lunes, 23 de febrero de 2015

Objeciones de la memoria / Rescatar el proyecto de izquierda

Rescatar el proyecto de izquierda en la Ciudad



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Desde hace 18 años, la gente le arrebató al PRI el control de la ciudad de México. Eran muchos años de agravios por parte del tricolor que asentó su poder sobre los pilares de la represión, el condicionamiento de programas sociales y la corrupción.

Las esperanzas de cambio eran muchas y la gente las depositó en la izquierda. Pronto se notó la diferencia. Los capitalinos recuperaron su ciudad. Los gobiernos de izquierda fueron dando respuesta a las demandas históricas de la gente. Se instrumentaron programas novedosos como la pensión a adultos mayores, se hicieron reformas legales favorables a las mujeres, las niñas y los niños, se abrieron espacios educativos para la juventud.

En fin, floreció la libertad y pronto la capital de la República se convirtió en la mejor muestra de que es posible tener gobiernos diferentes, que trabajen para la gente, que gobiernen democráticamente, que no se roben el dinero.

No obstante, el ejercicio del poder ha afectado al PRD, que ahora en las delegaciones aplica las mismas prácticas que el PRI de los 80. Ahora vemos que en demarcaciones como Gustavo A. Madero, Tlalpan y Coyoacán no es posible que la ciudadanía ejerza sus libertades políticas si no se pertenece al grupo gobernante.

Llama especialmente la atención el caso de Gustavo A. Madero, donde la delegación ha reclutado a grupos de golpeadores encargados de amenazar y boicotear actos políticos de quienes no están alineados con ellos.

En otros casos, como el de la delegación Coyoacán, son públicos los escándalos de corrupción en los que han estado involucrados distintos funcionarios que ahora se suman a la ‘fiebre de los moches’.

Y en otros casos como el de Tlalpan, paulatinamente ha avanzado una corriente privatizadora de los espacios públicos, particularmente de la infraestructura deportiva.

Ninguna de estas prácticas tiene que ver con el proyecto de izquierda por el que la ciudadanía le arrebató el poder al PRI. Al contrario, la represión se asocia al PRI, lo mismo que la corrupción y las privatizaciones.

Por eso, la batalla que viene por las delegaciones va a ser por recuperar el proyecto de izquierda por el que los capitalinos han luchado.

Hace 18 años, en la ciudad de México, la gente se volcó a las casillas y votó por la izquierda. Hoy, como entonces, la gente puede recuperar la ciudad... con Morena.




Marti Batres Guadarrama

Objeciones de la Memoria

Manual para Canallas / El desamor es un corazón de cristal

El desamor es un corazón de cristal 





"El amor es un estado de ánimo en el Facebook. El amor es una canción de moda. El amor eres tú, es ella, es él, son todos esos globos brillantes que venden en cada esquina. El amor es un corazón de cristal hecho añicos"


El amor es un estado de confusión, un comercial de rebajas, un oso de peluche en el Sanborns, una nota suicida, un condón abandonado en la alfombra del hotel. El amor es una adolescente embarazada, un collar de fantasía, un joven colgado en su habitación, los hijos no deseados, un esposo en fuga o una madre soltera que trabaja doble turno. El amor no es otra cosa que un producto de nuestra necesidad: afecto, atención, cariño, compañía, sexo. Y cuando dejamos de tenerlo, el corazón se vuelve cristal resquebrajado. El amor es un estado de ánimo en el Facebook. El amor es una canción de moda. El amor eres tú, es ella, es él, son todos esos globos brillantes que venden en cada esquina de la ciudad. El amor es una epidemia comercial, una docena de rosas al doble de precio, una pareja de adolescentes que hacen planes para toda la vida. El amor es aquel jovencito que se arroja a las vías del Metro. El amor es su ex novia besando otros labios. El amor es un bebé abandonado en la alcantarilla. El amor es una mujer descuartizada al amanecer. El amor es un tipo que mata por celos. El amor es un jodido corazón de cristal hecho añicos.


-O-


Kevin es un chico normal, sin broncas en la vida. Le gusta el futbol, los videojuegos y escuchar a Babasónicos, por ejemplo. No es que sea un tipo brillante en la escuela, pero ahí la lleva. Todo iba normal hasta que tuvo un problemilla con su novia, algo que parecía insignificante. Se pelearon por cualquier cosa, dejaron de verse y llamarse una semana o algo así. Nada que no hubiera pasado antes. Luego, él se enteró por una de sus amigas que había visto a Melissa en una fiesta con “otro wey, acá en plan de faje”. Kevin sintió un hueco en el pecho, intuyó que algo se salía de control. En cuanto pudo le llamó a Melissa para reclamarle. Ella lo negó y le pidió que no la molestara, que diera por terminada la relación. Los siguientes días él le rogó que recapacitara. Ella puso los pretextos habituales: “no eres tú, soy yo” o “ya no es lo mismo de antes” y una sucesión de frases hechas. Entonces él perdió la calma y empezó a fustigarla con chantajes y luego con reclamos. La última ofensa fue una de sus canciones favoritas: “Sin piedad dejas atrás/ un séquito de vana idolatría./ Sos tan espectacular/ que no puedes ser mía nada más./ Tienes que ser de todos./ Ya sé, el camino a la fama/ no significa nada/ si no hay una misión./¿Cuál es?/ Hacerte muy putita,/ probar tu galletita/ con toda devoción”. Melissa se indignó y no volvió a contestarle las llamadas ni los mensajes. Sólo le mandó decir con su amigo que justo cuando lo iba a perdonar se le ocurre ser tan majadero. Fin de la historia. No, ese no era el fin. Kevin era un chico nomal. Todavía pasó al Facebook de ella y observó la foto que más le gustaba: ella con una falda de rayas y sus Converse rosas. Le dejó un mensaje y una posdata: El mensaje resumía que nunca dejaría de amarla, aunque le hubiera roto el corazón. La posdata era un adiós definitivo, porque sin ella no valía la pena vivir. Nadie lo tomó en serio. Incluso hubo un par de comentarios burlones: “ya perdónalo, antes de que se suicide” o “lo traes muerto”. Tonterías de chavos, pues. Pero ya era muy tarde. Kevin fue a la estación más cercana y se arrojó a las vías del Metro. Lo identificaron por su credencial de la escuela. Podría ser más romántico y agregar que en su mano hallaron una foto de su ex novia o una carta amorosa y linda. Pero no. Su rostro estaba desfigurado. Falleció al instante. Morirse así no tiene que ver con el amor, sólo con la fragilidad emocional, con la depresión, con el abandono, con la autoestima. Ya lo he dicho antes, el amor apesta. Bueno, eso que muchos confunden con amor. El amor es un anillo de compromiso, una joya de bisutería. Y el desamor es un corazón de cristal hecho añicos bajo las vías del tren.


-O-



El amor está sobrevalorado. Es más sincero el odio. Todos confundimos el amor y luego nos quejamos de que el amor nos confunde. No nos engañemos: la pasión no es amor, el deseo no es amor; tampoco la atracción, ni el enculamiento, mucho menos el entusiasmo es amor. Estamos tan carentes de afecto que confundimos todo con “señales del amor”. Es lo malo de crecer en hogares disfuncionales: somos tan náufragos que en cuanto vemos una tabla de salvación nos aferramos con fuerza durante demasiado tiempo. Pero no salimos a flote ni hay faro a la distancia, porque el amor es un invento para vender tarjetas u ositos en celofán. El amor es una joya de bisutería, una canción de moda que te recuerda los besos frescos. El amor es un poema de Edel Juárez: “No pienso competir con lo que fuimos,/ deja de soñarte entre mis brazos,/ deja de decir “es mío”./ Deja los planes que quedaron,/ no me pidas que te cuente lo que nunca hicimos./ Deja el camino que no andamos,/ deja aquel hotel donde estuvimos,/ deja el recuerdo de las sábanas.../ deja las caricias que inventé para asombrarte,/ las palabras que te dije/ y lo que fingiste no escuchar./ Deja de buscarte entre mis líneas,/ tú no apareces más, te he desterrado".



Roberto G. Castañeda


Manual para Canallas
El Gráfico

lunes, 9 de febrero de 2015

Gran Angular / Más de la farsa

Más de la farsa 








La anunciada investigación de eventuales conflictos de interés en las compras de casas a contratistas del gobierno realizadas por el presidente Peña Nieto, su esposa Angélica Rivera y el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, prácticamente nació muerta. ¿Por qué?

1. Fue encomendada a una institución que formalmente ya no existe. La Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, con la reforma promovida por Peña Nieto, aprobada por el Congreso y publicada en el Diario Oficial de la Federación el 2 de enero de 2013, ya no la incluye en la lista de dependencias del Ejecutivo Federal (artículo 26). Desapareció el mismo día que dejó de existir la Secretaría de Seguridad Pública Federal y que la de la Reforma Agraria se convirtió en la de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano. Sólo una salvedad le ha dado hasta ahora vida artificial y está en el transitorio dos del referido decreto: “... la desaparición y transferencia de las atribuciones de la Secretaría de la Función Pública, entrarán en vigor en la fecha en que el órgano constitucional autónomo que se propone crear en materia anticorrupción entre en funciones, conforme a las disposiciones constitucionales y legales que le den existencia jurídica”. No existe aún la comisión contra la corrupción y, en estricto sentido, la Función Pública, aunque inexistente, conserva atribuciones. Pero hay un vacío legal que debilita más sus siempre débiles resoluciones.

2. ¿Por qué la afirmación de que sus resoluciones son débiles? Porque desde su origen (1982) se le dio la facultad de órgano de control interno del gobierno del que depende, en lugar de que se fortaleciera la Auditoría General de la Federación del Congreso y se diera vigencia al principio de que un poder vigile al otro. Con este caso ocurre lo mismo: Virgilio Andrade investigará a su jefe, al que lo nombró, a Enrique Peña Nieto, y también a la cabeza del grupo político al que pertenece, Luis Videgaray. ¿De verdad se ‘aventará el tiro’?

3. Es tan poco probable, que ya salió con una definición de los alcances de la investigación. Andrade dijo que sólo va a investigar a los contratistas, a Grupo Higa y Constructora Urbanizadora Ixtapan. Determinará, pues, si los contratos de obra del gobierno fueron entregados correctamente, como si la determinación de otorgárselos no pudiera ser encubierta en los procedimientos de las licitaciones. La investigación de Andrade no podrá centrarse, por ejemplo, en las condiciones de financiamiento tan favorables otorgadas a los compradores. El propio Videgaray ya reconoció que la tasa de interés pactada con el contratista fue de 5%, menos de la mitad del 12% que cobra la banca comercial. Pero la Función Pública no tiene facultades de investigar operaciones entre particulares. Tal es el caso de la “casa blanca” de la primera dama, la de Videgaray en Malinalco, porque cuando la compró no era funcionario público y la del Presidente en Ixtapa, cuando era gobernador del estado de México y no lo alcanzaba la contraloría federal.

El caso, mientras tanto, se enreda más. El equipo de investigación de Carmen Aristegui, que destapó el asunto de la “casa blanca”, solicitó, vía mecanismos de información pública, la declaración de impuestos de la operación de compra-venta que en su momento mostró la página de la Presidencia. El SAT respondió que el documento no existe y los reporteros ya ni siquiera van a recurrir ante el IFAI, sino que llevarán el asunto a la Corte, según dijeron.

INSTANTÁNEAS

1. LÍNEA 12. Hoy comparece Marcelo Ebrard ante la comisión de diputados que investiga el caso de la Línea 12 del Metro. Ésta aceptó que lo acompañe el senador Mario Delgado, quien fuera secretario de Finanzas del ex jefe de gobierno. Algo, sin embargo, parece haberse roto dentro de la Comisión. Resulta que el diputado panista Jorge Sotomayor, uno de los que más documentación aportó para la pesquisa, ya no está en la Comisión. Quedó fuera, automáticamente, al renunciar ayer al PAN.

2. HELICÓPTEROS. ¿Cómo está eso de que cada uno de los helicópteros Sikorsky que compró en marzo de 2008 por el entonces secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, costaron 17 millones de dólares y los comprados por la Defensa para el escuadrón Aéreo 101 costaron casi 33 millones de dólares?



Raúl Rodríguez Cortés


Gran Angular
El Gráfico

Gran Angular / ¡Qué basurero!

¡Qué basurero!








Nada bien cayó en el gobierno de Enrique Peña Nieto y menos en la Procuraduría General de la República del cansado Jesús Murillo Karam, el informe que presentó el sábado pasado el “Equipo Argentino de Antropología Forense” (EAAF) sobre las investigaciones del crimen de los jóvenes de Ayotzinapa.

Y no era para menos, pues puso en duda la actuación de la PGR y denunció inconsistencias y errores que sólo le restan más credibilidad a la afirmación de que los 43 jóvenes fueron quemados en el basurero de Cocula.

El documento de 16 hojas, que usted puede consultar íntegro en: http://goo.gl/78GuFw, documenta entre otras cosas lo siguiente:

1. La recolección de evidencia por buzos de la Marina en el río San Juan Cocula no contó con la presencia del EAAF, no obstante el acuerdo tomado con el gobierno de que estos afamados peritos fueran llamados a todas las diligencias en apoyo a los padres de las víctimas. Los forenses argentinos fueron convocados por la PGR el 7 de noviembre de 2014 y la entrega de la bolsa con restos fue hecha por los buzos a la PGR el 29 de octubre de 2014. Cuando el EAAF llegó, un número importante de fragmentos, “aparentemente provenientes de la bolsa”, se encontraban ya expuestos sobre una lona.

2. En la recolección de evidencia realizada por la PGR el 15 de noviembre de 2014, no se convocó a los argentinos y, por lo tanto, no estuvieron ahí. En dicha diligencia, la PGR recogió evidencia consistente en 42 elementos balísticos, muestras de tierra y otros elementos no biológicos. De ahí que el EAAF, solicitara a la PGR evaluarla o excluirla.

3. El basurero estuvo sin custodia permanente del 7 y el 27 de noviembre de 2014, como lo exige el resguardo del lugar donde se cometió un crimen. Los argentinos pidieron que se resolviera esta grave deficiencia en el proceso de investigación y advirtieron que el hecho de haber permanecido 20 días sin vigilancia, podría dar lugar a que fuera desestimada la evidencia adquirida en esas condiciones.

4. A la Universidad de Innsbruck, Austria, la PGR envió perfiles genéticos de 134 familiares de los normalistas. El EAAF mandó 135 de los mismos familiares. Las muestras de la procuraduría fueron procesadas en su laboratorio de genética, mientras que las del equipo argentino se procesaron en el laboratorio “The Bode Technology Group” en EU. Ambos equipos enviaron a Innsbruck, vía correo electrónico, sus resultados. Sin embargo, al comparar los perfiles genéticos, el EAAF notó diferencias en 20 de los 134 perfiles que la PGR tenía en común con los peritos argentinos, lo que, afirman ellos mismos, es inusual. Estos perfiles afectaban a 16 familias de los 43 estudiantes. La PGR tuvo que reconocer tales diferencias que atribuyó a errores de su laboratorio, sin que ampliara la explicación correspondiente. Respecto a esto, Murillo Karam resolvió que Servicios Periciales informara a Innsbruck que sólo tomara como válidos los perfiles procesados por el EAAF y que presentara en la averiguación previa un dictamen que rectificara los de la PGR que tenían errores. Los argentinos dicen no tener hasta ahora la certeza de que esas disposiciones se hayan cumplido.

5. En su informe del 27 de enero pasado, la PGR argumentó y dijo que en el basurero de Cocula se había registrado un único fuego entre el 26 y el 27 de septiembre de 2014. Los peritos argentinos muestran evidencia satelital de que en ese sitio también hubo fuego el 12 de octubre de 2010, el 28 de octubre de 2013 y el 16 de noviembre de 2013. Por ello, consideran que la evidencia física presentada (como dientes, vidrios, alumnios), pueden no corresponder a los incidentes del 26-27 de septiembre del año pasado.

6. El EAAF encontró en el basurero de Cocula evidencia de restos humanos no correspondientes a los normalistas. Es el caso de una prótesis dental que se confrontó con información física médica y dental obtenida de familiares de los jóvenes de Ayotzinapa y que confirman que ninguno de los 43 la usaba.

7. Falta por procesar mucha evidencia recogida del basurero de Cocula, por lo que no se puede cerrar el caso.

Con todos estos argumentos los peritos del EAAF sostienen que la PGR no tiene pruebas científicas de que los 43 fueron quemados y que ellos no han obtenido las suficientes para establecer que los restos son de los normalistas de Ayotzinapa. Un verdadero basurero de la PGR lo del basurero de Cocula.



Raúl Rodríguez Cortés

Gran Angular
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Manual para Canallas / Morirse no tiene nada de romántico

Morirse no tiene nada de romántico








En ocasiones sueño mi muerte, de distintas maneras, Despierto algo angustiado, aunque no soy de los que corren a buscar algún libro con el significado de los sueños. Mi muerte será ordinaria, en una tarde cualquiera de un día común, sin tanta alharaca.



MI MUERTE no tendrá tintes románticos ni gallardía alguna. Caeré como si nada, cómo un ave cautiva que aparece fría y tiesa cualquier mañana. Eso no tiene nada de romántico, desde luego. Por si las dudas, por si se cruza en mi camino un ladrón de poca monta o por si yo me cruzo en el camino de un conductor ebri, ya tengo mi epitafio y una pequeña carta en vez de testamento. Tampoco es que pueda heredar gran cosa: mis libros son para mis hijos, los discos y videos para mis hermanos, mis fotos se las dan a mi madre. Y mis textos los pueden recopilar para que ardan junto con mi cuerpo. No quiero que se pongan cursis y coloquen una bandera del Barcelona ni mucho menos una playera del Cruz Azul en mi féretro. Solo quiero que me deseen buen viaje a donde quiera que sea mi destino. Mis tres o cuatro amigos se emborracharán y escucharán: a. Sabina o Fabulosos Cadillacs o Soda Stereo 0 Caifanes mientras recuerdan que yo era un tipo, algo extraño, leal, pero algo extraño. Como sea, ya empiezo a desvariar. Decía que mí muerte será ordinaria y no tendrá tintes épicos, cómo en algunos de mis sueños, Y mucho menos como la imaginaba cuando era un chiquillo.


-O-


Sí, recuerdo que en mis aventuras infantiles fallecí de muchas maneras: peleando con valor, espada en mano, ante los piratas qué abordaban mi barco. También defendiendo el honor de una mujer que estaba en manos de terribles pistoleros del salvaje oeste. Igual caí en alguna batalla contra los nazis o luchando con cocodrilos en el Amazonas y explorando África o desfalleciendo en el Sahara, Yo tuve mil muertes en aventuras infinitas, pero igual me salvé de infinidad de peligros, como si fuera Indiana Jones o Jack Sparrow. Pero sólo era un niño con demasiada imaginación y un sinfín de vidas como en los libros de aventuras o los videojuegos, Pero en honor a la verdad, ya viví tiempo extra. Yo debí morir hace tiempo, de forma muy ordinaria y algo trágica, cuando era niño o un adolescente Corno aquel par de ocasiones que casi me ahogo en una laguna de Morelos. Igual que la vez que chocamos el auto en una borrachera. Y qué decir de aquel día que enseñaba a mi hermano cómo bajarse del autobús en movimiento: recuerdo que calculé mal y salté del estribo antes dé tiempo. Me ganó la velocidad, rodé algunos metros junto al camión y sólo porque mi ángel dé la guarda estaba despierto, no fui a dar bajo la llanta de aquel monstruo de hierro. Sí, en definitiva yo debí haber fallecido hace tiempo, pero quizá el Diablo andaba en día de asueto o sembrando conflictos en el Medio Oriente. Tal vez por eso me salvé de morir ahogado, entre fierros retorcidos, en un asalto a mano armada, bajo las ruedas de un cafre, electrocutado en una fábrica o tras una caída de diez metros mientras pintaba las fachadas. Tuve tantos empleos riesgosos, era un niño tan temerario, fui un joven
tan irresponsable, que no me explico cómo es que llegué a estas alturas de mi vida.


-O-



Mi abuelo paterno murió en cama igual que su esposa, de causas naturales. En cambio, mi abuelo materno falleció en un accidente de trabajo. Su esposa María le sobrevivió muchos años y se fue cuando su cuerpo no resistió más. De una u otra forma, la muerte es algo dramático, No como en las películas o las telenovelas, sino como una sombra terrible que enmudece; que asfixia durante algún tiempo. Y yo creo que mi muerte será ordinaria y no tendrá tintes épicos, como en algunos de mis sueños. No pereceré congelado mientras escalo el Kilimanjaro, ni me fallará el paracaídas en una misión suicida, como tampoco se hundirá la balsa mientras sabotearnos la caza de ballenas. No, claro qué no será nada parecido. Caeré como sí nada, cómo un ave cautiva que aparece fría y tiesa cualquier mañana. Ya lo retrata perfectamente el genial Mario Bénedéttii -Cuando éramos niños/ los viejos tenían como treinta/ Un charco era un océano/ la muerte lisa y llana/ no existía /luegó cuando muchachos/ los viejos eran gente de cuarenta./ Un estanque era un océano/ la muerte solamente/ una palabra/ Ya cuando nos casamos/ los ancianos estaban en los cincuenta./ Un lago era un océano/ la muerte era la muerte/ de los otros/ Ahora veteranos/ ya le dimos alcance a la verdad/ El océano por fin es el océano,/ pero la muerte/ empieza a ser la nuestra". Caeré como sí nada, cualquier mañana fría o una tarde ordinaria, cuando mi corazón se harte del colesterol o nomás porque el Diablo decidió que mi alma estaba en barata desde hace tiempo. Así nomás en silencio, sin mayor drama, sin tanta alharaca.



Roberto G. castañeda

Manual para Canallas

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Manual para Canallas / Jarabe para curar la nostalgia

 
Jarabe para curar la nostalgia
 





Mi infancia era un tendedero, un balón desinflado y una pista de carreras dibujada con tiza en el patio. Mi infancia bendita me aconsejaba travesuras y también ne decía 'date a la fuga' antes de que tu madre te alcance.



La casa de mi infancia ha sido demolida. No sé por qué me preocupa si ni siquiera era mía. Allí vivíamos, ahí pasé algunos años mirando por la ventana, sentado en el quicio de la puerta esperando ver a mi madre dando la vuelta en la esquina como si temiera que la cobardía le atacara por un flanco y la convenciera de que era mejor abandonarnos. La casa de mi infancia, una de las varias en que habité, ya no está en pie. Ese pequeño sitio con un cuarto, una sala-comedor-cocina y un baño insalubre ya fue derruida. En su lugar ahora está un edificio de departamentos algo modernos, demasiado ascépticos. Pasaba por allí el otro día que fui a visitar a unos primos y me di cuenta que el viejo barrio en el que crecí hoy sólo es un álbum de recuerdos. Cambió la escenografía, crecieron los niños, murieron los ancianos y aquellos perros callejeros que eran mis amigos tiraron sus huesos en algún baldío o simplemente desaparecieron en algún basurero. Sí, aquel viejo barrio ya perdió sus costumbres y hoy sólo es un montón de calles y departamentos y plazas comerciales y autos que atropellan a los gatos despistados. Ya no hay terrenos baldíos para improvisar unas porterías y patear un balón. Tampoco está la tienda de doña Lupita, mucho menos la ventanita aquella en la que vendían congeladas de a varo. Debo suponer, porque no me consta, que mis amigos de la niñez ya se han marchado a otros barrios. El Pecas, Verónica, El Monaguillo, Lola, El Popochas y tantos cuatachos que conocí en aquellos días sepa Dios dónde andarán, si serán felices, si me recordarán de vez en cuando.


-O-


¿Y la novia que me regalaba paletas en forma de corazón? Uy, que días aquellos en que Marlene y yo nos conocimos. Yo le jalaba las trenzas para llamar su atención. Y ella me pegaba en el brazo, como si el dolor me fuera a convencer de que en realidad me caía gorda. Así era de vez en cuando. Hasta que un día la encontré llorando en el salón de tercero B a la hora del recreo. ¿Qué te pasa? Nada. Ándale, dime. Nada, no te importa. Sí me importa, porque no me gusta que llores. Me robaron mi lapicera. Espérate, ahorita vengo. Y que voy a buscar en la mochila del Cachacuaz. Fue una corazonada, porque él tenía fama de que le gustaba quedarse con lo ajeno. En segundo A iba conmigo y lo castigaron un par de veces por “tomar las cosas que no le pertenecían”. Y en efecto, en la mochila del Cacha estaba la lapicera de Marlene. Cuando se la regresé, ella me sonrió como si yo fuera el héroe de todas sus películas. Pinche Cachacuaz, ni se imaginaba que gracias a sus maldades yo tendría mi primera novia. Además, el wey para qué quería una lapicera de Princesitas de Disney. A menos que pensara regalársela a alguna novia o dársela a su hermana, aunque quien sabe si tuviera hermanas. Que tal que era para él y le daba pena pedírsela a sus papás. Ahorita que lo miro en perspectiva, creo que el Cachacuaz siempre se apañaba cosas de mujeres. Como sea, espero que haya dejado de apropiarse de lo ajeno y hoy encuentre la felicidad en algún bar de la frontera, en un lugar de ambiente donde baile alegremente o algo por el estilo. En serio, ¿qué sería del Cachacuaz? ¿Y de Marlene? A mí me gustaba Marlene, con su pelo bien peinado, sus zapatos impecables, su falda plisada y bien planchada, sus chapas en las mejillas. Sin lentes era más bonita, pero ni modo de decirle que los dejara en su casa porque no veía hasta el pizarrón. También me gustaba regalarle un Duvalín y que se sentara junto a mí en el recreo, antes de que mis amigos fueran a pedirme que jugara de portero porque al Popochas ya le habían anotado cinco goles. Ni modo, Marlene, parecía decirle con la mirada, es lo malo de ser bueno para el panbol.


-O-


Así eran mis días en aquellos lejanos días de mi infancia, en aquel barrio popular que ya no existe más, en aquellas calles que mis pasos infantiles recorrieron infinidad de veces. Ya la vieja casa que habité no está más en pie. Y uno no puede evitar la nostalgia por los días marchitos, por los paraísos perdidos. No, no era mi casa. Sólo un refugio temporal, como cada una de las vecindades que recorrimos. No eran nuestras casas, sólo unos humildes cuartos que rentábamos, pero da tristeza saber que ya no existen, que fueron demolidas, para construir centros comerciales, departamentos o supermercados. Con cada ladrillo caído se van derrumbando también los recuerdos, como suele retratar Dante Guerra: “Mi infancia era un tendedero,/ un balón desinflado/ y una pista de carreras/ dibujada con tiza en el patio./ El niño que yo era/ siempre andaba feliz/ con sus pantalones remendados/ y las playeras holgadas/ que me heredaban los primos./ Mi infancia radiante/ acampaba en la azotea,/ navegaba mares imaginarios,/ rompía de un pelotazo/ los vidrios de mis vecinos/ y corría despavorida/ a esconderse de los adultos./ Mi infancia bendita/ me aconsejaba travesuras,/ me decía ‘date a la fuga’/ antes de que mamá te alcance/ y te recete un jarabe/ de buenos chingadazos”. Y ahora lo que hace falta es un jarabe para la nostalgia, un antibiótico que mitige la melancolía.



Roberto G. Castañeda

Manual paea Canallas
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