jueves, 25 de junio de 2015

Manual para Canallas / Las resacas de mi padre

 
Las resacas de mi padre
 





Recuerdo a mi padre muy poco, casi nada: con su cabello abundante, su barba descuidada y la mirada turbia enrojecida, como si fuera esclavo de alguna resaca

Como si siempre estuviera desliñado o recién curándose las resacas. Eso, exacto. Mi padre era una resaca constante. Nunca fuimos cercanos, sino como dos extraños. Yo iba a buscarlo a la escuela en la que trabajaba y me recibía de una manera distante: ni un abrazo, ningún gesto solidario, sólo unas cuantas palabras del tipo “¿cómo está, mijo?” o “¿qué anda haciendo por acá, mijo?”. Mis respuestas eran las de siempre: “mi mamá dice que no le ha depositado el dinero” o algo semejante. “Ah, está bien. Dígale a su madre que mañana se lo deposito”. Pero sólo eran pretextos. Siempre se tardaba una semana o una quincena, como si tuviera otras prioridades. Lo que yo creo es que le pesaba darnos la pensión o tal vez su mujer lo manipulaba demasiado o quizá sólo era que Antonio no dejaba de ser irresponsable. Cómo puedo saberlo. Lo que sí tengo muy claro es que mi padre era una resaca constante. Así lo recuerdo. Nunca fue elegante, ni tenía porte. Lo recuerdo desaliñado, con su barba de tres días y la mirada enrojecida. Parecía como si hubiera pasado una mala noche. Y no creo que se desvelara mordiéndose las uñas, atormentado por los remordimientos de habernos abandonado. No, no lo creo. Lo imagino bebiendo caguamas, tocando la guitarra, evadiéndose de su vida miserable. Sí, mi padre era un miserable con todas las letras y el significado de la palabra “miserable”. Así lo recuerdo: desaliñado, astroso, inseguro y miserable. Así se veía. Sí, mi padre era una resaca constante, con la cabeza hecha un lío y el alma erizada por los nervios. Se podría suponer que su alcoholismo era su principal problema. Pero no es así: el gran problema de mi jefe era su maldito egoísmo. Sólo así puedo entender que alguien abandone a cuatro hijos. Egoísmo. Mi padre era una resaca permanente, un egoísmo constante. Mi padre un tipo común y corriente, sin estilo. Nunca convivimos, sólo nos encontramos esporádicamente. Era un extraño, un sinvergüenza, un tacaño recalcitrante, un hombre sin valentía; mi padre era unas cuantas fotografías en el álbum del olvido.


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Mi padre era un tipo demasiado ordinario. No tenía mayor gracia, ni algún talento escondido. Tocaba medianamente la guitarra, su voz no era gran cosa. Tampoco leía, ni le gustaba el cine. Jugaba basquetbol, pero no figuraba. Lo único que hacía perfectamente era emborracharse y ser un cretino. También tenía maestría en el arte de escaparse. Primero nos dejó a nosotros, luego a su otra familia. No sé cuántos hijos tuvo aparte de nosotros, tampoco es que me importe. Vagamente recuerdo que cuando éramos niños coincidimos con mi padre en un viaje a Durango. El y su mujer se quedaban en la casa de la abuela paterna. Y nosotros en casa de un sobrino suyo, donde siempre éramos bien recibidos. Aquella ocasión mis hermanos y yo nos encontramos a mi tía María, acompañada de unos chamaquitos: “Saluden a sus hermanos”, nos dijo. No le hicimos caso. “Ellos no son mis hermanos”, protestó mi hermana Nadia desde su inocencia. Dimos la vuelta y nos marchamos de allí. Nunca más volvimos a verlos. Igual que a mi padre. Yo no sé qué fue de ellos y tampoco me interesa saberlo. Lo último que supe es que mi padre vivía con otra mujer, diferente a la anterior y a la que le antecedió. Y que seguía emborrachándose. Lo imagino bebiendo caguamas, invisible en un sillón de la sala, con los ojos enrojecidos y la camisa desabotonada. Lo imagino derrotado, con el corazón como piedra y el riñón maltrecho. Lo imagino con la sonrisa enviciada de nicotina, con sus 70 años putrefactos y una resaca constante. Mi padre sólo es una fotografía en blanco y negro, con su camisa de manga corta y una sonrisa a medias. Mi padre es una postal envejecida, en la que me habla de sus defectos. Mi padre es un alcohólico desahuciado, una resaca constante, un escalofrío intermitente, un tipo vulgar que decidió borrarnos de su memoria. En cambio, mi madre y mis hermanos son polos opuestos: gente maravillosa con el corazón hecho fuego; personas honestas, generosas y agradecidas con la vida. Ahora lo entiendo: mi padre fue un accidente fugaz en nuestra vida. Y nosotros salimos ilesos del percance, acaso con algunas secuelas mínimas y dos o tres malos recuerdos. Benditos sean los ángeles que encontramos en el camino. Bendita la vida que vivimos aparte, lejos de la resaca constante que era mi padre. Antonio es un tipo de esos que no recuerdas gratamente. Yo no sé cuántos llorarán en su tumba, ni quiénes lo echarán de menos, pero supongo que tampoco habrá multitudes. Por lo pronto, que no cuenten conmigo, para qué andamos con hipocresías. Mi padre era, como narra Dante Guerra, “hollín en el fogón,/ zarzal que hiere,/ dolor que permanece,/ tierra quemada,/ semilla que no germina”. Sí, en definitiva, mi padre es “corazón petrificado,/ punto en la nada,/ tolvanera constante,/ espina clavada,/ leña que no arde,/ humareda que ciega/ y una tristeza olvidada”.



Roberto G. Castañeda

Manual para Canallas
El Gráfico

viernes, 19 de junio de 2015

Objeciones de la memoria / A pesar del fraude Morena ganó

A pesar del fraude Morena ganó



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Morena fue el gran ganador de la pasada elección en todo el país y particularmente en la Ciudad de México.

Pese a que en toda la ciudad se presentaron irregularidades por parte del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y del gobierno del Distrito Federal (GDF) Morena tiene la mayoría en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) y el triunfo en las delegaciones Azcapotzalco, Cuauhtémoc, Tláhuac, Tlalpan y Xochimilco.

No obstante, el triunfo de Morena es mayor, ya que obtuvo también el triunfo en Coyoacán, Gustavo A. Madero, Magdalena Contreras, Iztacalco e Iztapalapa. Sin embargo, en estas demarcaciones el fraude es tal que es necesario limpiar la elección.

Las autoridades delegacionales ‘metieron mano’ en la elección y el propio Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF) ha avalado las irregularidades. El IEDF está copado por gente cercana a los dirigentes del PRD, en todos los niveles.

En Gustavo A. Madero, por ejemplo, el séptimo Consejo Distrital está encabezado por la pareja de uno de los principales operadores de Víctor Hugo Lobo. En Iztacalco, el IEDF está en manos del compadre de Elizabeth Mateos, delegada saliente quien mediante el fraude quiere imponer a su marido, Carlos Estrada, como jefe delegacional.

En el caso de Coyoacán, por otro lado, prácticamente toda la estructura delegacional se volcó a apoyar a los candidatos del PRD y el presupuesto público estuvo al servicio de los candidatos de ese partido.

Sin menoscabo de la violencia y las amenazas contra los miembros de Morena.

En Iztapalapa, el operativo de compra del voto fue monumental afuera y dentro de las casillas, además de la intimidación a los votantes.

Lo mismo ocurrió en Gustavo A. Madero y en prácticamente todas las delegaciones.

El gobierno del DF es el principal responsable de avalar las prácticas fraudulentas cometidas por el PRD.

El jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera conoció con anticipación que no había ‘piso parejo’, que estaban comprando votos, repartiendo despensas, tinacos, usando e inventando programas sociales sin reglas de operación y dando dinero para favorecer al PRD, y no hizo nada.

Las irregularidades se presentaron antes, durante y después de la elección. Morena presentó puntualmente denuncias e impugnaciones ante las autoridades correspondientes. Las autoridades no han hecho nada.

No puede haber confianza en autoridades que avalan el fraude, pero Morena tiene la obligación de defender los votos de la gente.

No se puede permitir un retroceso en las conquistas sociales y los derechos logrados en la Ciudad de México.



Martí Batres Guadarrama

Gran Angular / Cuentas alegres

Cuentas alegres


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ENRIQUE PEÑA NIETO atribuyó a las reformas y al entorno de confianza que a su juicio han generado, el que su gobierno, el PRI y aliados hayan obtenido “el respaldo mayoritario en la Cámara de Diputados”. Insistió: el electorado le dio la mayoría al PRI y a sus aliados porque confía y apoya el “proyecto transformador” del gobierno.

No ha habido discurso presidencial durante los últimos días que no incluya datos oficiales con los que sustenta que hay signos alentadores en la economía. Pero ésta, en los hechos, no crece al ritmo que el propio gobierno se planteó. Y no crece, aun con las reformas ya aprobadas. Quizás falte tiempo de maduración, es probable. Pero, por lo pronto, en lo que va del año, ya se ajustó a la baja, hasta en tres ocasiones, el estimado de crecimiento del PIB que hoy está muy por debajo de las previsiones originales.

Por otra parte, cierto es que las diputaciones del PRI, sumadas a las de su satélite, el Verde, y a las de la Nueva Alianza del magisterio, le dan la mayoría, 254 asientos, en la recientemente electa Legislatura 63 de la Cámara de Diputados. Pero cuidado, hay perspectivas numéricas y de representación opacadas por el triunfalismo (aunque se diga que no) con que Peña y su gobierno ‘machacan’ lo bien que dicen les fue en estas elecciones.

Veamos: el padrón electoral de estos comicios fue de poco más de 87 millones 200 mil ciudadanos. Si votaron casi 40 millones, eso quiere decir que 37 millones no votaron. Aún así, el porcentaje de participación es alto en comparación con las anteriores elecciones federales intermedias.

Si usted revisa las cifras, verá que del total de votos emitidos, 11 millones y medio fueron para el PRI, es decir, poco más de 29%. Pero si hace la compulsa con el total de ciudadanos del padrón (87.2 millones), que constituye el 100% de los mexicanos en edad de votar, los 11.6 millones del PRI equivalen a sólo 14%. Por eso, aunque no es una mentira, usar el término “respaldo mayoritario” suena a exageración.

Veámoslo así: el PRI, con 14% de los votos del padrón electoral obtuvo, gracias a sus alianzas, a los cambios hechos a la ley electoral y al control sobre los órganos electorales, una sobrerrepresentación de 52% en la Cámara de Diputados, lo que le permitirá una mayoría (mínima por cierto) para sacar el presupuesto base cero que se viene y todas las leyes que requiera Peña Nieto en la segunda parte de su sexenio, menos reformas constitucionales para las que necesitaría de otra u otras fuerzas políticas, a fin de completar la mayoría calificada requerida de dos tercios de los votos.

En pocas y claras palabras esto quiere decir que Peña Nieto y el PRI estarán gobernando al país con la sexta parte del voto ciudadano, sexta parte a la que ellos le llaman “respaldo mayoritario”. ¿Qué si es legal? Pues sí, pero no es legítimo.

De manera que si sofisma es una razón o argumento aparente con que se quiere defender o persuadir lo que es falso, Peña Nieto ha planteado un sofisma. Más claro: hace ‘cuentas alegres’.

2. ACUERDO. Ayer comieron en la Casa Lamm de la colonia Roma, el subsecretario de Gobernación, Roberto Campa y el gobernador de Morelos, Graco Ramírez. Éste ha mostrado reticencias para respaldar un programa federal contra la violencia a las mujeres. Parece que, al final de la comida, salieron con un buen acuerdo. Pronto se anunciará.

3. MORADIGNA. Refiere un lector que las cabezas visibles de este millonario fraude (denunciado aquí desde hace cinco años) han vuelto a las andadas. Otra vez piden cooperación para otorgar financiamiento para una casa. El lector pregunta que si es bueno volver a soltar dinero. Por supuesto que no. Llevan año sacándoselo a la gente sin darles nada a cambio. No lo haga. Es una súper ‘transa’ que sigue impune.




Raúl Rodríguez Cortés


Gran Angular
El Gráfico

Manual para Canallas / El destino es una maldita botarga

 
El destino es una maldita botarga
 





Tal parece que el destino es una sucia botarga, un antifaz del optimismo, un doctor Simi bailando frente a la farmacia. Sí, el destino es un simulacro: una danza frenética frente a tus ojos, en plena calle.

Nayeli hubiera querido terminar la prepa, pero la separación de sus padres no sólo la emparentó con la tristeza, sino que la obligó a trabajar para ayudar a su madre con la obligación de cuatro hijos. Ella es la mayor y apenas va a cumplir un año como cajera de supermercado. El sueldo no es malo, pero tampoco es que alcance para ayudar a su madre y seguir en la escuela. Mientras sus amigas reprueban materias tan simples como historia y apreciación del arte, Nayeli tiene que atender a cientos de amas de casa, señoras histéricas, esposos malhumorados y un sinfín de gente que sonríe mecánicamente. Ella que es tan delgadita, tan de ojos hermosos, tan frágil emocionalmente, parece destinada a esos trabajos malpagados: cajera, vendedora de celulares, recepcionista en un buffet de cuarta, secretaria de algún usurero o hasta ayudante de mago en fiestas infantiles. En sus días de descanso tiene que lavar su ropa, ayudarle a su madre con el quehacer, hacer el desayuno para sus hermanos y darle vueltas y vueltas a su desánimo, igual que si fuera un pollo en rosticería.



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Quizá por eso Nayeli siente que sus pensamientos le queman, la sacan de quicio y se enoja por nada con su madre. Ah, pobre Nayeli, tan princesa de su calle y tan esclava de sus obligaciones. Si su vida fuera una telenovela, seguramente tendría un pretendiente rico o sería la hija extraviada de un millonario, pero esas pendejadas sólo pasan en la tele, de tres a cuatro, de cinco a seis de la tarde. Así que con todo y sus ojazos o su cuerpo curvilíneo tiene que soportar que algún jefe libidinoso le eché los perros. Ojalá pudiera encontrar otro trabajo, aunque sea de cocinera en McDonalds o como edecán en Suburbia, pero al parecer todos esos puestos están ocupados por otros jóvenes igual de desesperados, mientras sueñan que su destino dará una vuelta de tuerca. Tal parece que los empleos más habituales parecen hechos a la medida de los pesimistas, por mucho que sonrías, por mucho que despiertes de buen ánimo. No queda más remedio que tomar vitaminas, jarabe para la tristeza y hacerle caso a la poesía de Luis Alberto Girardi: “Maquíllate las tristeza y esconde las ojeras,/ aunque la desgracia ronque a tu lado,/ pese a los torbellinos cotidianos./ No llores las ausencias ni te truenes los dedos,/ que allá afuera hay demasiado fuego cruzado/ y los débiles habrán de caer primero./ Oculta tus pesares, no parezcas vulnerable./ No, no te agazapes en las sombras,/ porque terminarás siendo estafado./ El mundo es demasiado cruel/ para los que amanecen desorientados/ todos los días o la mayor parte del año”.



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Chale, me cai que hay días en que el destino es una botarga, que baila frente a ti y te saluda con entusiasmo, mientras tú sólo quisieras quedarte en tu cuarto, encerrado en tus silencios, sin tener que lidiar con gente extraña o sin la obligación de sonreír aunque te duela una muela o sientas los cólicos menstruales. Nayeli ha tenido que madurar antes de tiempo. Su cuerpo joven es un homenaje a las tentaciones. Lo sabe porque en cada fiesta, en el Metro, en el trabajo, en la colonia, en el microbús, le dicen obscenidades o le miran el trasero o la cintura breve y también ese busto que a ella le parece un tanto exagerado. Esta chica no es feliz y no aspira a serlo. Nunca ha sabido lo que es vivir sin sobresaltos. Desde que era niña su padre saltaba de un trabajo a otro, casi siempre sin prestaciones, así que nunca tuvieron un lugar fijo para vivir. Un tiempo vivieron en casa de una tía, luego en vecindades cada vez más feas, hasta que no tuvieron más remedio que arrimarse con los abuelos. Un buen día su padre se largó a cruzar la frontera, dizque para juntar un dinero con la promesa de regresar por todos ellos. Su madre dice que en realidad no aguantó la presión y prefirió escaparse. Todo apunta para ese lado, pues desde que se largó no las ha contactado y además su mamá ya anda saliendo con un policía bancario que es divorciado. Nayeli también quisiera escaparse pero le preocupa dejar a sus hermanos, sobre todo al más pequeño, con alguien tan inmadura como su madre. Hasta sus sueños son en blanco y negro, igual que el cine mudo. Aunque, claro, el destino no es un mimo delicado, sino un ridículo disfraz de Barney en una fiesta de cumpleaños. Sí, el destino es una botarga percudida, un antifaz del optimismo, un doctor Simi bailando frente a la farmacia. El destino es un simulacro: una danza frenética ante a la tristeza de tus miradas.




Roberto G. Castañeda

Manual para Canallas
El Gráfico

jueves, 11 de junio de 2015

Manual para Canallas / Mi destino como ropavejero

Mi destino como ropavejero







Cuando era un niño, a mí siempre me andaban regalando, como si fuera el cachorrito despeinado de la camada, como si faltaran croquetas en la casa

Al menos así me sentía entonces, como un cachorrito con el ojo desviado, en mis días de la infancia. Mi madre era la típica mujer que se desesperaba con mis berrinches, con mis escenas de llanto. Y constantemente me aplicaba esa frase de “te calmas o te regalo con esa señora”. Yo sólo paraba de chillar unos segundos y volteaba a ver a la susodicha, que por lo general era una mujer con mandil y cara de busco esclavos-para-encerrarlos-en-el-sótano. Para acabarla de chingar, la ñora se hacía la interesada y respaldaba a mi jefa con aquello de “sí, regálemelo, ya verá que yo le quito lo chillón”. Y entonces sólo tenías dos salidas: te callabas o jalabas a mamá lo más lejos posible. Cuando eres niño el miedo te persigue todo el tiempo, igual que las ganas de ser Maradona o Messi. Cuando éramos niños le temíamos a los perros del vecino, a que se volara la pelota a casa de doña Carlota, a que llegara el ‘coco’ si no te dormías, a los vagabundos, a los mariguanos, a la policía y, sobre todo, a perderte en el supermercado. Otra que me aplicaba mi jefa cuando se enojaba conmigo, en el tianguis o en la calle, era cuando me amenazaba con el típico “pórtate bien o le digo al policía que te lleve” y se encaminaba hacia el uniformado: “oiga oficial”, hacía una pausa y me volteaba a ver. Yo le rogaba con los ojos que no me mandara a la cárcel. Y ella le preguntaba algo como “¿sabe dónde está la avenida López Mateos”. Yo guardaba silencio mientras agradecía a Dios por haberme salvado de una tragedia. Y entonces ya no pedía nada: ni el juguete que me había gustado, ni el helado que me invitaba mi madre. “Ya ves, que bonito es que seas educado”, sonreía mamá convencida de sus tácticas para aplacarme. Y regresábamos a casa, mi madre muy tranquila y yo en absoluto silencio. Siempre me andaban regalando en la calle y por fortuna nunca se concretaba el trueque. Porque con todo y que mi madre era medio extraña, no podría estar lejos de ella. A veces no soportaba a mis hermanos, ni ellos a mí, pero en caso de que alguien me adoptara seguro que nos echaríamos de menos.



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Todavía recuerdo el día que me raptaron. Yo tendría unos 12 años y a esa edad aún estás muy pendejo. Mi madre tenía una amiga a la que le dio refugio temporal en casa, porque estaba recién divorciada y no sabía a dónde ir. Como si mi casa fuera albergue, todo el tiempo. Nunca faltaba una prima llegada del pueblo o un hermano que se peleó con la abuela y aquel sobrino que venía a estudiar a la capital. Siempre había refugiados en la casa, aunque nos faltaran recámaras o dinero para cerrar la quincena. El chiste es que una amiga de mi madre un día me agarró “prestado” y me llevó a buscar a su ex marido a la fábrica en la que trabajaba, con la idea de que mientras hablaban yo entretuviera a su pequeña hija. Llegamos y el susodicho ya había salido, así que nos largamos a ver si estaba en casa de la suegra. Allí estaba. No sé qué diablos hablaron, pero llegaron a un acuerdo con tal de que él le diera dinero “para la leche de la niña”. Esa noche, con el argumento de que ya era muy tarde, nos quedamos en un hotel de paso. Al menos tuvieron la ocurrencia de rentar dos habitaciones. Una para ellos y otra para los niños. Yo imaginaba los motivos, pero como me educaron para obedecer a los adultos mejor ni protesté nada. Al otro día, regresamos a mi casa como a mediodía. La señora iba muy contenta. Yo estaba tranquilo. Pero cuando llegué a mi casa encontré un desastre. Mi madre me abrazó como si temiera haberme perdido para siempre. Ese mismo día corrió a su amiga de la casa, con “toda la pena del mundo”. Ella lloró arrepentida. Mi madre estuvo a punto de flaquear, pero se mantuvo firme. Más tarde, mi jefa me interrogó con las preguntas lógicas: ¿Estás bien?, ¿te hicieron algo?, ¿dónde estuvieron?, ¿por qué no me avisaste? ¡Carajo, si ni siquiera teníamos teléfono! Luego me recetó unas nalgadas, como si yo tuviera la culpa de irme con extraños. Más bien ella se sentía culpable. Además, siempre andaba queriendo regalarme. Pero en ese momento entendía que, con todos sus defectos, mi madre se moría por nosotros. Y no podría vivir tranquila el resto de su vida si algo llegaba a pasarnos.



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A mí siempre me andaban regalando, con la vecina del fondo, con la señora que vendía pozole, con cualquier policía de la calle, con el señor de los taxis. “Si no te portas bien, te vendo con el ropavejero” o te vas en la camioneta que compra “colchones, tambores, refrigeradores, estufas, lavadoras, microondas o algo de fierro viejo que venda”. Así que mejor me convenía portarme bien, dejar los berrinches o hacerle caso a mi madre, porque yo no me imaginaba lejos de casa o pelando papas en una cocina llena de niños malcriados. No, yo no quería que mi destino fuera como ropavejero. Cuando eres niño le temes a tantas cosas, que te abrazas a tu madre siempre que algún extraño levanta la mano para pedir “a mí regálemelo, porque necesito alguien que me ayude”. Cuando eres niño, como describe Dante Guerra:
“Le temas a los truenos y a los días de lluvia como si tu arca de Noé tuviera agujeros de naufragio.
Cuando eres un niño hasta tu sombra te causa sobresaltos si te agarra un poco desprevenido.
Y temes a las ventanas que mueve el viento mientras escuchas historias de brujas como bolas de fuego que saltan a lo lejos.
Cuando eres un chamaco las noches muy oscuras convocan demasiados monstruos que se agazapan bajo tu cama.
Y sólo los abrazos de tu madre te pondrán a salvo mientras llega el sol de mañana”.



Roberto G. Castañeda

Manual para Canallas
El Gráfico

miércoles, 10 de junio de 2015

Manual para Canallas / El número que usted marcó, ya no existe

El número que usted marcó, ya no existe






Gente chateando sobre los temas virales, mientras la vida pasa rauda sobre una bicicleta. Gente que llega a casa y no tiene con quien hablar. Mujeres abandonadas que buscan esperanza en el chat. Hombres silenciosos que no saben conquistar miradas.


Adolescentes frágiles de corazón y espíritu. Lobos disfrazados de corderos en WhatsApp, depredadores que merodean el Facebook. Gente pegada al teléfono sin nadie a quien llamar. Gente retratando un incendio. Gente posteando su soledad. Gente, personas, conocidos, que juegan Candy Crush en horas de oficina. Gente que perdió la capacidad de mirarte a los ojos y sonreír sólo porque es un día soleado o la lluvia los ha juntado bajo un portal. Gente extraña, alienada, buscando señales en una pantalla de celular. Y llegas a casa y no hay un perro que mueva la cola, ni una mirada que te invite a pasar. Te quitas los zapatos, te pones las chanclas, mientras los silencios saben a esa misma humedad que se pega en el alma como algo difícil de erradicar. Enciendes la tele y las noticias están peor que ayer: dos muertos allá, otros por acá, demasiados caídos en esta tierra que arde y se pudre cada día más. Una alerta en tu celular te indica que tu Facebook tiene un like. Buscas en el chat y el mensaje que esperas no llegará.


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El número que usted invocó, no quiere saber nada. El número que usted pensó, ya ni piensa en usted. El número que usted dudó, ya está en brazos de otro. El número que usted quiere marcar, la engañó con otra. El número que usted marcó ya se hartó de sus pendejadas. Exacto, no tienes a quien llamar. Pasan las horas en soledad y no tienes a quien llamar. Se escurren los días, se van las horas como escarabajos tristes, y no tienes con quien hablar. Todo parece tan pinche triste, tan sin remedio, que te da escalofrío tan sólo de pensar que será otra noche en silencio mirando el techo antes de comenzar a bostezar. Otra noche como las demás. Otra madrugada con sueños en technicolor mientras la lluvia anuncia una nueva temporada de tormentas. Otra noche que se fue sin nadie a quien llamar. El número que usted pensó, ya ni piensa en usted. Tanto tiempo pegado al teléfono, jugando Candy Crush o cualquier tontería que te haga evadirte de las rutinas. Tantos ringtones, demasiadas canciones en la memoria, y nadie a quien llamarle cuando estás a punto de naufragar. El tiempo se agota, pasa raudo y silencioso cual ave fugaz. Y tú no tienes a quien llamar. El número que usted marcó ya se hartó de sus pendejadas. El número que usted marcó ya es feliz con otro. Maldito celular de moda, triste agenda sin compromisos, pinche WhatsApp sin “te necesito” o un “te echo de menos”. Maldito celular carísimo que no te puede contactar con alguien que sepa escuchar. Saludos habituales en el trabajo, sonrisas falsas en el café de la esquina, amabilidad fingida en el Suburbano, amistades de media tarde que luego te habrán olvidado. Y cómo carajos sucedió que te quedaste tan a solas, con tantos amigos en el Facebook, con tantos contactos en el chat, con tantos putos likes en tu foto nueva, con tantas ganas de hablar con alguien de las cosas más simples, de lo grande que está la luna, de lo triste que es calentar la cena en el microondas, de la última película que te hizo llorar, de lo culero que es tu jefe, de lo mierda que son los partidos políticos, de tantas y tantas cosas que te merodean las dos o tres neuronas sanas que aún te quedan.


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El número que usted marcó, ya está en brazos de otra. Será mejor encerrarse esta temporada de lluvias y el próximo otoño a cultivar cactus miniatura frente a la ventana y mirar las lluvias limpiando el polvo, borrando las huellas de nuestros fracasos. Será mejor romper la dieta, hacerte la loca, hacerte el tonto, ponerse al corriente con la tarjeta de crédito. Será mejor pagar a tiempo las mensualidades de tus compras a plazos, porque eso resulta igual que el odio: siempre genera intereses y recargos. Será mejor no llamar a ese número que ya no quiere saber nada de ti. El número que usted marcó, está harto de que sólo le llame cuando está borracho. El número que usted marcó, no conoce a César Vallejo: “Se habrá hecho de noche en tus miradas;/ y sufrirás, y tomarás entonces/ penitentes blancuras laceradas./ ¡Ausente! Y en tus propios sufrimientos/ ha de cruzar entre un llorar de bronces/ una jauría de remordimientos!”. No, el número que usted marcó no quiere saber de poesías ni de la tristeza que artesanalmente usted va tejiendo. Así que mejor dedíquese a memorizar los consejos de Dante Guerra: “Muérdete los labios o cósete la boca/ con aguja e hilo cáñamo,/ pero no aúlles esta triste noche,/ no vociferes tus miedos, soledades./ No te mires al espejo, no asomes la cara,/ no provoques lástimas/ con tu baja autoestima./ Cósete la boca con hilo cáñamo,/ pero no le llames de madrugada/ sólo para declararte derrotado,/ porque ya estás vencido de antemano./ Cósete la boca o muérdete los labios,/ pero no le llames a deshoras,/ para repetirle cuanto le has extrañado./ Que lo sepa Jack Daniels o el Captain Morgan,/ pero no sigas lanzando/ botellas al mar de los solitarios”.




Roberto G. Castañeda

Manual para Canallas
El Gráfico

viernes, 5 de junio de 2015

Objeciones de la memoria / Voto nulo ayuda a voto comprado

Voto nulo ayuda a voto comprado


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En política, a veces los extremos se juntan y este fenómeno se muestra de forma clara en el presente proceso electoral en el que los operadores políticos de los partidos, encargados de las redes clientelares y la compra del voto, trabajan en sincronía con quienes desde distintos espacios en los medios de comunicación llaman a la gente a anular su voto.

El oscuro dirigente político encargado del reparto de dinero o despensas camina de la mano con un sector de la élite intelectual y trabajan para el mismo objetivo, que es disminuir, minimizar y anular el poder que la gente puede ejercer a través del voto.

Unos comercian con la pobreza y otros con la indignación justificada de la gente. Ambos ofrecen respuestas falsas. Quien compra el voto sacia la necesidad económica por un día, a veces sólo por unas horas, a cambio de años de miseria. Quien promueve el anulismo ofrece una venganza que dura tanto como el tiempo que se tarde una persona en depositar sus votos en blanco a cambio de fortalecer a la élite política que dice querer derrumbar.

Quienes promueven el voto nulo no dicen que, aunque la participación de la gente fuera del 1%, eso no impediría que hubiera diputados locales, federales, presidentes municipales, delegados o gobernadores. Con alta o con baja votación el resultado sería efectivo. La diferencia es que con el voto nulo, quienes terminarían decidiendo son esos oscuros personajes que reparten despensas o monederos electrónicos, que llevarían a las urnas a los votantes.

Una votación con pocos electores es el mejor escenario para los partidos tradicionales, ya que sólo con movilizar a sus clientelas estarían obteniendo el triunfo.

La situación es grave puesto que lo que estarían aprobando los legisladores que resulten triunfantes el domingo serían temas tan importantes como la privatización del agua, un nuevo incremento de impuestos, el IVA a medicinas y alimentos, así como una baja en el gasto social con el pretexto de la baja de los precios del petróleo.

Los anulistas le estarían abriendo el paso a que, de manera cómoda, sin la participación de la gente más informada y más crítica, los partidos y sus clientelas tengan carta abierta para hacer con el país lo que quieran.

Es innegable la insatisfacción y la inconformidad de la gente con la clase política, pero hacerse a un lado no soluciona nada, al contrario. El voto nulo no ha logrado nada. En cambio, con el voto consciente logramos el mejor gobierno que ha tenido la Ciudad de México y el país.

En el fondo, vender o anular el voto es dar impunidad a la clase política y dar ‘luz verde’ a temas tan trascendentes como la privatización del agua. Si no estamos conformes con el país que hoy tenemos, entonces hay que votar.




Martí Batres Guadarrama


Objeciones de la Memoria

jueves, 4 de junio de 2015

Democracia, partidos, voto nulo y otras fábulas

Democracia, partidos, voto nulo y otras fábulas



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Nuevamente como en cada procesos electoral surgen las voces que invitan a anular el voto y se crea cierta polémica, la gente algunos de manera seria pero la mayoría solo por no tener más que hacer hacen eco de la propuesta.

Democracia.
En teoría es la organización del pueblo para dirigir por medio de representantes electos el destino de la nación, es la voluntad de las mayorías que mediante el sufragio determina quien le representará en las instancias correspondientes.
Pero no debiera terminar ahí la participación del ciudadano, es también una responsabilidad vigilar que las personas elegidas cumplan con los compromisos, con la voluntad de quienes votaron por él y le eligieron su representante, es exigir el cumplimiento de la voluntad del pueblo es, en su caso poder revocar la confianza depositada en el representante por medio del sufragio.

Partidos Políticos.

Los partidos políticos en México verdaderamente han decepcionado a amplios sectores de la población, ya la gente no se traga el viejo cuento priista de que “los hombres fallan, no las instituciones” yo creo como algunos más que cuando varios hombres de una misma institución fallan es porque la institución está descompuesta.


El PRI no ha cambiado del viejo PRI anterior al 2000, quizá en algunos casos y en algunos lugares ha maquillado el rostro pero sigue siendo el mismo partido de siempre con las tácticas que dominan, con los acuerdos con medios de comunicación, acarreos, intimidación, guerras sucias (apoyados por los medios) antes eran los lideres “charros” y corruptos, hoy los tecnócratas neoliberales también corruptos, antes tenían la complicidad de los medios de comunicación hoy también, antes había gente que comprometía su voto por cacahuates, hoy también.


El PAN se convirtió en la decepción de aquellos que creyeron en un cambio y después de 12 años en el poder demostró ser una de las caras del mismo sistema, el PAN llegó al poder por un lado por el hartazgo del pueblo y la creencia de muchos que, aunque no panistas, se fueron con la idea del “voto útil”, por el otro lado gracias a la publicidad, al capital, a los medios de comunicación y al aparato que realmente controla los destinos de este país y a que llegó un momento en que la clase en el poder decidió provocar un poco de “calambres” al PRI, ahora el PAN dice en su publicidad que el PRI está mal (¡que noticia!) que ellos harán que el trabajador tenga mejores ingresos, que ellos si mejorarán la seguridad en el país y que ellos si saben cómo… quizá alguien les crea pero sus doce años en el poder fueron de pérdida del poder adquisitivo, de deterioro de la calidad de vida de los mexicanos y de una “guerra” de Calderón que nos arrojó a la inseguridad que padecemos.


El PRD a partir de que la corriente de “los chuchos” de adueñó del control del partido se fue desdibujando para convertirse en la caricatura de partido de izquierda que ahora es, el entreguismo de sus dirigentes pactistas, los errores en la designación de candidatos, su alejamiento de las bases, la copia de los vicios del PRI que se criticaban y el revanchismo, la envidia y los intereses lo convirtieron de partido contestatario a leal opositor del señor de Los Pinos.


Anular el voto.

¿Cuál es el sentido de esta propuesta? Anular por anular creo ya que nuestra legislación no contempla nada al respecto, los promotores de esta propuesta argumentan entre otras cosas que “para no pagar tanto” a legisladores y gobernantes... señores con voto nulo o sin voto nulo México, en la letra, tiene un poder ejecutivo y un legislativo a nivel Federal y Local por el voto nulo no disminuirán los 500 diputados federales ni habrá menos de 31 gobernadores ni se recortaran sus ingresos, a la gente en el poder no le interesa si ganaron con millones o unidades de votos, nuestra legislación les avala que simplemente ganaron, para que una muestra de descontento y anulación de voto tenga efecto se requiere que nuestras leyes avalen la figura del voto blanco o voto nulo como le queramos llamar.
Ya con una existencia legalmente reconocida restaría reglamentarlo, ¿que ganará o perderá tal o cual candidato o partido de acuerdo al porcentaje alcanzado?, veamos, por ejemplo si la mayoría de ciudadanos prefirió la opción de votar blanco o anular su voto y si su porcentaje fuera mayor al de los partidos registrados, ese resultado querría decir que la mayoría de votantes no confía en los partidos y sus candidatos y siendo la mayoría quién se expresara así, la elección deberá declararse nula y repetirse, los partidos deberán postular nuevos candidatos para un nuevo proceso en 60 o 90 días pero ya sin recursos para nuevas campañas, esto obligaría a los partidos a elegir a sus mejores políticos para los cargos de elección popular y no verse en la necesidad de repetir sus procesos internos ni los procesos electorales en si.
Si la votación da la mayoría a algún candidato, a algún partido político, igual hacer efectiva la fuerza del voto nulo, por ejemplo restando el porcentaje logrado por el voto blanco a las prerrogativas de ley que otorga el gobierno a través del órgano electoral correspondiente, los partidos al verse afectados en los recursos económicos(que es donde les duele) se verían obligados a cuidarse bien de quienes lo integran, de quienes los representan y quiénes serán sus candidatos.



Demian A. del Rio Z.

martes, 2 de junio de 2015

Elecciones 2015

Elecciones 2015



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Antes de entrar a la adolescencia leí “La noche de Tlatelolco” de Elena Poniatowska, me llamó la atención lo que ahí se relataba y mi curiosidad me provocó buscar más información y leí otros libros del tema como T68 de Juan Miguel de Mora y por supuesto también los que justificaban e incluso glorificaban al gobierno por la represión como Tlatelolco, Historia de una infamia de Roberto Blanco Moheno o El Móndrigo.

Poco después vi la campaña para las elecciones y a un pueblo que seguía votando por el PRI a pesar de todo, ya adolescente vi la campaña que llevó al poder a José López Portillo y dos cosas me indicaron cual sería mi preferencia política, por un lado me tocó ver a una candidata del PRI que recorría algunas calles de la colonia en que vivía y desde el vehículo en que hacían el recorrido arrojando algunos paquetes de frijoles, arroz y azúcar a la gente que corría tras el vehículo y peleaba por lo que les arrojaban, el PRI como siempre buscaba el triunfo a como diera lugar y aun cuando no había oponente ya que PAN no postulo candidato y PPS y PARM postulaban también a López Portillo pude observar que llevaban a la gente a votar en grupos, que había en las casillas personas que “orientaban” a la gente en cómo votar, que los “coordinadores” organizaban desayunos después del voto de sus grupos, regalos de juguetes, despensas y lo que siempre ha acostumbrado el PRI, fue ahí que decidí jamás votar por ese partido y convencer a mis familiares, amigos y vecinos de no hacerlo, hasta hoy he cumplido.

Cuando llegué a la edad de hacerlo decidí buscar cual era la opción política para participar y me encontré con el problema de si PSUM o PMT, por fortuna no tuve que batallar mucho ya que se formó a partir de ambas fuerzas el PMS así que fui a las antiguas oficinas de Gabino Barreda y me afilié y pregunté a donde me integraba para participar, me enviaron con un coordinador en mi rumbo que militaba desde la época del PCM, al principio fue interesante ya que los relatos del pasado y la teoría de izquierda que manejaban era de sumo interés pero poco después comenzaba a ser tedioso reunirse, hablar por horas y no llevar nada a la acción, pero aquellos camaradas creían que antes de salir con la gente había que “politizarnos” sin duda eran bien intencionados pero bastante cerrados en sus ideas y métodos, incluso recuerdo que en la reunión en la que el Ing. Heberto Castillo anunciaría que declinaba en favor de Cuauhtémoc Cárdenas, me costó trabajo resistir la carcajada cuando un “cardenista” le pregunta a mi compañero si no pensaba pararse a saludar al Ingeniero y el, muy serio, le respondió “como me voy a parar a hacerle caravanas, él es quien viene a mi casa”.

Luego del fraude de 1988 Cárdenas llamó a la formación de un nuevo partido y nace el PRD, en esa época aún era hasta ”romántico” ser de la oposición de izquierda, muchas veces había que poner de la bolsa para mandar a hacer unos simples volantes denunciando tal o cual hecho, para comprar un poco de pintura o simplemente para trasladarse a algún evento o para apoyar a algún compañero que deseaba participar pero carecía de los recursos para asistir, en esa época el trabajo era totalmente voluntario y por supuesto no se recibía ningún tipo de apoyo, luego se comenzó a dar “apoyo” a quienes representaban al partido ante las autoridades electorales y comenzó la rebatinga, ahora todos querían algún puesto en el partido y lógico el cargo disputado era el de representante ante los órganos electorales, en esa época también se comenzaron a adueñar del partido las “tribus” y empezó el principio del fin, para las elecciones de 1994 de repente aparecieron personas que nunca habían participado, o que tenía años que no acudían e incluso personas que ni de la zona eran pero sus dirigentes les habían enviado con la consigna de “pescar” algo en los procesos internos, de repente me quedé ante la alternativa de unirme con los “históricos” (PCM) los “chambeadores” (organizaciones sociales) o los oportunistas, para esas elecciones viendo que se “repartirían” las candidaturas propusimos y logramos que estas fueran resultado de una elección interna y que los militantes propusieran candidatos y con base en el resultado de la posterior votación se asignaran las candidaturas, para mi sorpresa fui uno de los propuestos y recibí el mayor número de votos por lo que quedé como candidato a Diputado Federal, la dirección estatal del partido citó a algunos de nosotros y nos dijeron que para evitar problemas e impugnaciones creáramos candidaturas en donde se vieran representadas todas las “corrientes” del partido, que la candidatura a la diputación federal se me asignaba a mí por la cantidad de votos recibidos y por no ser parte de ninguna “corriente”, mi suplente era de organizaciones sociales, el candidato local de los recién “enviados” por la dirigencia y su suplente de los “históricos”, se propuso en reunión de lo que hasta entonces funcionaba como comité distrital no aceptar candidaturas ordenadas por la dirigencia estatal pero al no encontrar eco en esa propuesta y pensando en cómo dejarle el control a los “enviados” decidimos la mayoría, por consenso, participar.

No se daban los recursos en el tamaño que ahora se entregan, yo recuerdo que me dieron algo así como 18,000 pesos para gastos de campaña así que como acostumbrábamos había que “poner” de la bolsa, pero el daño estaba hecho, todo esto provocó más divisiones entre nosotros, ya no se respiraba aquel ambiente de camaradas de antes, ya los pleitos por los cargos que recibían algún apoyo económico eran más fuertes y salieron pretensos “dirigentes” hasta de debajo de las piedras.

Las organizaciones sociales, las “tribus”, se adueñaron del partido y muchos de ellos recurrieron a lo que antaño criticábamos del PRI, en las marchas del partido pude observar a dirigentes con el “pase” de lista, conocí a una dirigente de solicitantes de vivienda que tenía un padrón de más de trecientas familias en un predio en el que acaso cupieran 30 o 40 pero los trecientos daban cuota “voluntaria” y pagaban gastos de proyecto, maquetas, estudios topográficos etc., todo eso me indicó que era el momento de irme con la frustración de observar en lo que se convertía el partido y renuncié al PRD.

Pero la gente aún me identificaba como perredista en mi rumbo e incluso en 1997 que Cárdenas gano el gobierno del D.F. varios me felicitaron, para el 2000 me encontraba personas que me decían que votarían por el PRD, yo veía la descomposición del partido pero seguía siendo la opción “menos peor” y así se lo comentaba a quienes me preguntaban, con la candidatura de López Obrador recobre algo de la confianza perdida, yo fui como mucha gente a esperarlo a su entrada a la Ciudad en aquella caminata desde Tabasco como protesta por el fraude en aquella entidad y fuimos al Zócalo y puedo equivocarme pero vi el rostro de una persona honesta y luchadora, en las elecciones de 2006 nuevamente fraude, yo seguí la trasmisión de resultados por internet y me descontroló el brusco “cambio” en la madrugada, en 2012 nuevamente los medios como en las viejas épocas apoyando con todo al candidato del PRI, un pueblo mayoritariamente manipulado por la televisión, una dirección del PRD que ya manifestaba el viraje que darían más descaradamente poco más tarde, una población decepcionada por el “cambio” del 2000 y pensando que antes estaban menos peor.

El PRD se ha convertido en lo mismo que antaño se criticaba, actualmente solo es la muy leal oposición de su majestad, el PAN decepcionó a muchos, el PRI vuelve a ser predominante gracias a sus métodos de siempre, a la descomposición del PRD, a los intereses del grupo de poderosos que manipulan este país y que esperan el PRI aprendiera la lección que ellos mismos le propinaron en la docena tragicómica iniciada en el 2000, el PRI confía en engañar a los jóvenes de ahora y a la memoria deficiente de muchos mexicanos.

¿Que hacer? me preguntan familiares, amigos y algunos vecinos que me conocen de aquellas épocas, yo les digo que aun cuando he perdido la confianza en los partidos políticos le concedo el beneficio de la duda a MORENA y mantengo la confianza en la figura de Andrés Manuel López Obrador, así que el próximo 7 de junio votaremos por los candidatos de MORENA.