amor cuando me asfixie el dolor de sentirme tan jodido.
Roberto G. Castañeda
Manual para canallas
El Gráfico
Si quieres lerr mas hitorias y reflexiones o todo de Manual para canallas entra Aquí