lunes, 11 de mayo de 2015

Gran Angular / La caída del helicóptero


La caída del helicóptero








EL VIERNES pasado, día del derribo en Jalisco del helicóptero Cougar 1009 de la Fuerza Aérea Mexicana, la Sedena informó que la aeronave, con 18 ocupantes (cinco de tripulación,11 pasajeros militares y dos policías federales), realizaba un reconocimiento aéreo, como parte de la Operación Jalisco que inició ese 1 de mayo, cuando detectó un grupo de vehículos desde el que fue atacado e impactado con armas de fuego, lo que ocasionó que se realizara un “descenso de emergencia”.

En ese comunicado del viernes por la mañana, notificaba que tres militares estaban muertos, otros tres “pendientes de localizar” y diez heridos, al igual que dos policías federales. En la tarde, el comisionado nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido, confirmó que tres militares no habían sido localizados y agregó que los proyectiles habían pegado en el rotor de cola, por lo que, reiteró, el helicóptero realizó un “descenso de emergencia”.

Ya en la noche de ese mismo día, en medio del caos desatado por delincuentes con bloqueos e incendios en Guadalajara y otra treintena de municipios, se difundió la versión, no oficial, de que el Cougar había sido impactado por un misil de lanzacohetes ruso RPG.

El lunes pasado, la Sedena emitió otro comunicado en el que precisó que fueron seis los militares muertos y que al concluir los estudios de ADN para identificarlos, se podía confirmar que no había tres militares desaparecidos como se informó inicialmente. Además, informó del arsenal decomisado a los delincuentes, conformado, entre otras armas, por 15 ametralladoras y fusiles calibre 50; dos lanzacohetes RPG con diez misiles disponibles para esa arma; y dos lanzacohetes LAW.

El martes se conocieron las primeras imágenes del helicóptero impactado: fierros retorcidos y cenizas. ¿Descenso de emergencia? No, el Cougar fue claramente derribado. El miércoles se confirmó la muerte de otro de los militares heridos y ayer la de una policía federal, con lo que aumentó el saldo a ocho muertos. Hasta aquí va la versión oficial. Una no oficial de los hechos está publicada el blog de información militar y de inteligencia, normalmente bien documentada, estadomayor.mx/blog. Es la siguiente:

Piloteado por Luis Alonso Lara Corral, capitán de la FAM de unos 42 años, el EC-725 Cougar, matrícula FAM 1009, habría salido de la ciudad de México para incorporarse a la Operación Jalisco, pero con una asignación distinta a la del reconocimiento aéreo. Su misión: transportar a un comando de fuerzas especiales y policías federales (11 soldados y dos agentes), para detener a un integrante del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) en una ranchería del estado, donde sabían que estaba reunido con otros capos.

El Cougar llegó al punto de la operación poco antes de las siete de la mañana y observó que ya había movimiento de las camionetas del grupo criminal, presumiblemente huyendo del lugar, en un camino de no más de dos kilómetros entre Villa Purificación y Villa Vieja, cercano a la comunidad de Los Achiotes, que está a unos 165 kilómetros al sureste de Guadalajara. Si como parece huían, ¿de dónde salió el ‘pitazo’?

El helicóptero se habría colocado de frente a la caravana de camionetas con gente armada y en vuelo estático a uno 20 metros de altura, y abierto compuertas para el descenso en soga rápida de las fuerzas especiales que iban a bordo. Tan pronto inició el descenso de las tropas, las camionetas abrieron fuego contra un helicóptero que, en vuelo estático y a 20 metros, quedó en posición muy vulnerable. ¿Quién ordenó esa maniobra?, ¿era la adecuada?

La aeronave fue impactada por la metralla mientras el misil empezó a incendiarse en el aire y los pilotos maniobraron para salir de la línea de fuego, por lo que tres militares que ya habían descendido quedaron en tierra. El Cougar empezó a girar y enfiló hacia las faldas de un cerro en el que acabó por estrellarse. Esta versión no oficial incluso sugiere que si los pilotos no pudieron ganar altura, aún con las llamas a bordo, fue porque una segunda ráfaga de los delincuentes los alcanzó y murieron casi instantáneamente.

Entre las víctimas de este ataque quedan cinco heridos que, al declarar, tendrán que corroborar o desechar esta versión no oficial y dar respuesta a las interrogantes que desde ya plantea la caída del Cougar. Y lo deseable, más allá de la reticencia del Ejército a evidenciar este tipo de bajas, es que dé información exhaustiva y clara de los hechos. Sería menos dañino para las fuerzas armadas.



Raúl Rodríguez Cortés

Gran Angular
El Gráfico



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