jueves, 29 de octubre de 2009

Sutura para sueños rotos / Manual para canallas

Sutura para sueños rotos




Aquella vecindad apestaba. Literalmente, apestaba: vivíamos junto a un río inmundo y lleno de deshechos industriales. Y encima de todo, las ratas eran habituales visitantes. No tengo fobias, ni temores, pero las ratas siempre me han provocado náuseas


Aún así, nunca tuve problemas en eliminarlas a resorterazos o arrinconarlas con una escoba en la esquina. Bueno, el asunto es que mi jefa se esforzaba por sacarnos adelante en la medida de sus alcances. Sola y con cuatro hijos, que además eran tremendos, Alicia tenía que lidiar con caseros que nos corrían a la menor provocación, ya porque “sus hijos dejaron escapar a los conejos”, ya debido a que sus “escuincles le pegan al mío” y demás etcéteras. Éramos miserables y además lo parecíamos: pantalones remendados, tenis rotos y camisas regaladas por los primos más favorecidos. En el límite de la desesperación, mi madre aceptó un trabajo como afanadora o auxiliar de intendencia como le llamaban decentemente. Y desde entonces, mi jefa se partió el lomo barriendo salones y lavando baños inmundos. Ella siempre fue una mujer que no tuvo escapatoria. De pronto mi padre la abandonó y fue enviada a un puto purgatorio que nunca había imaginado, pero en lugar de darse por vencida o envenenarnos con raticida, optó por demostrarse que si se había metido en ese laberinto al menos tendría el coraje para conducirnos hacia la salida. Yo tendría unos nueve años cuando nos mudamos a una vecindad más decente, en el centro de un pueblo con pretensiones de ciudad llamado Atizapán. Para completar la renta, Alicia vendía quesadillas y sopes en la entrada del vecindario, junto a una pulquería. Sí, Alicia en el país de las quesadillas. Chale, eso qué. Pinche chiste local y mamerto. Mi madre recuerda que nos iba bien, que gracias a ello no tuvimos que dejar la escuela. Pero también mi jefa dejó media vida en el intento por darnos al menos una existencia llevadera. Yo iba por el carbón y los refrescos, mi hermano cortaba el papel estraza en cuadritos, mi carnalita se comía la masa cruda, mi otra hermana aprendía a guisar junto a mi madre. Y todos empezamos, sin saberlo, una empresa familiar que nos sacaría a flote. Alicia era tan buena para cocinar que eso le abrió muchas puertas. Lo mismo hacía 200 tamales para la señora de la tienda, que preparaba 150 chiles en nogada para la directora de la escuela. Un buen día llegó con dos noticias: la buena, que hay que hacer 400 tortas diarias; la mala, que les toca a ustedes hacerlas. Y así dio un giro nuestra vida. En las mañanas teníamos que hacer 200 tortas para venderlas a la hora del recreo en la secundaria 8. Y en la tarde una cantidad similar. No era gran ciencia, pero sí muy laborioso. Había que cocinar los frijoles desde una noche antes, teníamos que ir por las teleras a las 6 de la mañana y picar la lechuga y elegir los jitomates en su punto. Cómo hacíamos para estudiar y atender el negocio, eso es algo que aún no alcanzó a entender. Sólo sé que mi madre se las ingeniaba para que todo funcionara a la perfección.


-O-

Luego entré a la secundaria y, debo confesarlo, me avergonzaba que mis compañeros me vieran cargando mis costales de pan mientras iba de regreso a casa. A la hora del receso me tocaba vender las tortas en la cooperativa. Y pasé de ser el chico listo de mi clase a llamarme Señor Turtle. Así me puso el más “ocurrente” de mi clase, aunque tuvo que explicar el chiste: “Mister Turtle, el Señor Tortuga, lo entienden, porque es el que hace las tortugas, las tortas pues” y se reía como un tonto. Sentí ganas de lanzarme sobre él y estrellarle la cara, con todo y gafas, sobre la pared. Pero yo era un chamaco muy decente o muy puto. Así que no me quedó más que amortiguar el peso de mi nuevo apodo. Y durante tres años fui Mister Turtle. Claro que también fui bueno para el futbol y malo para sociabilizar. Tenía poco tiempo para hacer lo que hacían todos los chavos de mi edad. En lugar de ir a pedir calaverita, con mi calabaza iluminada con velas, tenía que encender el anafre. En vez de coleccionar estampitas de luchadores, debía ir a comprar la masa para los sopes. De chicas ya ni hablamos, porque más tardaba en invitar un helado a mi vecina que en escuchar los gritos de mi madre para que fuera a ayudarle a mi hermana a hacer la tarea. Por ser el mayor, me tocaron los peores regaños, los golpes más fuertes, las responsabilidades para las que no parecía preparado. Yo hubiera querido ser portero profesional y tenía el talento. Eso me decía mi entrenador, tal vez porque le simpatizaba o quizá porque en verdad era bueno. Pero el día de la final, cuando se elegiría a los seleccionados del estado de México, no pude ir a porterear porque mi madre se cayó de las escaleras, se desmayó y se rompió la pierna. Me bajaron del camión para explicarme que había sucedido un accidente. Mi madre fue llevada de emergencia a un hospital y tardó unas dos horas en cirugía. Se recuperó pronto de la herida, pero le quedó una ligera, apenas perceptible, cojera. A mí siempre me atacó la duda sobre si aquel partido de futbol pudo haberme cambiado el rumbo. El destino suele ser un bufón, que se ríe a nuestras costillas. Y la pierna de mi madre acortó sus pasos. Y yo tuve que suturar mis sueños de ser futbolista profesional. Siempre que lo platicamos, mi jefa me recuerda que está más orgullosa de mí por haber terminado la universidad. “No me hubiera gustado ser como la mamá de Cuauhtémoc Blanco, que se la pasa peleando con las nueras”, bromea Alicia y se ríe con esa risa franca que siempre me ha iluminado. Chales, jefa, me cai que me hubieras heredado tu alegría. Y no estaría todo el tiempo sintiéndome un miserable, como ese chavito que fui algún día y que no recorrió el barrio pidiendo para su calaverita. En verdad que mi madre es todo un caso, una mujer hecha de otra madera, que escondía sus lágrimas para no entristecernos. Sí, mi madre es esa señora que remendó mis alas rotas, que nunca me dio un abrazo pero que me miraba con ternura mientras yo dormía. Sí, mi madre es un monumento a la dignidad, como la tuya, como la señora que lava ajeno, igual que aquella vecina que vende pambazos en la esquina. Lo único malo, sin reclamos, es que me heredó esta mirada furtiva, llena de tristezas y que inunda en época de lluvias.


Roberto G. Castañeda
Manual para canallas


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jueves, 22 de octubre de 2009

Manual para canallas / La silueta inconclusa de tu sombra

La silueta inconclusa de tu sombra






El espejo le devolvió la seguridad. Aún así, Sofía me preguntó si la encontraba atractiva. “Sí, eres guapa y lo sabes”, a mí me encantaba, aunque esa costumbre de mostrar el hilo de la tanga sobresaliendo de los jeans me parecía un tanto vulgar
“Oye, ¿no te dije que la hija de mi jefe intentó suicidarse?, giró para mirarme. Sólo alcé los hombros en señal de me-da-lo-mismo. “Siiiii, ¿tú crees? La chavita se dio un balazo en la panza”, siguió mirándose al espejo. “¿Por qué me cuentas eso?”, exhalé, “yo ni conozco a tu jefe y mucho menos a su hija”. Eso llamó su atención y se acercó hacia mí. “Es que, mmm, es que me parece algo, mmmm, terrible”, parecía sorprendida con mi reacción. “A mí lo que me parece terrible es que alguien quiera suicidarse de un balazo en el estómago y no en la cabeza”, expliqué. “No lo sé, pero la chava es anoréxica”, soltó como si eso explicara todo. “Ella sólo quería llamar la atención”, expliqué con desgano. Yo me pregunté mentalmente cómo es que Sofía sabía todo eso. Seguramente se acostaba con su patrón, aunque ella me había dicho que “no es feo, pero está muy grande para mí”. Entre Sofía y yo no había compromisos, ni presiones, ni nada parecido. Lo nuestro era más como una necesidad. Si pasaba por un mal momento me llamaba con el argumento de “invítame a salir, aunque sea al cine”. Y si yo andaba de humor la buscaba para “echar un par de tragos y bailar un poco”. Al final siempre acabábamos en mi departamento y nunca me dijo que me amaba ni yo solté un “te quiero”. Nuestras conversaciones eran básicamente lo que ella contaba: “Mi auto hace un ruido extraño. Creo que es el motor”. Me limitaba a sugerir lo obvio, “yo creo que es hora de llevarlo al mecánico”. Para ella era fácil, como quien dice me cambiaré de ropa, manifestar que “mejor le voy a decir a mi papá que me compre otro”. Y yo odiaba cuando hablaba de la bolsa tan padre que se compró quién sabe en dónde su amiga y que sentía envidia-de-la-buena. “Querida, no existe envidia de la buena. Sólo es envidia y ya”, yo acariciaba su entrepierna. “Ay, me chocas, tú siempre tan así”. Éramos polos opuestos, sólo había deseo y ganas de no estar tan solos por momentos. Ella ya no creía en eso del amor y algún día se casaría con un tipo que fuera del agrado de sus padres, no alguien como yo que, se burlaba Sofía, “todavía sueña con que un día gobierne la izquierda”. Ella me conocía menos de lo que suponía y le intrigaba que yo perdiera el tiempo escribiendo “puras historias tristes y poemas que no entiendo”. ¡Mi vida! Por eso dejamos de vernos, porque ya estábamos distanciados desde el momento en que nos conocimos, en un concierto de James, cantando “Say Something”. Creo que me hace falta volver a dar clases o armar un taller de redacción o algo que me haga olvidar tanto pinche vacío en mi existencia. Cada que escucho a Diego Vasallo, recuerdo las caricias de Sofía, a veces tibias, en ocasiones tan frías; la silueta de su sombra, deslizándose desnuda hasta mi cama: “La música en la calle murió,/ en la ciudad sin ley, en la ciudad del temor./ Los besos ya no son de verdad,/ en la ciudad del crimen ya no existe el amor./ Miénteme con labios de miel,/ miente con cariño a mi piel,/ al entrar, en el negocio de amar”. Sí, en definitiva, volveré a dar clases o impartiré un taller de literatura, con tal de olvidar lo que ya no quiero recordar.
Roberto G. Castañeda
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miércoles, 21 de octubre de 2009

El PRIAN y su presidente Felipe Calderón aumentaron impuesto

Mas impuestos para los mexicanos


Tal y como adelantamos en este sitio, a la propuesta del paquete económico de Felipe Calderón los diputados del PAN reflexionaron con su voto emitido por reflejo condicionado, lo aprobaron sin pensar, sin analizar y como en los viejos tiempos del PRI el reflejo condicionado fue su respuesta a la propuesta de Calderón, surgido de ese mismo partido a la presidencia de México “haiga sido como haiga sido”, solo un diputado panista tuvo la decencia al menos de abstenerse a convalidar ese atraco contra los ciudadanos mexicanos, Manuel Clouthier, hijo de aquel celebre panista, viejo opositor al PRI, muerto en extrañas circunstancias, Manuel J. Clouthier.

Nos quisimos ver optimistas a sabiendas de la realidad cuando dijimos que esperaríamos a ver cual era el sentido del voto de los diputados del PRI, el sentido fue el que esperábamos…a favor de la propuesta de Calderón, solo unos cuantos mantuvieron la responsabilidad de votar en concordancia al sentir de las mayorías entre ellos figuran Felipe Solís Acero, Sami David David, Rubén Moreira, Carlos Flores Rico, Miguel Pompa, Esther Scherman entre otros.

PRD, PT y Convergencia votaron en contra de los aumentos.

El paquete de impuestos fue aprobado por 337 votos a favor, 113 en contra y 19 abstenciones.

Aún cuesta entender, ya que comprender sería imposible como los mexicanos carecen de memoria, o de…carácter, en 1995 el PRI con el apoyo del PAN aumentó de el antiguo 10% al 15% reciente el Impuesto al Valor Agregado (IVA), ahora fue la misma gata solo que revolcada de azul…el PAN con el apoyo del PRI sube el IVA del 15% al 16%, aparte 3% a telecomunicaciones esto es telefonía fija, telefonia movil, servicios de Internet, y televisión de pago, aumento a cerveza, cigarros y alcohol, aumento a gasolinas, todo esto para llenar un hueco presupuestal provocado por la crisis económica mundial si, pero agravado por la incompetencia del gobierno mexicano para hacerle frente, principalmente Felipe Calderón y Agustín “catarrito” Carstens, los impuestos y la cascada que generarán golpeará los bolsillos de los mexicanos, principalmente a las clases medias y pobres del país, a los grandes capitales y a los políticos que aprobaron dichos aumentos no les afectara, sus bolsillos no resentirán este ataque a la economía de los mexicanos comunes y corrientes.

Algunas voces de expertos, no de gente de la oposición han opinado al respecto: Robert Engle, premio Nobel de economíaSantiago Levy, vicepresidente de sectores y conocimiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El director de la maestría de Finanzas del Instituto Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México, Juan Luis Sherwell,Pero por supuesto los políticos, los gobernantes del PRIAN nunca escucharan a nadie.

Los políticos del PAN y del PRI confían en la pésima memoria de los mexicanos y en la fuerza de convencimiento de las televisoras para que de aquí a las elecciones del 2012 este agravio quede en el olvido y las muchachitas clasemedieras den su voto al PRI “por que Peña Nieto esta guapo” la gente más humilde cambien su voto por algunos obsequios y los dueños del dinero evadan el pago de impuestos reales desviando ganancias a través de Fundaciones o teletones.

No podemos llamarnos engañados, los que si tenemos un poco de memoria recordaremos que PRI y PAN o PAN y PRI o PRIAN responden a un modelo económico que data de Miguel de la Madrid, que tuvo en Carlos Salinas a su máximo líder y que Zedillo el último priista y Fox y Calderón, panistas, solo han continuado y que finalmente los priistas y sobre todo Salinas pretenden continuar por medio de Enrique Peña Nieto.

La doctrina, el sistema neoliberal está por encima de colores o siglas de partidos, es un proyecto económico pensado en proteger a los grandes capitales y a los políticos financiados por los mismos, es un proyecto que va más allá de colores siglas de partidos e incluso naciones, su inoperancia, su fracaso ya está demostrado a nivel mundial, sus principales promotores ahora reniegan de el, pero la dupla PAN - PRI o PRIAN comandados por Carlos Salinas y la mayoría de los medios de comunicación, principalmente las televisoras sigue en su defensa, por que este modelo, este sistema los ha enriquecido y los mexicanos olvidan y vuelven a votar por ellos.

Se puede tener hambre, perder la vida, la libertad, la fortuna, lo único que un ser humano no puede darse el lujo de perder es la dignidad.

¿Hasta cuando se pensara en la dignidad, hasta cuando se poseerá memoria, hasta cuando mexicanos?

jueves, 15 de octubre de 2009

Manual para canallas / Predicadores del odio

Predicadores del odio




Max se sentó y pidió una Bohemia sin siquiera saludarme, sólo asintió con la cabeza. Lo observé y supe que algo no andaba bien. Uno acaba conociendo mejor a los amigos que a la propia familia. Así que no me ofendí porque se guardara el apretón de manos
“¿Qué pedo, wey?”, solté con sutileza. “Nada, nada”. Shales, ese cabrón parecía novia ofendida a la que le preguntas “qué tienes” a sabiendas de que está molesta. “¿Y ahora qué te hizo tu vieja?”, suelo ser muy intuitivo. “Nada”, tomó la cerveza que le habían llevado y le dio un tremendo sorbo, “bueno, sí, ya me mandó a la chingada”. ¡Otra vez! “¿En serio? ¿Y ahora por cuantos días?”, fui sarcástico. Parecen chavitos de secundaria, que se enojan y se contentan, que se celan y se hacen chupetones en el cuello. “Creo que ahora sí es definitivo”, estaba más apesumbrado de lo habitual, “conoció a un tipo por internet”. Clásico, siempre habrá alguien mejor que tú en algún lado, que sólo está esperando la oportunidad de chingarte a la vieja. “Te lo dije, una mujer que se llama Pamela sólo puede estar destinada a hacerte sufrir”. Y sí, se lo había advertido. Pinches nombres zorrescos que les ponen los padres. Bueno, eso es un prejuicio, debo reconocerlo. Da lo mismo que se llame Casandra o Viridiana e incluso Jennifer. Una mujer está construida en serie y le insertan desde chavita el mismo chip que a todas. Por eso te miran con desconfianza e intuyen que lo único que deseas es llevártelas a la cama. Ya me imagino a las madres diciendo con tono serio “ya no hay hombres buenos, como tu padre”, aunque el culero de su jefe tenga un hijo fuera del matrimonio o aún frecuente a esa novia de la juventud que fue el-amor-de-su-vida. El caso es que Max, mi amigo, parecía apesumbrado por su Pamela. Yo sabía que tarde o temprano uno de los dos iba a acabar destrozado. A Pamela me tocó verla ebria, coqueteando con algún tipo en una fiesta mientras mi amigo iba por los hielos. Tampoco era un comportamiento extraño en una tipa que trabajó como hostess en una cantina disfrazada de restaurante.
-O-
Recuerdo que en una borrachera, Pamela me preguntó que si yo engañaría a su amigo. Puedo ser de lo peor, un pésimo hijo o un hermano poco solidario, pero hay códigos de honor que me gusta conservar intactos. “Nunca traicionaría a un amigo, ni siquiera por dinero o por viejas”, advertí. “Uy, pues qué aburrido, no que muy canalla”, ella frotó su pierna con la mía. Chingaos, no es lo mismo ser un desmadre que ser un ojete. Esa Pamela estará muy buena, pero no me inspira confianza. Incluso en una reunión se dejó besar por una chica, en la cocina de mi departamento, y cuando se dio cuenta que las había visto se sonrojó un poco para luego reírse como tonta. En corto, minutos más tarde, trató de explicarme que ella no era bisexual ni nada parecido. “Conmigo no tienes que justificar nada”, atajé, “es a Max a quien estás acostumbrada a rendirle cuentas”. Me suplicó que no le fuera a contar nada a mi amigo. Claro que no le diré nada, “aunque sepa que lo amas porque tiene auto del año” y su padre es dueño de unas cuantas farmacias el-muy-avaricioso. Se ofendió cuando se lo dije, aunque ambos sabemos que sus besos siempre se cotizarán alto. “Eres un idiota. Es más, haz lo que quieras, ya no me importa”, estaba segura de que mi cuate le perdonaría todo. A mí me caga la gente chismosa, además de que mi amigo tampoco es un tipo muy honesto que digamos. Me consta que tiene suerte con las viejas y sale con dos que tres, aunque el jure que como-Pamela-no-hay-ninguna y crea estar enamorado. Para qué carajos se complican la vida. Por qué ese pinche afán de tener novia, de amarrarse a esquemas ya desgastados. Eso sí se lo repito a cada rato. Por qué esa necedad de reportarse por teléfono y estar cuidando que no te vayan a checar los mensajes de texto porque se arma un pinche drama. El punto es que Max se emborrachó prometiendo que no la iba a buscar y que cuando supiera quién era el otro wey lo iba a madrear. Ajá, ¿y luego? Mis amigos suelen ser estúpidos. Yo sabía lo que seguía. Iría a buscarla, le haría una escenita y terminarían en el hotel. Ya había sucedido y seguiría sucediendo. “Ustedes dos acabarán casados”, traté de sonar apocalíptico. Y él muy imbécil me preguntó con esperanza: “¿Tú crees?”. Ya lo creo. Sonrió de una manera que me alarmó. Cada quien cava su propia desgracia. Bien dice Bukowski: “Hay suficiente traición, odio, violencia,/ necedad en el ser humano corriente/ como para abastecer cualquier ejército…/ y los que mejor odian son aquellos que predican amor”.
Roberto G. Castañeda
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jueves, 8 de octubre de 2009

Un maniquí en fragmentos / Manual para canallas

Un maniquí en fragmentos




Liliana llevaba casi una hora arreglándose, se quitaba un vestido, se ponía otro. El desgano no le sentaba nada bien. A mí me encantaba verla semidesnuda, pero aquello no era nada emocionante. “No tengo ganas de ir a esa fiesta con tus amigos”, me miró a través del espejo. “Y qué quieres hacer”, cuestioné



Ella levantó los hombros como diciendo no-tengo-idea. “Es que tus fiestas son muy aburridas”, Liliana siguió observándose en el espejo.—Supongamos que no vas. ¿Qué harás, entonces? ¿Ver telenovelas? ¿Leer el catálogo de Sears?Yo cerré los ojos y pensé que tenía razón, mis amistades no eran lo que se dice muy divertidas, al menos no para una chica de 24 años. Pero era el cumpleaños de mi jefe y apenas me acababan de dar un aumento de sueldo.—Es que se la pasan hablando de sus trabajos y siempre ponen música que no me gusta.Ella tenía cara de fastidio. De un tiempo a la fecha la relación se había estancado. Ella prefería salir con sus primas, emborracharse en Los Remedios, irse con su palomilla a los conciertos de grupos como Panda.


A Liliana la conocí en un coctel, iba con una amiga y parecía aburrida. No me costó mucho sacarla de allí para irnos a emborrachar a otro lado. Durante un tiempo funcionó como suelen funcionar esas cosas: le emocionaba conocer mi mundo. A mí me fascinaba casi toda ella. Y digo casi porque la lucidez no era precisamente uno de sus atractivos.


—Creo que deberíamos darnos un tiempo —se sentó frente a mí.Yo sabía lo que significaba eso. Uno: que fue educada por la televisión. Y dos: que seguramente ya tenía un pretendiente.—Si eso quieres —tomé el control remoto y le bajé al estéreo—, pero por favor no vayas a cambiar de parecer mañana.—¿Así nada más? –giró para observarme—, te pido que nos demos un tiempo y aceptas de volada. ¿Acaso no te importa nada? ¿No me amas?


Carajo, lo malo de la pasión es que no distingue los matices. Allí no hibernaba el amor, sólo la necesidad: las ganas de sentirse admirada, protegida, deseada. Pero a ella le daba por creerse el personaje de su minidrama. Y cuando se enfadaba la contentaba con un perfume. Y si estaba feliz me besaba como una princesa en la escena del vals. Y a veces se ponía en plan romántico y juraba que yo era el hombre de su vida. Pero a quién engañábamos. Ella no se iba a quedar para siempre. Y yo no soy un tipo que se cree lo que dictan las baladas.


—Tú eres la que ya no está a gusto –no había mucho que aclarar—, así que no hay mucho que objetar.
—Eres un cabrón –sus ojos anunciaban lágrimas.
—Y soy pésimo para el romance y reprobé artes dramáticas en la prepa –tomé otra vez el control, apreté un botón y subí el volumen porque sonó una rola de Coldplay que me gustaba mucho.
—Bien me dijo Pamela que me ibas a botar como si nada –su amiga no era precisamente la mejor consejera—, que todo te vale madres.


Si algo no soporto en ciertas mujeres es esa tendencia a ponerte a prueba. Debes demostrarles siempre lo mucho que te importan. No vale que un día antes les lleves flores, de nada sirve que una hora antes hayan hecho el amor como nunca. Siempre están pendientes de reafirmar que te tienen en sus manos. Necesitan saber que tu voluntad es suya aunque lo disfracen con frases como “a dónde quieras, aunque a mí gustaría…”


—Mira, Liliana, déjate de tonterías y toma una decisión. Si quieres que nos demos un tiempo sólo empaca lo necesario y no hagas drama. Y sí ya se acabó, olvida todo y cuando te vayas cierras con llave.
—¡Idiota! Te odio, te odio. Nunca me has querido –se fue a llorar a la recámara.


Guardé los cigarros, salí con toda la calma y apenas estaba doblando la esquina cuando sonó el celular. No contesté. Cuando llegué a la fiesta ya tenía cuatro llamadas perdidas y un mensaje de texto: “Seguro que la zorra de tu secretaria se alegrará de que llegues solo. Eso es lo que querías, ¿no?”.


Un par de horas después Liliana me volvió a llamar desde un antro: “Si creías que me iba a quedar a esperarte como una tonta, estás mal. Salí con mis amigas y no sé si voy a regresar”. No me dejó responder porque colgó de volada. Yo le llevé una Corona a la cuñada de mi jefe, una chavita con buena pinta y que tenía una plática interesante.


Como a las dos de la mañana, Liliana marcó otra vez. ¿Y ahora qué? “Mi amor, te extraño, ven por mí”, ya sonaba ebria. Me recordó a un maniquí con cuarteaduras en el alma. Carajo, el pinche diablo no se anda con mamadas. Cuando te invita al infierno te otorga una membresía sin restricciones. Le explique a Liliana que mi jefe apenas iba a apagar las velas de su pastel y colgué. “¿Tu esposa?”, preguntó mi nueva amiga. “No, es una ex novia que me extraña”, comenté adivinando el futuro. El telón de fondo era una canción de Zoé. Y yo le pregunté si le llevaba otra cerveza. Y su respuesta fue una promesa: “Pero si me emborracho tú me llevas a mi casa”. Ya no me importó que el celular sonara cada media hora, ni esa voz que dejaría un mensaje que ya me resultaba familiar: “Amor, perdóname por ser una tonta”. Y yo reconfirmé que si la suerte te guiña un ojo más vale que apuestes tu resto.


Roberto G.Castañeda
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martes, 6 de octubre de 2009

Calderón y el "nuevo" PRI

Calderón y el "nuevo" PRI



El PRI trata de mantener la duda del sentido de su voto en el Congreso respecto al paquete económico de Calderón, pero según se desprende de las acrómiones que están realizando dirigentes, coordinadores de su fracción en el congreso y los Gobernadores de ese partido, todo indica que apoyarán las propuestas de Calderón con una ligera "maquillada" para evitar que el descontento de la población les reste votos en sus aspiraciones para 2012, esto es, al darse cuenta de lo impopular del pretendido aumento del 2% al consumo generalizado, incluidos alimentos y medicinas, presentaran al gonierno una propuesta alterna, no se contemplará ese 2% lo trasladarán a otros rublos esperando que la población no se de cuenta, y esperan lograrlo ya que en los próximos días se dará un ambiente propicio para distraer a la población, este ambiente estará encabezado por la calificación de la selección de fútbol al mundial y así aprovecharán para aplicar los aumentos para que sea, una vez más el pueblo, quien pague errores y crisis, ya anteriormente el PRI logró que se aumentara de 10% a 15% el impuesto al valor agregado (IVA) y para lograrlo contó con el apoyo del PAN en el congreso, ahora les corresponde pagar ese apoyo, lo que demuestra que al margen de colores y siglas, con PRI y PAN lo que realmente gobierna en México es el sistema neoliberal, quien lo encabece es lo de menos lo importante para ellos es mantenerlo.

La propuesta de Calderón de darles el dinero ahorrado por los trabajadores mexicanos y administrado por las AFORE a los empresarios, ya se han dado comentarios entre legisladores del PRI en el sentido de apoyar esta propuesta, una vez más mediante aumentos de impuestos, FOBAPROA, rescates carreteros y robo a los ahorros de los trabajadores, será el pueblo, la clase trabajadora, los que menos tienen, quienes cargarán con el costo de la crisis, los errores del gobierno y sus recursos puestos al servicio de la la ambición desmedida de particulares.

viernes, 2 de octubre de 2009

Para reflexionar II...Así gobierna el PAN, se llama Jacinta

Así gobierna el PAN, se llama Jacinta





El 26 de marzo de 2006 seis agentes federales de investigación, sin uniforme y sin orden “decomisaban” mercancía supuestamente pirata en el tianguis del centro de Santiago Mexquititlán. En un momento dado alguien pidió una orden para el decomiso. Entonces comenzó la tensión. No siempre resulta tan claro que el momento en el que la impunidad se rompe, tiene la necesaria implicación de que la justicia está ausente desde hace mucho tiempo.
Llegaron el agente del Ministerio Público Federal (MPF) con sede en San Juan del Río, Querétaro, el licenciado Gerardo Cruz Bedolla, y el jefe regional de la AFI, Omar Evaristo Vega Leyva. En la plaza principal del pueblo hablaron con los comerciantes. Los funcionarios aseguraron que los agentes habían cometido un error y que iban a responder por los destrozos y daños causados por los policías federales. Tras un estira y afloja cada vez más tenso el jefe de la AFI y el MPF, incapaces de demostrar la legalidad de la acción, ofrecen que uno de los agentes permanezca en el lugar en lo que traían el dinero para pagar lo decomisado irregularmente, en virtud de que por alguna razón ya no tenían la mercancía original.

Según los testimonios que ha recopilado la defensa de Jacinta [el Centro de derechos humanos Fray Jacobo Daciano (CDH/FJD), de Querétaro, y el Centro de derechos humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh)] sobre los hechos de ese día, tres horas después, los elementos de la AFI arribaron al pueblo acompañados de policías pertenecientes a otras corporaciones. Con ellos llegó un fotoperiodista del diario Noticias de Querétaro. Cuando llegaron los agentes, los comerciantes afectados, junto con las demás personas que protestaban contra los abusos cometidos, dialogaron en relación a los pagos. Todo esto estaba ocurriendo en el puro centro del pueblo.

"Mis amistades y familiares me dicen Jacinta ya eres bien famosa, pero la verdad yo no quería... ¡ellos me hicieron!". Y así ella, la indígena otomí que injustamente fue encarcelada en el reclusorio femenil de San José el alto en el estado de Querétaro, ríe, se ríe de su desgracia y dejó atrás tres años de tristeza y llanto en prisión. "Allá dentro en las cárceles, hay muchas casas Jacintas y madres inocentes"."Al principio lloré mucho, todos los día lloraba. Que Dios me perdone, pero sentía odio y hasta deseo de venganza. Luego cuando supe que podía salir, fue diferente, me metí al taller de trabajo para pasar más rápido los días" ."Hubo custodias que maltrataron, yo lloraba y me la pasaba sin comer. Pero al fin estoy libre".

Jacinta ¿Secuestradora?

Jacinta Francisco Marcial de 42 años de edad es madre de una otomí cuyos integrantes de distintas maneras buscan lo que cualquier persona: subsistir y compartir eso con los suyos. Junto con su esposo,Guillermo, Jacinta trabajaba en el negocio familiar de nieves y aguas. La tarde del 26 de marzo de 2006 Jacinta, quien no hablaba bien español, cuidaba su puesto de aguas mientras otros comerciantes se confrontaban con los AFI. Cerca de la hora en que en el centro del pueblo se daba el movimiento más intenso, Jacinta fue a aplicarse una inyección a la farmacia. Camino a su puesto, tras administrarse su medicamento, el borlote, el bullicio, el gentío, llamaron su atención y se acercó a ver. Mientras echaba un vistazo a los sucesos un fotógrafo del diario Noticias de Querétaro imprimió una gráfica que fue publicada ilustrando los hechos, en la que Jacinta aparecía. A partir de esa “prueba” y sin que se le notificará nunca el hecho, Jacinta fue acusada de secuestro. Una tarde, más de cuatro meses después, unas personas buscaron a Jacinta en su casa y empezaron a confundirla. Le dijeron que tenía que acompañarlos por un asunto de una poda de árbol. Sin entender qué estaba sucediendo Jacinta fue subida a un vehículo sin identificación oficial que la llevó al Juzgado IV de Distrito del Estado de Querétaro. Jacinta estaba estupefacta. La estaban llevando unas personas lejos de su familia por un árbol del que ella no sabía nada. Entendiendo aquello que su sagacidad le revelaba en esa lengua, el español, al mismo tiempo familiar y extraña. Inaccesible como la razón por la cual de pronto la metieron en un salón lleno de reporteros que empezaron a fotografiarla sin el menor pudor. Como si no valiera por ser lo que es: mujer, indígena, pobre. De nuevo las cámaras vulneraban no sólo la dignidad de Jacinta, sino la de todos los suyos, declarándola culpable sin proceso ni posibilidad real de defensa. Sólo que además ahora le estaban robando la vida, pues sin acabar nunca de comprender cómo ni porqué se encontraba detenida, ese día, 3 de agosto de 2006, Jacinta nunca lo olvidará, porque costó más de 3 años de su vida

Jacinta Francisco Marcial fue condenada por el secuestro de seis miembros de la Agencia Federal de Investigación (AFI) que entraron vestidos de civil en un mercado de la localidad de Santiago Mexquititlán, en el estado central de Querétaro, en un operativo en busca de drogas y DVD piratas.

Las autoridades que cometieron este abuso fueron autoridades federales de finales del sexenio panista de Vicente Fox, el atropello continuó durante los tres años que van del sexenio del también panista Felipe Calderón y el Estado en donde se dieron los hechos gobernado por el PAN.

Si tres mujeres mayores, otomis que apenas hablan español sometieron a seis agentes federales armados y adiestrados, ¿no sería conveniente para el gobierno federal contratar para su lucha contra los narcotraficantes a estas mujeres y algunas más de ellas para obtener resultados satisfactorios contra los narcotraficantes, secuestradores y demás delincuentes que trabajan impunemente?

La autoridad federal fue cuestionada respecto de una posible indemnización a Jacinta y la respuesta es que no habrá tal, para ellos no merece indemnizarse por carecer de valor la vida perdida del pueblo, los medios electrónicos no han hecho mucho ruido con este caso, quizás sea por el color de piel de Jacinta, por ser otomí, por ser pobre o por no apellidarse Martí, Vargas o Wallace, que si bien merecen la atención y respeto por ser víctimas de delincuentes, también Jacinta lo merece por ser víctima de delincuentes investidos de autoridad.

Para reflexionar I...Mentiras, +mentiras +mentiras y ahora ¿atraco de Calderón?

Mentiras, +mentiras +mentiras y ahora ¿atraco de Calderón?



Aparte de lo deteriorado de la economía de la mayoría de los mexicanos, aparte de que son quienes cargan con el peso de la crisis, aparte de que el gobierno panista de Felipe Calderón nunca los ha tomado en cuenta y solo los utilizó con la ayuda de empresarios y medios de comunicación principalmente Televisa para llegar al poder "haiga sido como haiga sido", aparte de mentirles en cuanto a que tendrían un país estable y generaría millones de empleos, aparte de tanta mentira, ahora pretende robarles el producto de su trabajo.

Felipe Calderón anunció un paquete de reformas legales para facilitar la inversión en obra pública. Entre las iniciativas se encuentra una para que hasta 125 mil millones de pesos de las Afore se destinen mayoritariamente a esos proyectos, propuesta que él mismo había descartado hace mes y medio.

Respecto al planteamiento de que las Afore se puedan invertir en acciones de empresas que lleven a cabo obra pública, Calderón expuso que, “como ocurre en la mayoría de las economías avanzadas”, las pensiones se podrían invertir en instrumentos colocados por empresas del sector de infraestructura en la Bolsa Mexicana de Valores con el fin de que éstas obtengan los recursos que necesitan para desarrollar sus proyectos. A cambio, “los trabajadores van a obtener rendimientos mucho más atractivos”, aseguró.

Los recursos de las pensiones no pueden ser utilizados para el gasto del Gobierno o de las entidades federativas. Para hacer frente al problema económico del próximo año, se analiza ampliar la recaudación de impuestos y la drástica reducción del gasto público, señaló Felipe Calderón apenas en agosto pasado de viaje por Uruguay.

“Para poder mantener la salud de las finanzas públicas y no poner en riesgo la estabilidad económica, los fondos que tenemos reservados para pensiones tienen que ser utilizados para pensiones. Es su derecho y sería impensable quitarle el dinero a los trabajadores en retiro para dárselo al gasto del gobierno federal o de las entidades”.

¿Por fin? ya basta de mentirle a los mexicanos, licenciado Calderón

Por si no fuera poco el peso de la crisis que ha causado pérdidas a esos ahorros ya que aun cuando los trabajadores que cotizan a la seguridad social realizaron en mayo aportaciones a su fondo de pensión por 10 mil 700 millones de pesos, el saldo neto sólo se incremento en 7 mil millones de pesos, destacó Banamex. Esto significó una pérdida de 37.4 por ciento de los fondos aportados en el periodo, prácticamente cuatro de cada 10 pesos.

Veremos si el congreso mayoritariamente del ¿nuevo? PRI, apoya este robo, si los diputados del PRI liderados por el salinista Francisco Rojas vende o trueca el voto de ese partido apoyando el pretendido atraco, si el PRI lo hace seguramente lo secundará su aliado el Partido Verde, el PAN definitivamente apoyará a Calderón en esta y cualquier propuesta que haga por descabellada que sea, ya sabemos para quien se gobierna con el PAN, veremos para quién se legisla con los demás partidos.

2 de octubre no se olvida

2 de octubre no se olvida





El 2 de octubre de 1968 es una fecha que no perdura sólo en la memoria de sus protagonistas, sino que ya forma parte de la historia. Ese día el movimiento estudiantil fue reprimido de la forma más sangrienta, cruel y cínica posible en la llamada Matanza de Tlatelolco. Más de cuarenta años después, el sistema, los partidos PRI y PAN, todavía esconden muchos detalles de lo que pasó, empezando por el número exacto de los muertos. Desde el principio la maquinaria del poder se puso en marcha para ocultar, confundir, traspapelar y borrar información. Los responsables de aquella matanza, programada al detalle con días de antelación, nunca han sido juzgados, a pesar de que en 1993 una Comisión de la Verdad investigó lo ocurrido, actualmente se sabe mas que a unas horas o días después de esa fecha negra de la historia de México. Y no por que el gobierno o las autoridades hayan permitido o decidido permitir que se sepa mas, sino por la constante lucha y reclamos sociales.


MEMORIAL DE TLATELOLCO

La oscuridad engendra la violencia
y la violencia pide oscuridad
para cuajar el crimen.
Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche
para que nadie viera la mano que empuñaba
el arma, sino sólo su efecto de relámpago.

¿Y a esa luz, breve y lívida, quién?
¿Quién es el que mata?
¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?
¿Los que huyen sin zapatos?
¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?
¿Los que se pudren en el hospital?
¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?

¿Quién? ¿Quienes? Nadie.
Al día siguiente, nadie.
La plaza amaneció barrida;
los periódicos dieron como noticia principal
el estado del tiempo.
Y en la televisión, en el radio, en el cine
no hubo ningún cambio de programa,ningún anuncio intercalado ni un
minuto de silencio en el banquete.
(Pues prosiguió el banquete.)

No busques lo que no hay: huellas, cadáveres
que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa,
a la Devoradora de Excrementos.
No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.

Más he aquí que toco una Haga: es mi memoria.
Duele, luego es verdad.
Sangre con sangre y si la llamo mía traiciono a todos.
Recuerdo, recordamos.
Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca
sobre tantas conciencias mancilladas,
sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta,
sobre el rostro amparado tras la máscara.
Recuerdo, recordemos hasta que la justicia
se siente entre nosotros.

Rosario Castellanos.


(Del libro La Noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska)

jueves, 1 de octubre de 2009

La tristeza es un arma humeante / Manual para canallas

La tristeza es un arma humeante




Mi vecina escuchaba la K Buena a todo volumen, como todos los días, y yo tenía ganas de vomitar por cualquier cosa. Me dolía la cabeza, aún sudaba alcohol después de una noche de juerga que incluyó escala en el Salón Sol y el Dos Naciones
El alcohol gobierna mis noches cuando me da por sabotear el sentido común. Mis amigos son más borrachos que yo, me repito cada que los veo en el desmadre, pero seguro ellos dicen lo mismo de mí. Según yo, soy buen bebedor, porque nunca acabo tirado ni me vomito en los retretes, pero eso es otra mentira: si supiera beber no llegaría a casa con la cartera vacía de tanto invitar tragos, ni besaría a mujeres extrañas a espaldas de sus novios. Una vez hasta nos sacaron del Río de la Plata por armar tanto desmadre. El pinche Gonzalo tuvo la culpa por mandarle una cerveza a una chava guapa de otra mesa. La vieja se sintió halagada y hasta agradeció el gesto con una sonrisa, mientras sus amigas cuchicheaban. Ya luego llegó el novio y no faltó la chismosa que le contó que un idiota —seguro empleó esa palabra— andaba perreando a su chica. Poco después, cuando Gonzalo salía del baño el tipo lo empujo como “por accidente”. Mi amigo se sacó de onda y sólo lo miró con extrañeza. Aquel pendejo le reclamó: “a ver si te fijas por dónde caminas, idiota”. A mí me dio risa esa mamada. Gonzalo se disculpó al sentirse abrumado. Algunos de mis cuates son muy imbéciles. “¡Qué!”, el buscapleitos se envalentonó ante la inseguridad de Gonzalo, “¡qué dijiste!”, insistió. Me acerqué y lo tome del hombro: “Dijo que Roberto sí te parte tu madre, cómo ves”. Estaba de mi forje, así que le fui midiendo la tesitura al reto. “¡Tú no te metas, pendejo!”, me empujó como nena. Le di un cabezazo en la frente, nomás por mala puntería porque yo quería romperle la nariz. Su mirada era de terror y no había forma de abrirse sin quedar en ridículo. Las viejas gritaban, algunas botellas de cerveza se estrellaron contra el suelo. “A ver, putito, vamos a ver si aprendí algo viendo pelis de Jackie Chan”, ya no pude darle otro madrazo porque me cayeron encima dos weyes de seguridad, que me sacaron con facilidad no sin antes advertirme que ya no era bienvenido en ese lugar. Al otro tipo lo “guardaron” un rato adentro, mientras su novia seguramente le agarraba su carita y le decía “pobrecito”. Pinche puto. Mis amigos, que también son medio putos, salieron poquito después de pagar la cuenta. Fabrizio me reclamó por mi mala puntería. Y su chava traía una jeta de wey-me-quemas-en-sociedad. Gonzalo me dio las gracias aunque, fiel a su tibieza, comentó que no era para tanto, que debo controlar mi carácter. Y El Maruchan, que se llama Aldo, no dijo nada, sólo encendió un cigarrillo y me invitó una calada porque ya era el último.
-O-
Fabrizio y su vieja se cortaron. Los demás nos fuimos a seguirla a otro lado. Siempre era lo mismo, necesitábamos beber para curar derrotas, para olvidar todo y acaso nada más para que sucediera algo. Y como siempre, acabamos lo suficientemente ebrios para regresar a casa en taxi y jurar a la mañana siguiente que no volveríamos a beber de esa forma. Yo prefería eso a que quedarme en casa jugando FIFA 09 en línea, con rivales pésimos. Siempre me he preguntado por qué bebo de esa manera. La respuesta ha ido variando a lo largo del tiempo. Mi madre dice que mi padre tiene la culpa, bueno, la ausencia de mi padre. Mis tíos coinciden en que “viene de familia”. Mi psicóloga, a la que sólo visité un par de veces, señaló con tono docto que el rencor y el odio son los motores de mis desvaríos. Yo no soy tan conmiserado. Bebo porque me gusta, sólo por eso. Y no pongo de pretexto la tristeza, ni la euforia, ni nada parecido. Bebo porque soy alcohólico y eso no es para sentirse orgulloso. Pero eso a quién chingados le importa. Beber es como escribir, sólo lo haces porque te gusta. Y no faltará el idiota que salga con su mamada de “¿quién te dijo que sabes escribir?”. No, yo no he dicho eso, sólo dije que me gusta. Y soy malo para beber y para escribir y para muchas cosas más, como para apostar en mi contra. Y hasta para coleccionar canciones de autores que muchos ni conocen. La tristeza es un arma humeante y yo soy un esqueleto roído por la melancolía, soy un número en la nómina, soy un tonto por creer que no me olvidarás. Bien dice Mikel Erentxun: “Mis grandes éxitos son todo lo que no he llegado a ser./ Mis grandes éxitos son todo lo que quiero que me des,/ un segundo contigo y después ya se verá,/ siempre queda mucho por hacer…/ ¿Cuántos años llevo aquí?, ¿cuántos me pueden quedar?,/ ¿cuál es el precio exacto de la sinceridad?,/ ¿quién se acordará de ti?, ¿quién te volverá a escuchar?”.
Roberto G. Castañeda
Manual para canallas
El Gráfico
Reflexiones, Cuentos, Historias, Poesía y las historias de Manual para canallas encuéntralas AQUÏ

La tristeza es un arma humeante / Manual para canallas


La tristeza es un arma humeante






Mi vecina escuchaba la K Buena a todo volumen, como todos los días, y yo tenía ganas de vomitar por cualquier cosa. Me dolía la cabeza, aún sudaba alcohol después de una noche de juerga que incluyó escala en el Salón Sol y el Dos Naciones


El alcohol gobierna mis noches cuando me da por sabotear el sentido común. Mis amigos son más borrachos que yo, me repito cada que los veo en el desmadre, pero seguro ellos dicen lo mismo de mí. Según yo, soy buen bebedor, porque nunca acabo tirado ni me vomito en los retretes, pero eso es otra mentira: si supiera beber no llegaría a casa con la cartera vacía de tanto invitar tragos, ni besaría a mujeres extrañas a espaldas de sus novios. Una vez hasta nos sacaron del Río de la Plata por armar tanto desmadre. El pinche Gonzalo tuvo la culpa por mandarle una cerveza a una chava guapa de otra mesa. La vieja se sintió halagada y hasta agradeció el gesto con una sonrisa, mientras sus amigas cuchicheaban. Ya luego llegó el novio y no faltó la chismosa que le contó que un idiota —seguro empleó esa palabra— andaba perreando a su chica. Poco después, cuando Gonzalo salía del baño el tipo lo empujo como “por accidente”. Mi amigo se sacó de onda y sólo lo miró con extrañeza. Aquel pendejo le reclamó: “a ver si te fijas por dónde caminas, idiota”. A mí me dio risa esa mamada. Gonzalo se disculpó al sentirse abrumado. Algunos de mis cuates son muy imbéciles. “¡Qué!”, el buscapleitos se envalentonó ante la inseguridad de Gonzalo, “¡qué dijiste!”, insistió. Me acerqué y lo tome del hombro: “Dijo que Roberto sí te parte tu madre, cómo ves”. Estaba de mi forje, así que le fui midiendo la tesitura al reto. “¡Tú no te metas, pendejo!”, me empujó como nena. Le di un cabezazo en la frente, nomás por mala puntería porque yo quería romperle la nariz. Su mirada era de terror y no había forma de abrirse sin quedar en ridículo. Las viejas gritaban, algunas botellas de cerveza se estrellaron contra el suelo. “A ver, putito, vamos a ver si aprendí algo viendo pelis de Jackie Chan”, ya no pude darle otro madrazo porque me cayeron encima dos weyes de seguridad, que me sacaron con facilidad no sin antes advertirme que ya no era bienvenido en ese lugar. Al otro tipo lo “guardaron” un rato adentro, mientras su novia seguramente le agarraba su carita y le decía “pobrecito”. Pinche puto. Mis amigos, que también son medio putos, salieron poquito después de pagar la cuenta. Fabrizio me reclamó por mi mala puntería. Y su chava traía una jeta de wey-me-quemas-en-sociedad. Gonzalo me dio las gracias aunque, fiel a su tibieza, comentó que no era para tanto, que debo controlar mi carácter. Y El Maruchan, que se llama Aldo, no dijo nada, sólo encendió un cigarrillo y me invitó una calada porque ya era el último.