jueves, 27 de febrero de 2014

Manual para Canallas / Los que pensamos con el corazón

 
Los que pensamos con el corazón
 
 









Me cansé de perseguir imposibles. Hubo un tiempo en que me interesaba una chica a la que le interesaba otro tipo. Ella iba y venía de él. Cuando la dejaban, se refugiaba un poco conmigo. Ni ella era feliz, como tampoco yo. Hasta que me harté de pensarla con el corazón.

Los que pensamos con el corazón ni nos damos cuenta que un maldito cuervo nos picotea las arterias. Y así andamos a todas horas, con algo de incertidumbre, como cuenta Dante Guerra: “Tengo un maltrecho corazón/ que no sabe de horas hábiles,/ que se niega a entrar en razón./ Y te echa de menos en el almuerzo,/ cuando deambulo por la calle,/ o si hago mi declaración de impuestos./ Tengo un maldito corazón/ que se hace el ciego o el sordo,/ que me tira de a loco,/ que no tiene horario/ ni alguna restricción./ Tengo un corazón blando/ que es alimento de los cuervos/ que me vigilan los desvelos./ Sí, la parvada de cuervos/ que pasaste a dejarme/ aquella tarde que te largaste/ sin advertirme que tu recuerdo/ no tiene fecha de caducidad”.

Los que pensamos con el corazón somos unos tontos, persiguiendo imposibles, hurgando en las sobras como si fuéramos vagabundos. Los que pensamos con el corazón nos enamoramos de mujeres que se enamoran de otros más cretinos. Y algunas noches, mientras viajamos en Metro o caminamos como si nada, escuchamos en el iPod las canciones que nos recuerdan algo. Y suspiramos como idiotas y renegamos de todo por cualquier cosa. Es curioso, pero las canciones te han enseñado más sobre la vida que muchos maestros. Todas las canciones nos dicen algo, el chiste radica en buscar relámpagos que te iluminen, ciertas frases que te hagan mejor. Es curioso, pero acabo de retomar un disco que me marcó en momentos de confusión. Y la letra de “Romper la voz” fue un himno durante mucho tiempo: “Esta noche no tengo ganas de callar. Esta noche puede pasar todo en este bar. Esta noche estoy a punto de estallar. No creo ya lo que hay pintado en la pared. No creo ya el mismo rollo otra vez. No estoy para sonrisas de salón. Déjame gritar mi rabia, déjame”. Y sí, cuando eres joven, soñador y estúpido, buscas señales que te salven aunque sea temporalmente. Quizá no podrás escapar por siempre, pero te habrás salvado de los peores momentos. Cuando has crecido en la miseria, te rodean jaurías de miedos, manadas (dije manadas) de incertidumbres, así que buscas las armas que te ayuden a sobrevivir a los malos tiempos, a tus enemigos más recurrentes, al abandono en que te han dejado, a la indiferencia de tus padres, al desamor de las que se enamoran de otros. Y sí, crecerás incompleto, carente de afectos, pero intentarás no volverte un idiota, un permanente fracaso o un triste derrotado. Y esta noche no tienes ganas de callar, como dice Patrick Bruel.


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“Los amigos se van, los otros se quedan. Me he dejado juzgar por los comemierda. Encuentros fallidos, tiempo que se quema. Jóvenes cansados, viejos que esperan. Flashes que nos ciegan desde el televisor, bufones que imponen el color del amor. Vagar por la ciudad sin sentirse mejor y ese miedo sin fin y ese puto dolor”, canta Bruel. La confusión puede vivir contigo mucho tiempo y nadie tiene un instructivo que te ayude a construir una mejor versión de ti mismo. Tienes que arreglártelas para sentirte vivo, para no crecer como un zombi sin voluntad propia, sin ideas que valgan la pena. Los amigos te pueden influenciar de la mejor o la peor manera, ya tú sabrás elegir lo que más te convenga. Y te equivocarás mil veces, tropezarás más de lo que deseas, pero es la única forma de comprender que el mundo no está en tu contra, que tu destino no está trazado por un dios mezquino o arrogante. Sí, es verdad que en ocasiones te sentirás abandonado en el traspatio, igual que la bicicleta de tu infancia, pero tú eres mucho más que fierros retorcidos u oxidados. Tienes un corazón en el que habita el fuego interno, el coraje que no te dejará darte por vencido. Y tomarás la guitarra, postergarás las lágrimas, te aferrarás a ese sentimiento que lucha por ser valorado, aunque haya gente que se empeñe en manipularte. Lo relevante es desgarrarse la voz, levantar la mano, no quedarse callado, defender tus ideas, atesorar tus principios, ser honesto contigo mismo y el crítico más duro de tus defectos: “Chicas de la noche, las que huyen del sol, y un revolcón con ellas lo llamamos amor. La vergüenza maldita que el espejo devuelve, reflejando el vacío y un perdón urgente. Ver a un niño sufrir, a un hombre llorar y tener que admitir tanta mediocridad. Canciones que nacen como un grito feroz desgarran mi garganta hasta romper la voz”.


-O-


Los que pensamos con el corazón dejaremos amigos en el camino, algunos amores imposibles, muchos recuerdos que un día se extinguirán, un álbum de fotos que no querremos volver a mirar, pero guardaremos las canciones, los libros que han sido como faros. Quizá no habrá muchas victorias por celebrar, pero un día llegaremos a tierra firme con la convicción de haber sobrevivido. Y los poemas nos hablarán al oído y las musas se rebelarán ante nuestros desvaríos. Y no, seguramente no seremos los mejores tipos del mundo, pero de menos seremos coherentes con nosotros mismos. Y tendremos derecho a mirar a los ojos y odiar a los corruptos y maldecir a los cretinos. Y seremos solidarios con los desprotegidos y críticos con los poderosos. Y no volverán a engañarnos más porque habremos crecido a la sombra de falsas esperanzas y discursos podridos de los presidentes más grises o los políticos sin escrúpulos. Y cada mañana nos levantaremos con ganas de que este país encuentre un revulsivo, pero convencidos de que la mejor revolución empieza por uno mismo. Y sí, como dictan los himnos verdaderos, hay que desgarrarse la voz y gritar que tú no estás podrido. Ya lo decía Joaquín Sabina: “hay que ser un rojazo, no un rojillo con diminutivos…”. Y sí, los que pensamos con el corazón estamos más cerca de las barricadas, somos solidarios, juzgamos a los corruptos, maldecimos a los deshonestos y levantamos el puño en las marchas. Los que pensamos con el corazón, que está a la izquierda, no simpatizamos con los gobiernos de derecha. Los que pensamos con el corazón nos enamoramos de imposibles y nuestras ideas y nuestras letras no son como una parvada de palomas, sino como un revolotear de cuervos.



Roberto G. Castañeda

Manual para Canallas
El Gráfico

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