viernes, 28 de marzo de 2014

Objeciones de la Memoria / Ni a los talones

Ni a los talones
 
 








Los programas sociales de Enrique Peña Nieto no le llegan ni a los talones a los aplicados por Andrés Manuel López Obrador en su gestión como jefe de gobierno del DF. Mientras Peña simula y juega a administrar la miseria, Andrés Manuel desplegó un esfuerzo histórico que se tradujo en beneficios palpables como la pensión universal ciudadana, la entrega gratuita de útiles escolares y la entrega de vivienda nunca antes vista en la capital del país, por mencionar sólo algunas acciones.

Cuando López Obrador implementó los primeros pasos para llevar a cabo estos nuevos programas sociales, el PRI y el PAN se escandalizaron. Dijeron que las finanzas de la ciudad no aguantaría la carga económica que representaría la puesta en marcha de este plan. Les parecía increíble que un gobernante pusiera en el centro del debate político la atención a la pobreza y, peor aún, que se ocupara realmente del problema.

Finalmente, Andrés Manuel logró echar a andar programas como la pensión a adultos mayores sin que esto se tradujera en endeudamiento para la ciudad ni en incremento de impuestos, ya que su financiamiento partió de la instauración de una política de austeridad inédita: los salarios de los altos funcionarios bajaron, desaparecieron gastos superfluos y se controló como nunca el uso de los recursos materiales de la administración capitalina.

Más aún, acciones como la entrega gratuita de útiles y la pensión a adultos mayores se convirtieron en nuevos derechos para que llegaran a todas las personas y evitar que los vaivenes políticos pusieran en riesgo estas nuevas conquistas.

En cambio, Peña Nieto aumentó los impuestos con el pretexto de echar a andar programas como el seguro de desempleo y ahora pretende que este seguro se financie con el dinero de los propios trabajadores, con el 60% de sus aportaciones al fondo de vivienda del Infonavit.

Así no hay ningún beneficio, al contrario. Cancelan la posibilidad de que los empleados accedan a un crédito del Infonavit para comprar un departamento de interés social a cambio de un seguro mediante el cual recibirán una ayuda económica durante seis meses, y los afiliados al Seguro Social sólo podrán acceder a este beneficio una vez cada cinco años.

El impacto positivo del seguro de desempleo como lo plantea el gobierno será ínfimo y el costo resultará gigantesco. No es un derecho nuevo que se agrega a los ya existentes. Es la destrucción de un derecho para crear un programa.

López Obrador demostró hace más de una década que se pueden generar nuevos derechos sociales sin destruir los ya existentes y sin aumentar impuestos. Por eso decimos que las políticas sociales del actual gobierno federal no le llegan ni a los talones a las que aplicó AMLO en esta ciudad.



Martí Batres Guadarrama

Objeciones de la Memoria

Gran Angular / ¿Regresará la censura?

 
¿Regresará la censura?
 
 









La iniciativa de Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión (LFTR) sugiere el regreso de formas más explícitas de censura, lo que afectaría el ejercicio de libertades fundamentales como la de expresión. Por otro lado, no obstante, plantea un avance, aunque insuficiente, en cuanto a la protección de los derechos de las audiencias.

La propuesta abunda en la regulación de contenidos y dota de más facultades a la Secretaría de Gobernación con lo que, en los hechos, se incorpora una inevitable carga política en esa tarea. Esto, para investigadores y analistas como la doctora Alma Rosa Alva de la Selva, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, representa un grave retroceso, pues se regresa a la instancia encargada de la política interior el papel de censor que existió en los años más intensos del autoritarismo priísta, que se había acotado en las administraciones del PAN cuando se transfirió a la Secretaría de Educación Pública el control orgánico-administrativo, no de contenidos, de los medios de comunicación públicos.

Por supuesto que en la iniciativa de LFTR hay conceptos y valores incuestionables cuyo cumplimiento se debe hacer valer a los concesionarios de radio y televisión, pero otros, retrógrados, incorporan supervisiones que darán lugar a que se hagan interpretaciones muy amplias que podrían traducirse en limitaciones a las libertades de expresión y manifestación.

Tal es el caso, por ejemplo, del párrafo octavo del artículo 218, que dice que tocará a la Segob vigilar que las transmisiones de radio y TV se mantengan dentro de los límites señalados por esta ley de respeto a la vida privada, a la dignidad personal y a la moral, y el no ataque a derechos de terceros ni la provocación para que se cometa algún delito o se perturbe el orden público; o de los párrafos segundo y tercero del artículo 227, que obligan a evitar transmisiones contrarias a los principios de paz, no discriminación y de respeto a la dignidad de todas las personas, o evitar contenidos que estimulen o hagan apología de la violencia.

En sentido estricto, se trata de temas que, sin duda, deben cuidarse, pero ya puestos a interpretarlos, podrían generar desviaciones.

¿Caer en esos supuestos sería, por ejemplo, transmitir información periodística de protestas sociales legítimas o dar cuenta de los niveles de inseguridad y violencia en los que se desangra el país?

Por lo pronto, habrá que esperar una reglamentación más minuciosa en materia de contenidos, a la que obliga el artículo quinto transitorio de la iniciativa de LFTR.

Ésta, por otra parte, retoma los límites marcados en la legislación vigente a la transmisión de espacios publicitarios: no más de 18% del total del tiempo en la TV comercial y no más de 40% en radio. Sectores, sobre todo de la academia, esperaban que esos porcentajes se redujeran en beneficio de la audiencia, mientras que a los concesionarios les siguen pareciendo porcentajes excesivos.

La iniciativa de LFTR gana, sin embargo, en otros aspectos que, por cierto, nada gustan a los concesionarios:

1. La defensoría de la audiencia a la que éstos últimos quedarían obligados y cuya función sería: recibir, documentar, procesar y dar seguimiento a las observaciones, quejas, sugerencias, peticiones o señalamientos de las personas que componen la audiencia. Los defensores de audiencia serían designados por cada concesionario por el periodo que consideren pertinente. Tanto el defensor de la audiencia como el respectivo código de ética deberán quedar inscritos en el Registro Público de Concesiones. Éste sería el mecanismo para garantizarle a la audiencia contenidos plurales en los que se diferencie, con toda claridad, la información noticiosa de la opinión de quienes la presentan, y la publicidad del contenido del programa.

2. El ejercicio del derecho de réplica, que la iniciativa reconoce y reglamenta pero sin abundar en sus procedimientos.

Ambos elementos se contraponen al criterio de autorregulación con que los concesionarios han atendido estos temas.

En la próxima entrega: la nueva cadena del Estado, los tiempos oficiales y la Ley del Sistema Público de Radiodifusión en México.



Raúl Rodríguez Cortés

Gran Angular
El Gráfico

jueves, 27 de marzo de 2014

Babylonia Forum • Catolicadas - Quinta Temporada Capítulo 8 - Amor sin fronteras

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Manual para Canallas / Vivir en territorio apache

 
Vivir en territorio apache
 











Siempre me daban tristeza las mudanzas. Empacar y dejar atrás infinidad de historias, los amigos de la infancia, las mascotas del vecindario, las niñas a las que les invitaba un gansito y el Boing de triangulito.

Hace ya tanto tiempo que poco a poco voy olvidando los detalles, pero no esta frecuente sensación de corazón errante. Nunca echamos raíces, íbamos de aquí para allá y de una colonia a otra, perseguidos por los apuros económicos de mi madre. A veces durábamos sólo unos meses en una vecindad, pero otras ocasiones pasaba un año y parecía que por fin habíamos encontrado un sitio confortable. Y sucedía algo que echaba todo por la borda: mi hermano atropellaba a una gallina con la bicicleta o yo me peleaba con el nieto del arrendador. Y hartos de nuestras travesuras, los dueños le ponían un ultimátum a mi jefa: tiene hasta fin de mes para irse. Caray, mi madre con tantas preocupaciones y encima de todo nosotros nos comportábamos como unos auténticos pingos. Ahora entiendo por qué Licha se ponía tan dramática y reclamaba: “Ay, estos chamacos del demonio un día me van a matar de un pinche coraje”. Y luego a batallar de nueva cuenta: Licha angustiada porque en la mayoría de los departamentos no aceptaban niños ni mascotas. Así que sólo había unas cuantas opciones en vecindades llenas de peligros y trampas, como territorio apache: tuberías oxidadas, un boiler que podía explotar en cualquier momento, baños comunes llenos de bacterias, varillas en la azotea, ratas que salían del excusado, pederastas al acecho, goteras en la sala, señoras chismosas, vecinos amargados y poca gente interesante. Así fuimos creciendo, entre goteras cada agosto y septiembre, agua fría en la regadera y sobredosis de sopa de fideos.


-O-


Siempre que me mandaban al pan o las tortillas me cuidaba de los “robachicos”. A mí no me asustaba tanto el doberman de la casa amarilla, ni las maldiciones de la loca de la cuadra. En realidad temía al “robachicos”, ese señor andrajoso que solía aparecer de vez en cuando por la colonia, con su costal mugriento sobre la espalda y su anforita de aguardiente en la bolsa. Tal vez sólo era un vagabundo, pero mi madre nos hacía creer en aquella leyenda urbana de “si se portan mal o andan de vagos, se los va a llevar el ‘robachicos’, sí aquel viejo que va allá” y lo señalaba como para acabarnos de convencer de que algo así nos iba a suceder. Por suerte nunca me robaron. Y tampoco a mis hermanos. Ahora que lo recuerdo me causa gracia, pero en su momento sí me angustiaba. Como aquella vez que al dar la vuelta en la esquina me encontré de frente con “El Pomadas”, como le decían al vagabundo. Él estiró la mano, supongo que pidiéndome un bolillo, y balbuceó algo que a mí me sonó a “te voy a llevar al infierno”. Lo miré con terror, casi se me salieron las órbitas de los ojos, grité “¡noooooo!” y corrí despavorido hacia mi casa. Mi madre me vio tan asustado cuando le conté lo sucedido que me hizo comer un pedazo de pan para el susto y me advirtió: “Te lo dije, te dije que te portaras bien”. Desde ese día me convertí en el chavito más decente del vecindario y me bañaba en cuanto me mandaban a hacerlo y ya no me peleaba con mis hermanos. Sólo fueron unos meses, porque luego se me fue olvidando y regresé a ser el “chamaco del demonio” que le sacaba canas verdes a mi madre. Y así fui creciendo en ese territorio apache, cercado por trampas cotidianas y vándalos y ladrones de bicicletas y robachicos andrajosos y demasiadas pesadillas en lugar de sueños cotidianos.


-O-


Nunca me gustaron las mudanzas. Aquello de empacar los trastes y envolver el televisor en una colcha era tan constante que a mí me causaba enfado y tristeza, porque significaba dejar atrás a la palomilla de la cuadra, la hija del vecino que me gustaba y hasta el escondite en la azotea que habíamos convertido en “El club de la mano negra”, como en los cuentos de aventuras que tanto leía. Cuando el camión de la mudanza echaba a andar, yo iba montado atrás, sobre un montón de ropa y muebles viejos, pensando que el ruido del motor sólo significaba una cosa: volver a empezar de nuevo, en otra colonia, en una calle distinta, en una vecindad tal vez más rústica. Aún recuerdo cuando llegamos con don Basilio, un señor gordo y amargado. A mí me cayó muy mal sólo de verlo, sudoroso y preocupado porque el camión no le fuera a pegar a su zaguán “porque se los cobro como nuevo”. En cuanto bajé del vehículo supe que aquella vecindad no sería nada divertida. No había niños corriendo por ningún lado. Y leí un anuncio que decía “Prohibido jugar con pelotas o bicicletas en el patio”. Más adelante había otra advertencia: “Después de las 10 de la noche nadie puede hacer ruido”. Caminé hacia mi “nueva casa” y me pareció escuchar ruido entre los lavaderos, giré la cabeza y percibí algún movimiento pero no hice caso. Seguí avanzando y de pronto sentí que algo me golpeaba ligeramente en la espalda. Volteé y en el piso había una pequeña flecha con punta de goma. Con la mirada ubiqué a un niño regordete con un arco de feria y un penacho bastante chafa en la cabeza. Desde los lavaderos, el muy tonto celebraba con risas su buena puntería. Quise ir a golpearlo de inmediato, pero el dueño de la vecindad lo llamó a lo lejos: “Pancho, deja en paz a esos mocosos y vete a hacer la tarea. ¡Chamaco del demonio”. Supe de volada que el tarado era intocable. El también lo sabía. Y ya me estaba cayendo más pinche gordo de lo que era. Una vez más estaba en territorio apache. Y yo no era el “Llanero Solitario”. Ni tenía un caballo llamado “Silver”. Con trabajos contaba con una patineta que rechinaba un poco. Pero ya me las arreglaría, como si lo predijera Dante Guerra: “Nunca fui un niño de sonrisas/ ni tenía un perro ‘Firulais’./ No, yo no era un chamaco divertido/ ni contaba chistes en el recreo./ Nunca fui un niño de sonrisas,/ ni usaba pantalones Levi’s/ y mucho menos sobresalía en el colegio./ No, yo no sacaba diez en historia,/ ni era el preferido de la profesora./ Yo más bien era un chavito/ con tenis percudidos y maltrechos,/ que todos los días luchaba/ a mano limpia para salir ileso/ de tanto territorio apache/ que se perfilaba ante mis horizontes”.



Roberto G. Castañeda


Manual para Canallas
El Gráfico

miércoles, 26 de marzo de 2014

Gran Angular / Concesiones y requisa

 
Concesiones y requisa
 










Ya está en el Senado la iniciativa de Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, reglamentaria de la reforma constitucional en la materia que se aprobó a mediados del año pasado. Antes de emitir juicios de valor sobre ella, es preciso conocer su contenido en dos sentidos: el que nos atañe como ciudadanos y consumidores (audiencia), y el que, fuera de toda duda, impactará radicalmente la operación de los actuales concesionarios del servicio y endurecerá la regulación del Estado.

Esta ley, de aprobarse, sustituirá dos: La Ley Federal de Radio y Televisión de 1960 y la Ley Federal de Telecomunicaciones de 1995. Convergerán ahora, en un mismo ordenamiento jurídico, dos actividades que con los avances de la tecnología también ahora convergen.

¿Cuáles son algunos de los puntos relevantes de la iniciativa y, dentro de ellos, qué es lo novedoso? Veamos primero el tema de las concesiones para operar canales de TV y programas de radio (espectro radioeléctrico), y redes públicas de telecomunicaciones (telefonía fija y celular, transmisión de datos, redes informáticas, internet y comunicación satelital). La iniciativa propone que las concesiones:

1. Las licitará, otorgará y regulará el recién creado Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), órgano autónomo, con personalidad jurídica y patrimonio propios. Hoy las otorga el gobierno federal (SCT) y eran reguladas por el extinto órgano desconcentrado denominado Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel).

2. Serán por 20 años (igual que las actuales), y podrán prorrogarse (ya no refrendadas como ahora, aunque es prácticamente lo mismo).

3. Se otorgarán por licitación pública las comerciales y por adjudicación directa las de uso público y social.

4. Podrán ser únicas, es decir, las que autorizan la prestación de todo tipo de servicios (radiodifusión y telecomunicaciones) a través de sus redes. A la luz de esta propuesta debe analizarse situaciones como la de Telmex, cuya concesión en telecomunicaciones le impide hoy, expresamente, prestar servicios de TV; o la de Televisa, cuya concesión de radiodifusión no incluye, abiertamente, la posibilidad de ofrecer, por ejemplo, servicios de telefonía o internet. Ambas podrán ampliar los alcances de sus títulos de concesión o acogerse a la concesión única.

5. Podrán ser objeto de cesión de derechos y de arrendamiento. Es decir, los derechos concesionados podrán pasar de un concesionario a otro (lo que implicará un cambio de titularidad) o ser rentados, sin que, en este caso, se implique un cambio de la titularidad de la concesión, pero sí la posibilidad de transferir derechos de uso.

6. Podrán ser requisadas por el gobierno. ¿Cuándo? En caso de desastre natural, de guerra, de grave alteración del orden público o cuando se prevea algún peligro inminente para la seguridad nacional, la paz interior del país, la economía nacional o para garantizar la continuidad en la prestación de los servicios públicos a que se refiere la ley. La SCT operaría la requisa (de las vías generales de comunicación y bienes muebles e inmuebles), pudiendo usar, incluso, al personal que estuviera al servicio de la vía requisada (artículo 117). Salvo en caso de guerra, el gobierno indemnizaría a los interesados, pagando los daños y perjuicios causados por la requisa. Es así que por primera vez en la historia de esta industria aparece la tan temida por los concesionarios figura de la requisa. Se trata, además, de un tema que a juicio de varios analistas, puede violentar la libertad de expresión, cuando la alteración del orden público tenga que ver con la protesta social o cuando se interprete cuáles son los peligros inminentes para la seguridad nacional, la paz interior o la economía nacional.

7. Terminarían por vencimiento de plazo (salvo prórroga), por renuncia del concesionario, por revocación, rescate, disolución o quiebra del concesionario.

Otro aspecto relevante tiene que ver con las sanciones. Las multas van desde el equivalente a 0.01% hasta 4% de los ingresos del concesionario dependiendo de la falta. A juicio de los concesionarios, son desproporcionadas.

En las próximas entregas: la competencia, la preponderancia, interconexión y compartimiento de infraestructura, límites de publicidad, control de contenidos audiovisuales, defensor de la audiencia y derecho de réplica.



Raúl Rodríguez Cortés

Gran Angular
El Gráfico

viernes, 21 de marzo de 2014

Objeciones de la Memoria / El Tata

 
El Tata
 







Pasadas las elecciones del 2 de julio de 2006, en medio de las primeras reacciones contra el fraude electoral de aquel entonces, llegó a mi oficina un actor a manifestar su solidaridad, a ponerse a las órdenes para las acciones que hubiera que realizar contra ese agravio. “¿Quién es?”, pregunté yo.

Mi secretaria y algún colaborador me dijeron: “Es El Tata”. Volví a preguntar: “¿Y quién es El Tata?”, exhibiendo mi ausencia de conocimiento televisivo. Me explicaron que era un actor de televisión que durante años pasados salió gritando en la pantalla: “¡Quiero mi cocoool!”, y que en esos días parodiaba al vocero del Presidente, quien cada mañana tenía que aclarar lo que éste había querido decir el día anterior. Entonces dije: “¡Ah sí, ya sé quién es!”.

Lo hice pasar y me expuso una serie de ideas para la resistencia civil contra el fraude electoral. Me decía: “Podemos imitar a los vendedores de tamales oaxaqueños con un mensaje que diga: ‘Tamaleees foxaqueñooos, tamaleees fraudulentooos, lleve sus tamales fraudulentooos... ¡Lleve sus ricos y deliciosos tamales foxaqueñooos!”.

Me pareció una idea un tanto extravagante, pero en un par de días él ya estaba ahí con el disco, se había encargado de grabarlo con su propia voz. Nos dimos a la tarea de reproducirlo por cientos y cientos. Poco después empecé a escuchar dicha grabación en diversos lugares, actos, mítines, asambleas y a lo largo y ancho del plantón en Reforma.

Jorge Arvizu El Tata se incorporó al movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador en defensa del voto y la voluntad popular contra el fraude electoral de 2006, y continuó en él hasta el último de sus días. Lo vimos en cada templete de los 45 días del plantón en Reforma, durante las movilizaciones de resistencia en 2007, en las luchas en defensa del petróleo en el 2008, en las campañas del 2009, de nuevo en las movilizaciones del 2010, en la campaña del 2012, y aún enfrentando sus padecimientos de salud, en el cerco al Senado en el 2013.

El Tata Arvizu tuvo el talento para defender su propia postura política aun siendo un personaje de la televisión. En la memoria quedan sus voces grabadas en cientos y cientos de caricaturas, sus imágenes en las series televisivas de las que formó parte, en su presencia en las más recientes e importantes batallas políticas de México. Con la formación de Morena pasó a formar parte de su Consejo Consultivo. Descanse en paz nuestro amigo y compañero.



Martí Batres Guadarrama

Objeciones de la Memoria

Gran Angular / El Metro y las fallas de CAF

 
El Metro y las fallas de CAF
 









Hoy comparece ante la ALDF el director del Metro, Joel Ortega, y mucho tendrán que preguntarle los legisladores capitalinos a quien denunció las graves anomalías en obra civil y trenes, que obligaron al cierre de 11 estaciones de la línea 12, la obra emblemática del ex jefe de gobierno, Marcelo Ebrard.

Ojalá que los legisladores no pasen por alto el tema de los trenes arrendados a la española CAF en casi 53 millones de dólares cada uno, cuando los que se compraron a la canadiense Bombardier para la línea A costaron 14 millones de dólares.

Y hay más: CAF arrendó al Metro de Madrid trenes en 9.4 millones de dólares cada uno, según informa Expansión.com en nota publicada el 4 de septiembre de 2008, año en que se licitó la línea 12 del Distrito Federal. La diferencia, notará usted, es abismal.

Ya referimos aquí que la obra civil de la línea 12 (proyectada con dimensiones similares a las otras líneas en operación) tuvo que modificarse de acuerdo con las dimensiones de los trenes chinos fabricados por Norinco, empresa con la que ya estaba muy amarrado el ex director del Metro, Francisco Bojórquez Hernández. Incluso Ebrard viajó a China para verlos, pero una denuncia sobre la mala calidad de esos trenes llevó a que el contrato se entregara a la española CAF, cuyo equipo tiene dimensiones menores al de Norinco. De ahí la incompatibilidad de trenes y obra. CAF ha atribuido a esa incompatibilidad las recientes fallas de la línea 12, pero su apreciación no parece del todo exacta:

1. El modelo de trenes suministrado a la línea 12 por CAF es el FE-10. Ese modelo no aparece en el catálogo de la página web de la empresa española. Consultado por este reportero, un experto en la materia explicó que los proveedores de ese tipo de equipamiento usan un chasis universal al que le hace pequeños ajustes de diseño a pedido expreso del cliente. Oro por piedritas, como históricamente nos ha ocurrido con los españoles.

2. La fiscalía de la ciudad brasileña de Sao Paulo inició el 12 de agosto de 2013 una investigación sobre “un presunto cártel de empresas del sector ferroviario para repartirse el mercado y poner precios en el contrato de construcción y mantenimiento del Metro de Sao Paulo”. Este procedimiento habría operado entre 1999 y 2009 con la alemana Siemens, la francesa Alstom, la canadiense Bombardier y la japonesa Mitsui, según declaró el fiscal Marcelo Mendroni a la Folha de Sao Paulo.

3. En octubre de 2013 se difundió información de la polémica generada en Nueva Delhi, India, y en Riad, Arabia Saudita, ya que encontraron graves problemas de diseño y desempeño en los trenes del Metro de ambas ciudades, equipo arrendado por CAF.

Los legisladores de la ALDF no deben dejar pasar hoy la oportunidad para preguntarle a quien denunció este escandaloso caso de corrupción lo que podría configurar otro, ya con él al frente del Sistema de Transporte Colectivo, relacionado con la compra de radios y sistemas de comunicación para el Metro en 40 millones de euros (50 millones de dólares).

La licitación se hizo con bases dirigidas a Motorola con la mediación de la francesa Thales Group. Pero resulta que su responsable corporativo de prácticas éticas, Dominique Lamoureux, inició una investigación interna del contrato por los procedimientos que derivaron en la compra de los radios. El sistema, por cierto, que sustituye al ya existente, abarca también a la línea 12 que, de origen, ya contaba con un sistema de radiocomunicación por el que ya se habían pagado 816 millones de pesos.

Cuestionado sobre el tema vía el Infomex, el contralor del Metro, Luis Ángel López Vera, respondió que él no revisaba las bases de licitación por tratarse de cuestiones técnicas. ¿Se imaginan? Ese es el hombre que tiene a su cargo hasta ahora la investigación del espinoso tema de la línea 12 a menos que el contralor del GDF, Hiram Almeida Estrada, decida cambiarlo.

¿Dónde están en esto el auditor Superior de la Federación, Juan Manuel Portal, y el encargado de la Función Pública, Julián Olivas Ugalde? Podrían intervenir ya que para la línea 12 hubo recursos federales. Pero Portal justificó en su momento lo que hoy resulta injustificable y Olivas no ha dicho esta boca es mía.

Otra intervención podría venir de la SCT, para encontrarle solución al problema técnico, y en ello podría ayuda el subsecretario de Infraestructura, Raúl Murrieta Cummings, quien vaya que le sabe al tema.



Raúl Rodríguez Cortés

Gran Angular
El Gráfico

jueves, 20 de marzo de 2014

Manual para Canallas / Se venden almas, a meses sin intereses

 
Se venden almas, a meses sin intereses
 










Yo fui “cerillo” en un supermercado. Será por eso que prefiero comprar en el tianguis. Además, me chocan las mujeres que dejan el carrito atravesado a medio pasillo. Y detesto a los idiotas que sólo van a verle el trasero a las señoras casadas.

Estoy formado en una fila que parece avanzar con la velocidad de una gorda frente a la sección de botanas. Ya llevo diez minutos formado y mi paciencia empieza a escasear. Delante de mí está formada una señora con más de 30 artículos, pese a que el pinche letrero dice: Caja rápida. Máximo 20 artículos. “Oiga, señora, esta es una caja rápida”, intento advertirle, pero ella me interrumpe, “ya lo sé, pero también hay cosas de mi comadre” y entonces, sin decir agua va, se meten en la fila otra señora y una chamaca. Se reparten la mercancía. “Por eso este país no progresa, por gente que siempre quiere hacer trampa”, les digo con enfado. “¡Y ni progresará, estás soñando!”, la escuincla se cree muy lista y se burla. “Pues claro que no va a progresar si las chamacas como tú sólo leen el TV Notas y perrean los domingos”, suelto con rencor. Escucho carcajadas atrás de mí. “Sí es cierto, pinches viejas”, dice una chava. Ella y su amiga se ríen. “Bien hecho, amigo, pinches rucas mamomas”, suelta la otra. Las tramposas nos miran con odio. Si no fuera porque los preservativos están al dos por uno ni me acercaba por aquí. Las chavas murmuran a mis espaldas. La cajera no puede creer que esté comprando tantas cajas y se me queda viendo como si yo fuera un pervertido. “Ay, amigo, para qué quieres tanto condón”, me cotorrea una de mis “amigas”. Mientras pago le explico que “prefiero gastar en estos globos que pagar fiestas infantiles por el resto de mi vida”. Las chicas se carcajean, por lo que supongo que sí entendieron. Tal vez sea mi imaginación, pero juro que una de ellas me sonríe con coquetería. “Chau”, les guiño un ojo. Y sólo se ríen como colegialas.


-O-


Conocí a Julieta en el último año de prepa y aunque yo no era su tipo anduvimos juntos un buen rato. Después de una fiesta se fue conmigo y al otro día me confesó que lo había hecho porque “siempre traes un libro bajo el brazo”. Nunca pensé que la lectura me ayudaría a conquistar chicas. Y Julieta era hermosa, con su cuerpo delgado y las curvas correctas; piernas largas y estilizadas; ojos grandes, pese a la mirada un tanto distante; labios perfectos y una sonrisa que a veces parecía sincera. Luego llegaron las vacaciones y dejamos de vernos. Al regreso me dijo que necesitaba un tiempo, que ya no la buscara. No hice dramas. Y menos cuando me contó que no seguiría estudiando, que conoció a un tipo que le dijo que ella podría ser modelo. Esa historia ya me la sé, le advertí que el wey sólo quería tirársela, aunque yo intuía que eso ya había sucedido. Desde luego, ni me hizo caso. Después de un tiempo, algún amigo en común me dijo que al parecer Julieta salió en un catálogo de Suburbia o algo así. Mentiría si dijera que me dio gusto por ella. Pensé en buscarla, pero me distraje en otras miradas.


-O-


Hace no mucho tiempo me reencontré con Julieta. Yo escogía unas botellas de ron y vodka cuando se me acercó una chava que me sugirió aquella oferta que parecía tentadora. Me volví para verla. Era una demostradora de tequilas. “Hola, Julieta”, ella me reconoció de inmediato. Se sacó de onda. La mujer había ganado kilos y, supongo, había perdido la batalla con la celulitis, pero aún así se veía aceptable. “¿Invítame a tu fiesta, no?”, se río cuando vio la cantidad de botellas. En eso llegaron Paco y Gerardo, que habían ido por las botanas. Hice las presentaciones habituales. Ellos la invitaron al reven. Dijo que salía en media hora, que si la aguantábamos. Gerardo se quedó a esperarla, así que Paco y yo nos adelantamos. “Está sabrosa la vieja”, Paco siempre ha sido mujeriego, “si se apendeja Gerardo yo sí me la chingo”. Que pinche weba me dan mis amigos. “Fue mi novia en la prepa”, expliqué con desgano. Paco ni se molestó en escucharme. “No creo que Gerardo la suelte, ese cabrón es un perro”, se lamentó Francisco. La fiesta no fue la gran cosa. Lo de siempre: canciones pésimas, las mismas viejas que se han acostado con todos, los tipos de siempre que se empedan y les duele el codo para comprar más botellas, y la estúpida competencia para ver quién se lleva a la cama a la vieja nueva. Paco se quedó con las ganas. Gerardo acaparó a Julieta, pero aún así conversé con ella un rato. No le sorprendió que yo hubiera acabado la carrera, “porque siempre fuiste de los más ‘matados’ de la clase”. Odié su perspectiva. Luego se quejó de los pinches-hombres-todos-son-iguales. Era casada y tenía un chavito. Eso no le importó para irse a un hotel con Gerardo. A mí, ella me pareció la misma vieja inmadura que me hizo sufrir un rato, aunque ya no era tan joven. Así que ni ganas de cortejarla. Dado que su corazón es tan gélido como una víscera, creo que no debería ser demostradora de tequilas, sino trabajar en el departamento de carnes frías y salchichonería. Ah qué pinche Julieta, dónde quedaron tus sueños, en qué supermercado se congelaron tus aires de grandeza. ¿Cuándo le vendiste tu alma al diablo, a meses sin intereses? Yo por eso siempre he dicho que cuando tu dios no te ha dado buenas alas, lo más importante no es saber volar sino volverse experto en aterrizajes. Y es que, como cantan los Babasónicos, por lo regular somos fustigados por una deidad temperamental: “Soy victima de un dios/ díscolo y muy singular,/ que a su antojo fiel/ me arrebato a mi mujer/ y la internó en un lupanar”.



Roberto G. Castañeda

Manual para Canallas
El Gráfico

Babylonia Forum • Ver Tema - Catolicadas - Quinta Temporada

 
Capítulo 7
 
Lalo no quiere ir mas al catecismo

jueves, 13 de marzo de 2014

Catolicadas Quinta Temporada

Babylonia Forum • Catolicadas



Quinta Temporada


Capítulo 6
 

Manual para Canallas / Atún con galletas para el alma

 
Atún con galletas para el alma
 







“Si puedes gritar, hazlo. No te contengas”, sugirió Evangelina. Intenté hacerlo, pero de mi boca no salió ningún sonido. Un escalofrío se instaló en mi hombro y recorrió todo mi brazo izquierdo.

El placer era demasiado intenso, un poco más que el dolor. Intenté hacerla a un lado, pero era demasiado tarde. Ella estaba encima de mí, yo dentro de ella. O mejor dicho, yo estaba debajo de ella. Lo cierto es que nadie me había enloquecido tanto en tan poco tiempo. Desde un principio ella tomó el control y no requirió de los trucos baratos del tipo “déjame amarrarte a la cama”. No, sólo me besó con lujuria, luego su lengua recorrió mi pecho, la entrepierna y jugueteó con mi sexo. Intenté que mis delirios no se confabularan demasiado pronto en mi contra. Quise cambiar de posición, pero Evangelina ya estaba encima de mí y su vagina devoró mis ansias. Cabalgó a placer un rato, luego se salió, disfrutó con mis murmullos, me pidió que fuera obsceno. Sus miradas destellaron malicia. Mis jadeos la enloquecieron. “Toma mi cuello”, sugirió. Mi voluntad era suya, lo sabía. “Me encantan tus manos, son enormes”, musitó en mi oído, “y ahora asfíxiame” y su mano derecha apretó la mía. Intenté hacerlo, pero entonces su sexo envolvió el mío de nueva cuenta. Solté un quejido demasiado débil. Ella río de una manera que ya no me gustó. “Es tu última oportunidad, ahórcame”, retó. Mis manos temblaron. No quise parecer débil. Ella se movía de una manera que no sé describir, sólo atino a creer que era demasiado excitante para ser cierto. Justo cuando alcancé el orgasmo, ella mordió mi cuello. Fue certera, sentí una explosión múltiple. Y entonces comprendí los alcances de su maldad. “Si puedes gritar, hazlo”, alardeó de la misma manera que lo hizo horas antes en aquel bar del Centro Histórico.


-O-


“Puedo ser tu debilidad o tu esclava, todo está en que te arriesgues”, advirtió Evangelina antes de darle un trago de mi bebida. Alta y segura de sí misma, con aquel abrigo que apenas ocultaba sus curvas, Evan me besó y luego me pidió que la sacara de ese “lugar tan aburrido”. Fuimos a mi departamento. No se anduvo con rodeos. Directo al sofá, sin escalas. Parecía tener prisa por demostrarme algo. Eso lo comprendí más tarde. Justo cuando clavó sus colmillos en mi cuello, justo en el momento que traté de gritar y no pude. Y esta mañana desperté sintiéndome extraño, con la luz lastimándome la mirada, con la sensación de nauseas, con las ganas de quedarme dormido todo el día, con estas extrañas marcas en mi cuello, con la necesidad de que Evangelina regrese pronto porque este esclavo ya no quiere saber nada que no tenga que ver con ella. Sólo me dejó una nota que decía “soy tu debilidad, soy tu infierno, y esperarás mi retorno con impaciencia”. Y mientras aguardo, no dejo de escuchar a Fito y los Fitipaldis: “Estaba listo para todos tus mordiscos/ y preparado para todos tus pecados./ Yo tenía el corazón adormecido, / tú casi siempre el paladar anestesiado. Y en el momento en que dejaste tu trabajo/ te cotizaste de cintura para abajo./ Yo tenía la Visa que provoca tu sonrisa/ pero la vida no es un plástico dorado”.


-O-


He tenido días malos y noches peores. No me dan ganas de hacer casi nada. Pedí mis vacaciones en el trabajo. Así que prácticamente vivo encerrado. Lo bueno es que tengo reservas de ron y cigarros. Pasan de las diez y mis vecinos espían desde sus ventanas. Me detestan porque no soy como ellos, porque no trabajo ocho horas diarias y el estéreo siempre suena hasta la madrugada. Ya no se atreven a molestarme con que le baje el volumen, desde que tocaron a mi puerta y les dije que para entrar a mis fiestas había que desnudarse en la entrada. La señora se ofendió. Su marido intentó hacerse el duro, así que sólo le dije con mi tono más helado que “en mi reino los pendejos se mueren antes de que el diablo certifique que su alma no vale un jodido cacahuate”. Con sólo verme a los ojos supo con quién trataba. Jaló a la mujer, regresaron a su departamento y le puso doble seguro a su puerta. Si antes dormían poco, ahora no están tranquilos. Yo no me meto con nadie, cada quien sus pedos, pero odio que toquen a mi puerta cuando no han sido invitados. En fin, estaba en que me siento aislado, en mi elemento. Así me pasa un par de veces al año. Me deprimo por completo. Escribo poco y maldigo mis insomnios. No me rasuro y fumo a todas horas. Tin Tan me observa desde la pared a mis espaldas. Creo que se ríe demasiado y yo estoy enloqueciendo. Cuando llegué él ya estaba ebrio, así que no me culpen si no lo entiendo. ¿Ya les he contado que estoy enloqueciendo? Mis neuronas sanas se resisten al absurdo. Mi lado siniestro me dicta historias demasiado incongruentes. Mis demonios me aconsejan que salte por la ventana. Mi ángel de la guarda está en huelga. Tuve que cenar atún porque no he ido al súper. Los Smiths cantan “There is a light that never goes out” y siento que mis alas están cansadas. Volar es una asignatura pendiente en mi locura. Estoy encadenado al purgatorio de quemarme a solas, de extinguirme en la melancolía, mientras allá afuera todos sonríen y compran a crédito y este país se va a la mierda. Y los Smiths me acentúan la melancolía: “Take me out tonight/ where there’s music and there’s people/ and they’re young and alive./ Driving in your car/ I never, never, want to go home/ because I haven’t got one,/ anymore”. Y yo detesto el atún con galletas saladas. No soporto el sol y reniego de mis sueños. Tengo demasiadas pesadillas y pocas horas de descanso. Ayer soñé que conocía a una mujer seductora, que me enloquecía en la cama, que succionaba mi sangre y me prometía más noches de placer y lujuria. A veces pienso que todo lo que he escrito lo he soñado. “Sueños de segunda mano”, podría ser el título de mi primer libro. Digo, si es que alguien está interesado en publicarlo. Quién querría leer a un tipo que se oculta tras unas gafas oscuras o una máscara. Quién carajos le creería a un pobre idiota que sueña con mujeres-vampiro y escucha la risas de Tin Tan en su sala. Quién en su sano juicio se arriesgaría a publicarle a un imbécil que cena atún con galletas y viaja en Metro. Quién diablos me echará de menos mientras me recluyo en los silencios y no atiendo ni el Facebook. Malditos sean mis sueños de segunda mano.



Roberto G. Castañeda

Manual para Canallas
El Gráfico

jueves, 6 de marzo de 2014

Manual para Canallas / Si no puedes con el vértigo

Si no puedes con el vértigo 








En este antro los tragos son caros y la música pésima, pero a nadie parece importarle. Infinidad de jóvenes se mueven como en un video de los Chemical Brothers. Los meseros son tan educados como guaruras de político o judiciales iletrados.


Un idiota que está con dos chavitas muy guapas se acerca y me dice "qué pasó, bro, te noto algo down; aquí traigo lo que te haga falta para ía fiesta". Sólo sonrío como un imbécil y le digo que no, que prefiero unos tragos. "Tú te lo pierdes, man", lamenta. Voy hacia la barra, pido un ron y cuando me dicen que son 70 pesos ya no me sabe tan Men. Ya son las 11 de la noche y hace una hora que Brenda y Ricardo tenían que haber llegado. Estoy a punto de largarme cuando entra Paula, otra amiga desde la universidad. Me pregunta si he visto a alguien más. Le digo que no, que al parecer soy el único conocido. De no ser porque es el cumpleaños de Marisa, una ex novia que todavía me gusta nomás porque le da un ligero aire a Dessica Alba, pero sobre todo porque siempre fue fabulosa en la cama. Qué tiempos aquellos, cuando faltábamos a clases y nos íbamos a su departamento, aprovechando que sus padres trabajaban todo el día. Y entonces me hundían los oleajes de su cálido cuerpo, deslizaba mi boca por la pendiente de su vientre y avivaba el incendio de sus deseos. Ella me enseñó que hay mil formas de llegar al vértigo. Cómo olvidar a una mujer que te deja tatuados sus labios hasta en los recuerdos. "¿Todavía la extrañas?", la pregunta de Pau abofetea mis pensamientos. "¿A quién?", pregunto hecho un tonto. "Pues a Marisa, a quién más", aclara. En ese momento llegan Brenda y Ricardo. "¡Qué poca madre! —reclamo a Ricardo—, llevo una hora esperándolos y ustedes vienen muy frescos". Posa su brazo en mi hombro. "Cálmate, pinche Robert, relájate wey; es más, te invito un trago", responde y llama a un mesero. Pedimos una ronda de bebidas. Luego le extemo que por qué no eligieron otro bar, que este me parece muy fresa. "Se le olvida, wey, que es el antro favorito de Marisa". Cierto. Pero eso no quita que lo mire con desaprobación porque me choca que diga "wey" cada minuto. Así que mejor me detengo en observar a una vieja bastante guapa que se mueve en la pista como si el diablo estuviera hurgando con la lengua en su oído. Sus caderas parecen suficientes razones para enloquecer a un hombre.


-O-


"¡Ahí vienen!", exclama Paula. En ese momento aparece Marisa, más radiante que nunca, oliendo a perfume sofisticado. Me da un ligero beso en la boca y le correspondo con un abrazo de felicitación. "Mira, te presento a Camila". Saludo a la chica, un tanto delgada para mi gusto pero guapa hasta sin maquillaje.
Yallevo varios rones, así que me siento eufórico, más que ebrio. Ricardo y Brenda se van a la pista a bailar una rola nueva que no identifico. Paula platica con un tipo que al parecer le cae bien o le gusta, porque sonríe halagada al tiempo que le acaricia con suavidad el brazo. La chava llamada Camila me está platicando que es actriz de teatro experimental y sólo me limito a decir "que interesante". Después se va al baño y me encarga su cerveza. Marisa no parece muy divertida. "¿Qué tal la estás pasando?", interrogo. "Más o menos. La noche no está muy movida que digamos", explica sin entusiasmo, pese a que no deja de llevar el ritmo de la música con un ligero movimiento de cabeza. Intercambiamos una que otra trivialidad. Estoy tentado a decirle que aún la quiero, que la extraño, pero en ese momento regresa su amiga. Se sonríen y percibo cierta malicia. Ricardo y Brenda se han cansado de bailar, así que piden otros tragos.


-O-



Ahora soy yo quien va al baño. En el espejo mis ojeras son más evidentes. "Ya, wey, estás guapo", bromea Ricardo. Mientras orina, me cuestiona, aunque sin mirarme, "¿y qué te parece la novia de Marisa?". Me quedo helado. ¿Su novia?", musito como un imbécil. "Sí, wey, qué no sabías". No. "¿En dónde te has metido?", agrega. Volvemos con las chicas. Tomo a Marisa por la cintura, ella se deja, me acerco a su oído: "Sabes, todavía te deseo". Se deshace de mi abrazo. "Ay, no seas bobo", trata de sonreír pero la traiciona un gesto de fastidio. Volteo a ver a Camila. Me enseña la lengua y me cierra un ojo. Me siento algo ebrio y a mis pies serpentea el vértigo. Llamo al mesero, le pido otro trago y justo en ese instante comprendo que otra vez voy a acabar bastante borracho. Y que llegaré a mi casa dando traspiés, como si nunca oyera los consejos de Dante Guerra: "Si no puedes con el vértigo/ seria mejor que te encadenaras/ todas las noches a tu cama/ para que tus pasos sonámbulos/ no te lleven hasta la azotea/ Si no puedes con el vértigo/deberás renunciar de inmediato/a las mujeres de ojos profundos/ a las chicas de nombres rebuscados, / a esas que te orillarán al abismo/ de las madrugadas sin sentido/ Si no puedes con el vértigo/ ya no te afeites con navaja/ mientras caminas a ciegas/ sobre la cuerda floja de tus ansiedades/ Si no puedes con el vértigo/ estarás por siempre condenando/ a ahogarte en un vaso de agua/ mientras todos los relámpagos/ anuncian la temporada de tormentas".



Roberto G. Castañeda

Manual para Canallas
El Gráfico